sueño

El beso de buenas noches

Al sr. Oh! se le conoce por el morro que gasta.

Ya sabe que el sr. Oh es de manías. Primero para dormir me necesitaba a mi, toda la noche. Luego el sr. Moderno hizo el trasvase de deber y fue él, el único capaz de acompañar al sr. Oh.

Desde que nació el sr. Natural, el sr. Oh no me quería ver por las noches ni en pintura.

Pero a medida que el sr. Natural ha dejado de ser un bebé ficus, el sr. Oh está más contento y ahora deja que le dé un beso de buenas noches. Al punto que una de las noches en las que estaba acostando al sr. Natural, el sr. Oh pidió el beso para dormir.

Emocionada, fui dando saltitos por el pasillo para darle el beso, me puse a su lado “muaaaaa” y cuando estoy a punto de darle palique para que me cuente lo bien que va a dormir y lo bonito que es su pijama, me dice:

“Ya está, vete”

Lo sé, puro amor.

Y vosotras ¿tenéis descendencias tan encantadoras?

La sra. Angus hace yoga

Tras estos meses vivir con la sra. Angustias ha cambiado mucho, entró con toda la fuerza de un huracán, mantuvo una perseverancia digna de una emprendedora de éxito, cuando parecía que empezábamos a conocernos cambió de estrategia. Lo hizo todo para mantener viva la llama de la pasión, pero al final, gracias a Io el Ciego, se relajó.

Quizás se cansó de mantener siempre la postura, de sentarse con la espalda recta, de ir siempre peinada y maquillada, quizás se aburrió de su pose y de sus trajes de tweed con largos collares tintineantes.

Angustia de separación © Hipsterbebe 2015

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La sra. Angus y las rutinas

El mundo pediátrico es muy divertido. Hilarante.

Cuando la ignorancia y la desesperanción me vencieron, coincidió con una revisión del sr. Oh, de esas que primero te ves con la enfermera y luego con la pediatra.

En esa época nuestro pediatra no tenía una enfermera fija y, por lo tanto, cada una seguía un protocolo diferente. En esta revisión la enfermera se sentó y me comenzó a preguntar algo más allá que el color de la caca y la frecuencia del pis. Ante ese momento de íntima ternura le comenté lo imposible que era que el sr. Oh durmiera conmigo, ni la siesta ni la noche ni nada de nada, que siempre estaba alerta, nervioso y tenso.

Angustia de separación © Hipsterbebe 2015

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Tengo superpoderes, soy invisible

Prepárate buena mujer para adquirir un poder extra: la invisibilidad.

Tal cual, pero con zapatillas deportivas.

Tal cual, pero con zapatillas deportivas.

No será inmediato, es un poder que te va consumiendo a medida que avanzan las semanas y los meses.

Al principio, te preguntará que qué tal el postparto y esas cosas. Pero con el paso del tiempo, tú, comenzarás a importarle un mojón hasta a tu madre.

Así de claro.

Disculpad mi tono, pero el sr. Oh me hace perder el buen humor. ¿Por qué? ¡Hay amigüitas! Porque es más bonito y risueño que el niño de la caja de pañales, pero por la noche le posee un fiestero de 20 años puesto de todo en la Ruta del Bacalao.

Aclaremos: Dormir, duerme. Su problema es que no se deja llevar por el sueño. Hasta que conseguimos que se deje llevar en brazos de Morfeo, me arranca la piel de los míos. Pero tiene sueño, mucho, de ese sueño que le hace rascarse los ojos hasta borrárselos, pueden pasar hasta 2 horas y media de llanto desgarrador.

Y digo hasta porque ahí está su récord: en 150 minutos de pura agonía.

Los vecinos ya nos han preguntado cuándo les invitamos a la parrillada, porque matamos un cerdo cada noche.

A todo esto, yo acumulo nervios y pierdo horas de descanso a la par que el sr. Moderno aumenta frustración, más que nada porque, cuando está el sr. Moderno, e intenta relevarme, el sr. Oh aumenta en decibelios sónicos su griterío.

¿Y qué consigo a cambio, de esta humanidad poco compasiva? Pues que a la mañana siguiente, con mis ojos de mapache insomne, ciertas señoras, comenten que “¡qué carita de sueño tiene el sr. Oh! Pobrecito…”.

Vamos a ver, que si él no duerme, no duerme nadie. Pero como el superpoder de la invisibilidad ha tomado mis carnes, pues nadie comenta el sueño que debemos pasar nosotros.

Incluso la sra. Del Pueblo ha llegado a mentar “¡Qué bien! que te hayas quedado tan delgatida después del parto”, a lo que yo le he contesté con toda mi bilis disponible “Es que no descansar, adelgaza mucho”. Pero el comentario le resbala, porque lo que tienen las señoras de más de 60 es el superpoder de la impermeabilidad: las respuestas les resbalan.

Como todo tiene su parte positiva, si salgo a la calle sin peinar y con cara de cuadro del Greco, pues nadie lo vé. Y todos tan felices.

Aquí el sr. Greco reflejando lo que es dar la teta.

Aquí El sr. Greco reflejando lo que es dar la teta.

Y vosotras ¿sois invisibles?

La hora loca

He reescrito esta entrada cerca de 200 veces, hasta darme cuenta de que, da igual como lo haga, no la estoy escribiendo para mi, lo hago para esa sra. Random que un día puede que llegue a este post buscando una solución a su tormento.

Dormir es un verbo que no he usado nunca tanto como en los últimos 8 meses.

El sr. Oh siempre ha sido difícil para dejarse dormir.

Recién nacido pasamos unos primeros días de lo que el sr. Moderno llamó La Hora Loca.

Se trata de 60 minutos de llanto alocado, incontrolable e inconsolable, que, aparentemente, no tiene motivo ni razón. Se da en los primerísimos días de vida, así que no son cólicos, ni gases, ni ninguna de esas razones que nos va a dar la vecina o tu sra. Madre.

Una alegría, oiga.

Por lo que él leyó, los primeros días de vida el cerebro es capaz de almacenar una cantidad de estímulos determinada y, cuando se llena, en términos de almacenamiento digital, digamos que necesita resetear para empezar de nuevo.

Este reseteo se puede dar de 2 formas:

a) Duermo y me olvidas, que tengo muchas cosas que hacer.
b) Me pongo a llorar durante los 60 minutos que dura el reseteo, pero no un llanto suave y soportable, si no uno que haga a tus vecinos buscar el número de asuntos sociales.

Evidentemente, a nosotros nos tocó la opción b. La opción a solo pasa en las películas o a los demás.

Además, ese reseteo puede darse a cualquier hora, pero siempre será, aproximadamente en la misma franja. Así que, si tu descendiente tiene La Hora Loca a las 19h, pues entre las 18h y las 20h, sabes que va a caer.

El sr. Oh, en un intento de que no echáramos de menos las noches de jarana de nuestros días de soltería familiar, programó su hora loca a las 00h. Exacto. De 00h a 01h, teníamos festival.

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Una de las pocas cosas que se puede hacer durante La Hora Loca es cambiar de temperatura a la criatura. Así que el sr. Moderno se pegaba paseos balcón arriba, balcón abajo, despertando a medio barrio e infartando al otro medio, hasta que se calmaba un poco, volvía a entrar en la habitación y a los minutos, volvía a subir decibelios.

No tiene remedio y es algo que dura pocos días, entre 5 y 10. Paciencia, cambios de temperatura y muchos brazos.

Nacemos y al segundo nos golpea un torbellino de sensaciones. Hay mil cosas nuevas que atacan nuestro cerebro en formación. Si nos pasara de adultos necesitaríamos mucho más tiempo para organizar tantas sensaciones nuevas. Demos gracias al Multiverso que son solo 60 minutos para ellos.

Y vosotras ¿tenéis La Hora Loca?

Edito: Otra de las técnicas que se pueden aplicar para tratar de ayudar en esa descarga de estímulos es la del tamal. Seguro que se puede encontrar bajo otro nombre. La imagen pertenece a su autor/a. Más ejemplos en el enlace.

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C=SN^2

Después de 3 meses, nuestro equipo de I+D, idealización y descendencia, ha encontrado la fórmula que os dará el resultado numérico de las ganas de fiesta que tienen vuestros descendientes.

Otros habrían tardado años en desarrollar tan magistral formulación, pero nosotros contamos con las energías renovables de nuestra minimodernidad.

C son las ganas de cachondeo de vuestra descendencia, las cuales son igual a la multiplicación del sueño que arrastráis por la nocturnidad y alevosía de los despertares de la criatura elevadas al cuadrado.

Porque, seamos sinceros, por pocas veces que se despierten vuestras dignas descendencias, los bebés emiten sus ondas cerebrales hacia sus indefensas madres y estas se despiertan con un resorte, directas a estamparse contra la pared de en frente, haya o no colecho.

Hay algunos pocos bebés, concebidos en noches de luna llena, mientras Marte y Júpiter se alineaban en el cielo de la Atlántida y nacidos bajo el ascendente del unicornio, que duermen la noche entera y cuando digo entera digo 8 horas, sin despertar alguno pidiendo en clave de llanto desgarrador su leche, cual yonki de la teta. Vamos, que haberlos haylos, pero es de esas cosas que les pasa a otras.

Contando que desde mediados del tercer trimestre no he dormido 8 horas seguidas, espero el día en que una noche sean 8 horás del tirón como Aragorn esperaba a Gandalf al amanecer del tercer día. Vamos, que lo espero pero cuando llegue me pillará en bragas.

Un truco para sobrevivir a la maternidad primeriza, es la siesta, si tienes la suerte de que tu descendiente tenga una mínima rutina de siestas, aprovecha para dormir un par de horitas extra durante el día. El sr. Oh y yo nos pegamos unas siestas tremendas por las tardes, hecho que provoca el acumulamiento de trabajo en mi versión de persona laboral, proporcional a la babilla que me cae –¡y qué a gustito me cae!-.

Ojo, que las primeras noches piensas que el sueño no es para tanto en tu nueva versión maternal, pero entonces tu actividad laboral arranca –y en el caso de las autónomas arranca a las 6 semanas– haciendo que ambas versiones se repelan. De ahí que la cantidad de sueño se acumule, haciendo que la fórmula que presentaba al principio crezca exponencialmente en el resultado el cachondeo que gasta vuestra descendencia.

Además, el mundo sigue girando y, tarde o temprano, volverás a hacer actividades de tarde-noche. En mi caso, la primera vez que volví a estar en el centro a las 9 de la noche me escandalicé. “Oioioioi ¡Qué hace tanta gente en la calle a estas horas!” El centro estaba plagado de jovenzuelos desvergonzados que en lugar de estar en sus casas, al resguardo de las maldades del mundo exterior, están en la calle haciendo ves a saber qué cosas. Básicamente, están aplicando una fórmula avanzada de C=SN^2 y yo, básicamente, me estoy convirtiendo en mi abuela.

Ese día a las 11 de la noche estaba muerta-matá y el sr. Oh estaba encantado del cachondeo extra.

Y a vosotras ¿qué resultado os da C?