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Conociendo al sr. Natural

Hace más de dos meses que llegó y, pobre heredero, le ha tocado que su parto sea procrastinado y es que con 2, el trabajo no se duplica, ¡se triplica!

A estas alturas que ya no tengo que esconder nada, confesaré que las últimas 2 semanas hasta el día que nació, no lo pasé muy bien. Estaba bastante angustiada, cosa de las hormonas y, sobretodo, cosa de no dormir, porque si me tumbaba del costado izquierdo me dolía algo que nadie sabía identificar la causa y si me tumbaba del derecho, me ahogaba. Y además llevaba dilatada de 2 desde vete a saber cuándo, la cosa parecía no avanzaba. Y el descendiente en cuestión venía con más de 4 kg.

Bienvenido sr. Natural

¡Bienvenido sr. Natural! Icons based on Free pics.

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Hace poco el sr. Moderno y servidora fuimos a las clases de preparto. Mucha gente nos preguntó que para qué íbamos, pero mira, repasar nunca viene mal y la verdad en 2 años se nos habían olvidado muchas cosas. Cosas de las neuronas muertas, y tal.

Maldigo la hora en que nos apuntamos, porque en cada clase nos hacían explicar nuestra experiencia. Y yo hablando delante de gente lo paso fatal. Así que una guindilla les explicaba, como podía, lo que me preguntaban y según palabras del sr. Moderno “era demasiado sincera”.

Pero, oigan, el día que tenía ganas de decir algo, no lo dije.

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Más vale prevenir que batallar

Me patean un poco los consejos ajenos, para qué vamos a negarlo. Maticemos, me patean los consejos del siglo XIX. Pero, como soy una mujer de contradicciones, hoy vengo los mejores consejos que me han dado:

  • Poned límites. Algo en lo que el sr. Moderno y yo nos felicitamos de lo bien que lo hemos hecho fue dictar límites, desde el día 1, bueno, el día 1 no. Desde que lo hicimos público. Desde el día 1 de hacerlo público. Y cuando escribo dictar, es dictar. No sugerir. No pedir. No insinuar. A la familia no se le sugiere, a la familia se le impone. Que sí, que vuestra familia es muy guachi y os van a respetar. Y una mierda. A la que aparece un bebé pierden el sentido hasta los más molones.
  • No decir la FPP. Punto. La FPP es para tu medico, tu pareja y para ti. A menos que tu madre pariese pasados 93274 días de su FPP y haya compartido tu sufrir, no se le dice a nadie. Este es mio, para vosotras, con todo mi amor.
  • No avises a nadie. Este me lo dijo una enfermera en el paritorio. Nos preguntó si habíamos avisado a alguien y si alguien estaba ya esperando en planta. Le dijimos que no y como un rayo me cogió la mano y me dijo con ojos como platos: “¡No avises a nadie! Hasta que hayan pasado horas, hasta que tengáis ganas, hasta que le salga su primer diente. Más te vale que ellos se enfaden contigo que tú te enfades con ellos“. Desde el punto de vista de esta buena mujer recién parida, lo peor que le pasó fue subir a planta después de 893247 horas de parto y encontrarse allí a TODA la familia. TODA. Ella estaba muerta y toda su familia gritando de emoción y pasando a la descendencia de mano en mano.
  • Vive zen. Lo complicado no es el embarazo, lo complicado es el postparto. Te duele el alma, te han cortado o te has desgarrado, has pasado una cesárea, lo que sea que te haya tocado. Además tienes una descendencia a quien no conoces y que te necesita como agua de mayo. Y la casa está hecha unos zorros, la lavadora por poner, un palmo de polvo en el comedor y un kilo de grasa en la cocina… pues te la suda. Y si vienen las visitas y les molesta que cojan un trapo y se pongan a limpiar. Que me diréis que las parejas están para ayudar, pues sí. Pero ellos (o ellas) estarán tan colapsados como vosotras y hacerlo TODO uno solo es complicado de cojones narices.
  • Fíate de ti misma. Vendrán con un quintillón de instrucciones y te dirán cómo se tiene que hacer y cómo no cualquier cosa. Pásate sus consejos por el arco del triunfo, arco que además tienes magullado. Tu tía puede pensar lo que quiera del colecho, las vacunas y el BLW, tú haz lo que creas mejor.
  • Pide ayuda. Si no llegas a todo, pues no llegas. Si no te da la vida para ir al supermercado, pues le pides a alguien que te haga la compra. Si no te dan las horas del día, pues no te dan, no te quedes sin dormir 2 horas en una siesta de tu recién parido para hacer algo, porque no vale la pena. La familia está deseando ganar puntos en tu lista para que les dejes más rato con el nuevo miembro o para convertirse en su tía favorita.

Y vosotras ¿qué consejo seguísteis?

Al encuentro del sr. Oh! [2ª parte]

En el capítulo anterior… Rompo aguas, llegamos al hospital con contracciones y la anestesista mola más que Brienne de Tarth.

Aunque mi apuesta caballera llegara montada sobre un unicornio y me quedara dormida, no todo podía resultar tan bonito y mi primer sueño postepidural solo dura unos minutos.

Existe una analgesia llamada Walking Epidural, es una anestesia rodeada de controversia, como en todo, hay voces a favor y en contra. No en todos los hospitales la ponen y este era el caso. Así que al no poner Walking pedí una dosis que me dejara sentir el proceso pero no el dolor. Y esa dosis maravillosa funciona para la mayoría de las mortales, pero yo tengo lo que, en un término muy médico se llama un vacío. 10 años de carrera con términos en latín para que cuando algo falla lo llamen vacío. ¿Y qué es un vacío? Es una zona del cuerpo donde la epidural no actúa. Así que las contracciones se localizaban en esa zona, donde las sentía al 100%.

Si estáis pensando en parir con epidural debéis ser conscientes de que tiene sus riesgos, algo que te quita la sensibilidad debe tener sus contras también. Siempre podéis hablar con el anestesista y pedir una dosis mínima para que haga un efecto parecido a la Walking.

Llamamos a la anestesista y me da 2 opciones. Aumentar la dosis, sabiendo que en esa zona siempre voy a tener dolor o continuar como estoy, pero sentir el parto. En el momento de la verdad, opté por aumentar la dosis y así me llevé una epidural completa que me dejó la pierna izquierda inútil y un dolor soportable en el costado derecho.

Y vuelvo a caer dorminada. Hasta las 7, cuando viene la matrona, revisa y estoy dilatada de 7.

Tercera pista de que nuestra descendencia es un troll, nos comunican que mi buena doctora está en otro hospital en servicio de urgencias hasta las 2 de la tarde y que al ritmo que estoy dilatando no llega a atender mi parto ni de coña, de manera que me atenderá el obstetra de urgencias.

Aunque bien dilatada sigo teniendo muchísimo líquido, tanto que resulta que la minimodernidad no consigue apoyar la cabeza y hay que romperla para que pueda bajar. Si una cosa hace Google, es darte toda la información perjudicial que puedas desear y había leído que la rotura de bolsa estaba más que contraindicada, que era malo malísimo hacerlo, que podía comportar un millón de problema. Así que la idea no me hacía ni puñetera gracia, pero después de un tira y afloja decidí dejarle romperla, a regañadientes.

El líquido cae y suena como una cascada, los empadadores no pueden con todo y desbordan. Desde mi punto de vista aquello era una piscina, viendo la cara del sr. Moderno la que se había liado era mayúscula. Y eso teniendo en cuenta que hacía 3 horas que venía perdiendo líquido.

Otra cabezadita y la matrona vuelve a entrar en la sala. Estoy dilatada de 9 y decide pasarnos a sala de partos con la cuarta pista de que nuestra descendencia es un troll. La posición óptima del bebé para el parto es con su cabeza hacia abajo, mirando hacia la espalda de la madre, pero la minimodernidad venía con la cabeza hacia arriba, mirando hacia mi barriga.

Se puede parir con esa posición, pero los partos resultan más largos y, sobretodo, dolorosos. Esta posición se puede solucionar con intervención manual y con instrumental. Por suerte, ya habíamos hablado con mi matrona para intentar evitar los fórceps. Arreglar la posición de forma manual no es que una se quede allí, abierta de patas, tan feliz, mientras la matrona hace el trabajo sucio. Implica la participación activa de la parturienta, es decir, esfuerzo, sudor y lágrimas.

La matrona me avisa cuando tengo que empujar y ella va manipulando para darle la vuelta. Casi completa la vuelta le da un rato para que colocara la cabeza en posición por voluntad propia. Pero ya he dicho que nos dio varias pistas de su espíritu troll y al volver a la sala, no solo se encuentra que no ha colocado la cabeza, si no que, además, se ha vuelto a colocar mirando hacia mi barriga.

Vuelta a empezar. Trabajamos para darle la vuelta y esta vez sí coloca la cabeza mirando hacia abajo. Con la cabeza en su sitio, la matrona llamó al sr. Moderno para que mirara y a mi me cogió la mano para que tocara su cabeza en posición.

Nos deja un rato mientras yo me quedo con las piernas en los estribos, posición nada cómoda y que te roba la dignidad por segundos. Con todo el esfuerzo, volvía tener un dolor agudo y constante en el costado derecho y la pierna izquierda volvía a estar operativa. Llaman de nuevo al anestesista, esta vez un valeroso hobbit se presenta con su uniforme verde y mientras me prepara otra dosis de analgesia, le comento que me estoy mareando para, menos de 3 segundos más tarde, vomitarle encima.

El desenlace en el siguiente capítulo.

Y vosotras ¿le vomitásteis encima a alguien?

Al encuentro del sr. Oh! [1ª parte]

Finalmente ha llegado el momento. ¡He vuelto a encender el ordenador! Gracias al cielo que es un portátil. Así puedo cogerlo con un brazo y llevar en el otro a nuestro digno descendiente.

Una de las cosas más interesantes de los blogs sobre embarazo y maternidad, a mi entender, es cuando se explica el parto. Dan perspectiva y, aunque algunas lo explican como un paseo por los Jardines de Lórien, sirve para estar preparada para todo lo que pueda pasar.

Voy a dividir esta aventura en partes. En parte porque en pocas horas pasaron muchas cosas, en parte porque con la minimodernidad en nuestras vidas las horas se me escapan entre los dedos, por eso mismo el dibujo no está demasiado elaborado.

Aviso que estoy absolutamente hormonada y mi objetividad es cercana al cero absoluto.

Todo comenzó un viernes de madrugada, después de llevar prácticamente una semana dilatada de 3 cm y con cuello casi borrado, me levanté para ir al baño. Por primera vez en semanas, dormía hasta las 4 AM sin despertarme por contracciones o incomodidad. Con los ojos pegados por las legañas me dí cuenta de que mi ropa interior estaba completamente empapada. Con las pocas neuronas conectadas que podía tener a esas horas, me cambié y mantuve la calma, como nos habían dicho en las clases de preparto.

Contracción moderada y confirmación. Había roto aguas. Pero no en plan película, si no una fisura por la que perdía líquido en cada contracción.

Mi matrona, a la que tenía que llamar al ponerme de parto para que ella organizara el tinglado, estaba fuera de Barcelona por motivos personales. Primera pista de que nuestra descendencia es un troll.

Con la calma, revisamos bolsa y papeles, ducha y pedimos un taxi vía app, para no perder el punto tecnológico en todo esto.

Ingreso por urgencias a las 5:30 AM, demasiado pronto según la matrona que nos hace el ingreso, pero para entonces ya tenía contracciones fuertes cada 5 minutos y solo quería que me enchufaran a correas para confirmarlo. Que te pongan las correas es un momento lleno de glamour, te quedas en bolingas con una bata azul y unos patucos verdes conectada a una máquina con unos sensores atados con una gasa, mientras tienes contracciones y te dicen que no te muevas mucho, para que los sensores no se muevan. Quedarse tumbada tan feliz mientras tienes una contracción que se sale de la gráfica es algo que hará su prima, porque yo me moví todo lo que pude, pero quedó claro que sí tenía contracciones.

Basado en una foto real © Hipsterbebe 2014

Basado en una foto real © Hipsterbebe 2014

Segunda pista de que nuestro descendiente es un troll, es que decide nacer en un día en que todas las salas de dilatación están llenas. Así que después de comprobar que las contracciones eran fuertes y regulares me sientan en una silla de ruedas y se dedican a pasearme de punta a punta hasta que le dicen al celador que deje de dar vueltas, además en cada contracción me tenía que bajar de la silla para quedarme con el culo en pompa, apoyada contra las paredes o utilizando la silla de apoyo, haciendo respiraciones hasta que la contracción pasara.

Finalmente, abren una sala de dilatación para nosotros y nos asignan una matrona, por suerte una matrona maravillosa, con la que se nos pasaron las horas volando. Al sr. Moderno le dan el disfraz de futuro padre y, cámara de fotos en mano, ya estamos todos preparados para la acción.

Al llegar a correas me había preguntado si quería epidural o parto natural, y nada más llegar a la sala de dilatación, me volvieron si la quería. Todas las dudas que había tenido sobre pedirla, se disiparon cuando las contracciones se volvieron regulares, admiro profundamente a quienes teniendo la opción deciden no usarla y van por el parto natural a pelo.

Cuando llegó la anestesista, venía montada sobre un unicornio y se iluminó la sala con arcoiris y purpurina. Para la punción hicieron salir al sr. Moderno de la sala y cuando volvió yo era la mujer más feliz del mundo y las drogas me parecían el mejor invento del siglo. Pocos minutos después me quedaba dormida.

Continuará…

Y vosotras ¿cómo vivísteis los primeros instantes? ¿cómo creéis qué serán?

FPP: Fecha de Paranoia Programada

Tengo pensada esta entrada desde el día que abrí el blog, pero después de varias entradas en varios blogs, la última que he leído es la de la sra. Peineta, he decidido a ponerme a ello y acabar de escribir.

El sr. Moderno y yo sufrimos una extrema destendencia familiar y a razón decidimos no hacer pública la FPP, la famosa fecha probable de parto. Desde la semana que hicimos público el embarazo, hemos ido dando vagas ideas del mágico cuándo.

Al principio, con la novedad, me preguntaban con cara de emoción “¿para cuándo?” y contestaba “para agosto” y veía en mi interlocultor un gesto congelado, no entendía el porqué del rictus pero no le daba más importancia porque, aunque siempre tardaban unos segundos en reaccionar, lo hacían contestando con el típico “te vas a morir de calor”. El año que una no se muera de calor en agosto, todas las parturientas podrán contestar con dedo acusador afilado un “¡aja! ¿y ahora qué? ¿quién se iba a morir de calor?”.

Con la familia, siempre dijimos aproximadamente en tal quincena. Y la cosa quedaba ahí. Sonrisa congelada.

Los que me conocen saben que no soy la más rápida para pillar según qué indirectas y que la sutilidad no es mi fuerte. Por eso algunas habréis adivinado el porqué de esa congelación y yo no lo supe hasta que en una conversación telefónica con mi madre, salió descuidadamente de mi boca la sentencia punzante de que no iba a hacer pública la famosa FPP. Al otro lado del teléfono, el silencio. ¡Resulta que todos pensaban que todavía no sabíamos la FPP! de ahí las sonrisas congeladas.

Niña ¿ya has parido? Fecha de parto probable Fecha de paranoia programada

Niña ¿ya has parido? ¿Te llevo al hospital?

¿Pensaban que la íbamos a decir? ¡Ah, no! De ninguna de las maneras, viendo como revolotean, como gallinas en un ataque de histeria, pensando en que harán tal y cual cosa con la minimodernidad, me puedo imaginar el caos apocalíptico que se puede organizar cerca de esa fecha. Cierro los ojos y oigo llamadas diarias al móvil “¿cómo estás?”, “¿cuántos días han pasado/quedan ya?”, “¿no tendrías que llamar a tu doctora por si acaso?”, veo mensajes SMS y de Whatsapp “¿dónde estás?”, “¿cómo va?”, “si necesitas que te lleve al hospital, me llamas, ¿vale?”.

Si me disculpan, voy a tirar el teléfono por la ventana. Ahora vuelvo.

En esa misma llamada en la que desvelaba a mi madre que sí conocía la FPP, la seguí cagando. No tuve capacidad de reacción suficiente. Y con mi madre todavía al otro lado del teléfono le espeté en línea directa a su cerebro “¡¿no pensarás que te voy a llamar cuando salga hacia el hospital?!” y sinceramente, que no lo dije con maldad, en mi planeta esa afirmación me parecía la más lógica del mundo. En el momento del parto quiero drogas, a mi doctora y al sr. Moderno para que me cuente qué está pasando mientras yo me dedico a cagarme en su maldito ADN.

Más silencio al otro lado del teléfono. Unos segundos después “¡Bueno! No te digo que vaya a entrar contigo en la sala de parto. Tú me envías un mensaje y nosotros vamos para allá. Nos quedamos en la sala de espera”. En mi mente se dibujó la escena, una colección de seres adultos correteando por el hospital como pavos sin cabeza. Sudores fríos recorren mi espalda cada vez que lo imagino.

“Ni de coña” le dije, para lo que recibí la respuesta “Soy tu MADRE”. Dato indignado por si no lo recordaba. Su enfado iba en aumento “Qué no, qué no. Qué no voy a avisar a nadie”. Toda esta conversación no le había sentado nada bien, pero el truco está en no achicarse y seguir para adelante, aunque te explote en la cara.

No sé cómo es en el resto de familias, pero si nosotros los dejamos meter las narices ahora, cuando se acerque el momento P, de parto, lo convertirán en el momento P, de psicótico. Nonononononono, ni de coña. Mejor poner límites ahora. Y cuantos más blogs leo, más razón veo que tenemos.

La información es poder, y pocas cosas tan poderosas como la FPP.

Y vosotras ¿qué hicistéis con vuestra FPP? ¿qué pensáis hacer? ¿Conseguisteis que la fecha quedara en una fecha probable o se convirtió en una fecha de paranoia programada?