lactancia

Mi amante exprimido

Debo confesar que si este embarazo no acaba con mi relación con el sr. Moderno, nada lo hará.

Primero la eterna discusión que hemos tenido hasta dar con el nombre.

Seguido del tipo de parto. A mi me picaba la curiosidad un parto en casa y él es muy fan de lo medicalizado. Cierto es que la medicina moderna ha arreglado el desastre que tiene en las cervicales y que gracias a un médico, de esos que se atreven a experimentar con sujetos vivos llevar la medicina un paso adelante, hace vida normal.

Pero si algo ha odiado el sr. Moderno pasionalmente durante los últimos meses de nuestra vida, ha sido al otro que ocupa un tercio de nuestra cama.

Based on Freepiks icons ©Hipsterfamily, 2016

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El hambre

Hay tres tipos de zombi:

  1. El clásico, el zombi americano, el que no corre mucho pero es como aquel novio pesado, por insistencia consigue lo que se propone.
  2. El rápido, el europeo, que corre que se las pela.
  3. El sr. Oh cuando tiene hambre.
"Soy una monada de zombi come tetas"

“Soy una monada de zombi come tetas”

Amiguitas, el problema del sr. Oh! no es que el hambre sea insaciable o que tenga capacidad estomacal para devorar huracanes. Es que pasa de 0 a 100.000 en 0,0 fracciones de nanosegundo. Puede estar tan feliz jugando con sus coches, cuando, sin previo aviso, se convierte en una fiera sedienta, mete las manos heladas bajo mi camiseta y se ciega en busca del chupito tetil definitivo.

Sin piedad.

¡No para hasta conseguirlo! Algunos días de invierno, cuando llevaba más capas de ropa, me ha lanzado ¡hasta dentelladas!, dentelladas de 4 dientes, pero dentelladas después de todo, mientras yo huía sentada en el suelo marcha atrás y él me perseguía por el comedor como bebé gateador profesional en velocidad match 3 con la boca abierta dispuesto a succionarme la vida.

A veces lo hemos solucionado ofreciéndole algo de pecho, mientras lo sostengo con un brazo que se me ha puesto como el brazo con el que Hulk se hace gallardas a base de aguantar un salmonete de 11 kilos chupeteador de tetas, mientras que con la mano libre rebusco en busca de comida pre-preparada apta para herederos de 12 a 18 meses.

Según la hora del día en que le ataque el virus zombi, puedo cocinar algo caliente y básico mientras un koala roe mis piernas y me maldice las criadillas en su propio idioma.

Porque, señoras cuando el hambre ataca, no hay compasión hacia vuestras dos personalidades. De hecho, el sr. Oh es tan TROLL, que puedes haberte pasado la tarde con un bol de fruta pelada y cortada a su alcance, mientras él, reiteradamente, vaya rechazándola. Para que, llegado el momento exacto en que decides comerte tú la fruta que él no quería y hayas ingerido el último bocado, veas como un bebé, que normalmente avanza en paso errático, se lance con decisión cirujana sobre el bol, para comprobar que ha quedado vacío y catapultarlo furibundo, porque se acaba de dar cuenta que tenía hambre y no un hambre progresiva y pacífica, no. Un hambre brutal activada por el virus zombi. Y, obviamente, se lanza a tu pechugamen, para sacar lo que pueda de ellas.

¡Qué bonita es la lactancia a demanda!

Y a vosotras ¿os atacan los zombis?

El fantasma de la mastitis

Tetas, tetas, tatas… Después del embarazo, en el momento del postparto llega el monotema recurrente: las tetas.

Todo gira en torno a las tetas.

Que se enganche bien. Que te suba la leche. Que no te salgan grietas. Ni perlas de leche.

Pero sobretodas las cosas, donde te meten miedo de verdad, es en que no acabes con una mastitis.

Una de las primeras noches en casa, en la primera semana de lactancia de mi vida, me salió una grieta. Cada vez que el sr. Oh tenía que engancharse yo quería llorar, fue una noche larga donde nadie durmió. Ni siquiera los vecinos, quienes a la mañana siguiente se encargaron de hacernos saber que la descendencia tenía intensos pulmones.mastitis

Para añadirle dramatismo, en el mismo pecho de la grieta, descubrí que tenía varios bultos. Y en plena subida de leche, no quiero explicar lo que dolía.

Así, a las tantas de la madrugada hice lo que cualquiera mortal habría hecho: buscar en Google.

Busqué y me aterroricé, parecía ser que aquello era una mastitis, el inicio de una mastitis o una mastitis rara. Lo mejor que me esperaba era morir entre horribles sufrimientos, víctima de la fiebre mientras en mi pecho un bulto destacaba rojo y duro.

Sí, lo sé. La culpa es mía por buscar en Internet.

Mientras me debatía entre salir corriendo a urgencias o, directamente, redactar mi testamento, iban pasando las horas y el sr. Oh no dejaba de llorar.

Drama.

En un momento de la noche, quizás porque mis neuronas se desconectaron, vino a visitarnos la lucidez y entre tanta página fatalista encontré que antes de la mastitis hay algo llamado obstrucción.

Una obstrucción, o varias, se soluciona haciendo que el bebé amamante más de ese pecho, habiendo preparado previamente el pecho con calor húmedo -con una ducha o una toalla mojada- y al final de la toma aplicando frío -con un paquete de guisantes congelados-. Si esas obstrucciones van a más, se puede convertir en mastitis.

Pero esta información no te la dan en todas partes y si pueden invocar a todos los males, lo harán.

Así, antes de decir que no pasa nada y mantengas la calma, te cuentan historias de mujeres que tuvieron que entrar en quirófano de urgencias y todo fue horrible. Incluso en la web de alba lactancia, antes de encontrar información sobre las obstrucciones, encontré una conversación entre varias usuarias donde se explicaban terroríficas anécdotas y a mi me mantenían ojiplática al otro lado de la pantalla.

En mi caso la solución era, al mismo tiempo, alargar mi agonía ya que en ese pecho tenía la grieta en la que no podía aplicar más linolina porque no cabía. Visto en perspectiva no pasa nada, pero en el momento solo deseaba que llegaran a las 10 de la mañana para bajar, en pijama y con los pelos de loca, a la farmacia para comprar unas pezoneras.

La mastitis se había convertido en mi fantasma particular.

Dos días más tarde, con la cabeza fría y la grieta curada, en la visita a la matrona de la Seguridad Social, en lugar de tranquilizarme, aquella matrona venida de la Universitat del Averno, se dedicó a meterme miedo y a advertirme de los males que me esperaban si las obstrucciones acaban en mastitis, advirtiéndome de la dureza de la lactancia y metiéndome, por si no fuera suficiente, presión con que las tomas de mi descendiente debía ser exactamente como ella decía. Por si no tuviera suficiente, se dedicó a decirme que la episiotomía que me habían hecho era un desastre y que no se me curaría nunca a aquel ritmo, cosa que no tenía nada que ver con lo que me habían dicho en el hospital ni con lo que me dijo la matrona que me hizo la visita una semana más tarde.

Supongo que cogí a esa matrona en un mal día o ella tenía ganas de tocarme la fibra y dejarme toda la tarde al borde la lagrimita. Por suerte, el sr. Moderno se dedicó a repetirme por activa y por pasiva que no podía venir una loca a decirme cosas sin sentido, con lo bien que habíamos estado el sr. Oh y yo desde que se arregló la grieta y que las obstrucciones desaparecían si seguía haciendo las tomas como nosotros las hacíamos.

Conclusión, hay que mantener la calma y pasar de la opinión de matronas malévolas que tienen un mal día, más cuando nosotros estábamos tan felices e íbamos estableciendo la lactancia a nuestro ritmo. No dejéis que venga alguien y diga que las cosas tienen que ser como ellos marcan.

Y vosotras ¿tuvísteis algún fantasma? ¿conocéis la terrorífica sombra de la mastitis?

DIY Discos de lactáncia lavables y molones

Hoy os traigo un DIY, un do it yourserlf, o en castellano: ¡esto lo hago yo en un rato!

En el mundo del embarazo y maternidad hay un millón de cosas por hacer y comprar. Una de ellas son los discos de lactancia.

Andaba yo por la semana 28 cuando un día noto unas gotitas en el pecho derecho, evidentemente pensé que me había mojado con agua. Tengo unos pechotes de una talla extra, es fácil que me manche porque hasta que me creció la barriga lo que me precedía eran mis lolas. Repaso mentalmente, no he estado cerca de un líquido, no puedo haberme manchado. Observo el pecho de cerca y ante mi sorpresa me encuentro unas diminutas gotitas saliendo del pezón.

¡CALOSTRO! ¿YA? ¿TAN PRONTO?

¿Sabéis la cara del grito de Munch en el Whastapp? pues esa era yo, amarilla y horrorizada.

Así que estas cosas pasan en la vida real. Comencé a recordar cuántas veces alguien había narrado la vergüenza de llevar el manchurrón circular de leche en la camiseta porque se le habían escapado unas gotitas.

Doble cara de horror.

Me lancé a la bloggosfera maternal y encontré un millón de comparativas de marcas, precios, formas y colores de discos desechables. entonces me encontré con discos lavables de tela monérrimos a morir, con diferentes telas preciosísimas y caros, teniendo en cuenta que durante la lactancia hay que cambiar estos discos varias veces al día es una compra inicial desorbitada para bolsillos mileuristas.

Un disco lavable es un disco de tela cosido con amor. Así que procedí a plantearme un DIY y hoy os lo traigo para vuestro disfrute y mayor economía doméstica.

Se necesita:

  • Una camiseta vieja de algodón. No es imprescindible pero sí recomendable.
  • Una toalla barata.
  • Tela de algodón con el estampado o color  que más os guste.
  • Tijeras.
  • Hilo del color que combine mejor con la tela de algodón estampada.
  • Aguja.
  • Alfileres.
  • Lápiz.
  • Un rollo de papel finiquitado.
  • Paciencia.
Materiales para los discos.

Materiales para los discos.

Pasos

1. Sobre la tela de toalla se coloca el rollo y marca la circunferencia con el lápiz. Los pechos suelen venir en pack de dos. Así que estas acciones se suelen realizar por pares. 2 pechos, 2 circunferencias.

Se marcan los círculos.

Se marcan los círculos.

¿Por qué un rollo? porque la zona exterior tiene 4 cm de diámetro y es el tamaño medio de un disco de lactancia desechable, si para vuestros pezoncitos 4 cm os parece poco, buscad un utensilio con un diámetro mayor. Por las redes he llegado a ver discos de 14 cm.

2. Se corta la tela.

3. Se repite el proceso en la tela de algodón molona y la camiseta vieja. De nuevo multiplica la acción por 2: 2 círculos de tela molona y 2 de camiseta vieja.

¿Para que la camiseta vieja? La tela desgastada es más fina y esta es la tela que va a estar en contacto con nuestros pezoncillos sobresaturados. Una tela nueva tiene las fibras duras y puede que los primeros días sean más incómodos.

Yo no usé la camiseta vieja porque, en algún momento de la limpieza del nido que llevamos sufriendo las últimas semanas y meses, la tiré. Nadie dijo que estar embarazada y tener ideas lúcidas fueran de la mano. En caso de no tener camiseta vieja corta 4 círculos de tela molona.

4. Monta montaditos tipo galletas Oreo. Capa de tela vieja, capa de toalla, capa de tela molona y átalo con un alfiler.

Un par de discos.

Un par de discos.

Ya que me ponía, en lugar de hacer un par de discos, hice 6 pares.

Unos cuantos discos.

Unos cuantos discos.

5. Cose el contorno de los discos.

Yo los cosí con hilo de algodón, lo importante es que el hilo sea suave para evitar rozaduras.

Yo los cosí con hilo de algodón, lo importante es que el hilo sea suave para evitar rozaduras.

Como colofón, se me murió la máquina de coser y tuve que ponerme a coser a mano. Nunca he dicho que lo mio sea la costura.

Y vosotras ¿os animáis?