intoxicacion

Queso

Hace un par de meses me puse, lo que se conoce como, mala de morirme.

Luego resultó que no me habría muerto.

Pero en el momento, me moría.

Tuve una intoxicación por histamina. Como no sé si alguien llegará a este post buscando “intoxicación por histamina” y el objetivo de toda búsqueda en Google es hacerte creer que vas a morir atemorizar, voy a explicar qué pasó: comí atún. Sí, algo tan terrible como eso. Para que luego digan que comer pescado es sano.

Resulta que el atún es megarico en histamina. Más, si en algún momento de su conservación, se rompe la cadena de frío. Si se da el caso, se vé que el atún se pone mu’loco y la histamina se dispara x 4000.

Los síntomas son, cada uno más glamuroso que el anterior: te pones roja, pero no un poco, no, te pones roja como un guiri en la Costa Brava; cuesta respirar, dolor de cabeza trepanador, tiembla el pulso, se acelera el corazón y, mi favorito en el top glamour, te da cagalera. Por si con ponerse roja y tener a Safri Duo en el pecho no fuera suficiente, te vas por la patilla.

Estos síntomas son super compatibles con tener un bebé y estar, en ese preciso instante, sola.

Así, que con la cordura a tope, me imaginé desmayándome, en mitad del pasillo, y al sr. Oh siendo criado por nuestros gatos hasta que algún intrépido explorador lo hayara en nuestro hogar y lo expusiera al mundo como niño-fenómeno-educado-por-gatos-domésticos. “Solución”, pensé “sal a la calle con la digna descendencia y si te desmayas, que el show tenga público”.

No hubo desmayo. Y un rato más tarde llegué al CAP, arrastrándome agónicamente, donde me diagnosticaron la intoxicación tras una consulta que justifica, claramente, los 10 años de carrera para el título de medicina:

– ¿Qué te pasa?

– Creo que tengo una intoxicación.

– ¿Ah, sí?

– Sí, he comido atún y a los 10 minutos me he puesto así.

– A ver… sí, estás roja. ¿A ver el ritmo cardíaco? Uy, sí ¡qué acelerada! Y la presión también está muy alta. Pues creo que sí que es una intoxicación ¿qué dices que has comido?

– Atún…

– ¡Ah! ¡Pues será de eso!

– …

El remedio para la intoxicación es una dosis extra-XL-premium de antihistamínicos, pinchada en la nalga derecha. Remedio también muy compatible con tener un bebé descendiente, ya que los antihistamínicos, provocan somnolencia.

¡10 chupipuntos más para la intoxicación!

Entre las recomendaciones de la ilustre eminencia de la medicina, antes de dejarme marchar a casa con la descendencia, algo desorientado por tanto trajín-post-comida-nada-de-siesta, hubo perlas como:

– No comas NUNCA MÁS atún…
– Excuse me?
– ni gambas…
– Whaaaaaat?
– ni queso.
– ¡¡¿CÓMO QUÉ DICE ESTE CHALADO?!!

Ahí me mató. Puedo aceptar no comer atún. Puedo sobrellevar no comer gambas ni en Navidad. Pero ¿sin queso? ¿nunca más de los jamases? NO.

Sin embargo, una cosa que decidí hacer, por el bien de mi organismo y el de la lactancia, fue abstenerme de atún y queso durante 1 mes. 4 semanas. 30 días.

Y eso con todo el sacrificio de mi corazón. Y el de mi alma. Y el de mi estómago. Y el de mis papilas gustativas.

Un día cambiando un pañal cargado aromátizado por el sr. Oh me subió el olorcillo y dije “este olor me recuerda a algo”. Una vez finalizada la quest del pañal, seguía dándole vueltas al olor del pañal y me fui a la nevera, sabía que había algo que olía igual.

Y sí.

Ahí estaba, en el cajón de los quesos.

Una tarrina de queso para untar de la marca blanca, de una famosa cadena de supermercados, a la que llamaremos Plazamujer par mantener su anonimato. La abrí. Subió desde la tarrina su característico olor. Efectivamente, olía igual que la deposición del sr. Oh.

Creo que definitivamente hay un queso del que sí voy a poder abstenerme. Para siempre.

Y a vosotras ¿a que os huelen las nubes?

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