experiencia

Conociendo al sr. Natural

Hace más de dos meses que llegó y, pobre heredero, le ha tocado que su parto sea procrastinado y es que con 2, el trabajo no se duplica, ¡se triplica!

A estas alturas que ya no tengo que esconder nada, confesaré que las últimas 2 semanas hasta el día que nació, no lo pasé muy bien. Estaba bastante angustiada, cosa de las hormonas y, sobretodo, cosa de no dormir, porque si me tumbaba del costado izquierdo me dolía algo que nadie sabía identificar la causa y si me tumbaba del derecho, me ahogaba. Y además llevaba dilatada de 2 desde vete a saber cuándo, la cosa parecía no avanzaba. Y el descendiente en cuestión venía con más de 4 kg.

Bienvenido sr. Natural

¡Bienvenido sr. Natural! Icons based on Free pics.

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Ultrasonidos

Cada vez que oigas a un perro llorar es que hay una mujer hablándole a un bebé en 10 metros a la redonda.

Y es que, no sé porqué, parece ser que algunas mujeres cuando se cruzan por un bebé necesitan acercarse mucho mucho mucho a su cara y hablar en una forma tan aguda que se sabe que algunas ballenas han varado en la Barceloneta.

Se supone, en principio, que las especies tendemos a la protección de nuestras crías para asegurar la supervivencia de la especie. En cambio, las mujeres de más de 55 años parece que están decididas a que la siguiente generación sea sorda y que a las madres de esa generación nos sangren los oídos.

Nadie te previene contra estas señoras y te las puedes encontrar en cualquier sitio, acechan en las esquinas esperando que tú, primeriza, salgas a la calle con tu descendencia a modernear por la mañana y cuando estás esperando en un semáforo ¡zas! saltan a tu lado y se inclinan sobre el porteo, a medio centímetro de tu cara y de tu descendiente y sueltan un “¡uyyyyyyyyyyyyyyy, qué cosiiiiita tan boniiiiita!”. Segundos después cae a tu lado, a plomo, una paloma en coma porque le han anulado su sensor de vuelo.

Tu descendencia te mira con cara de “huye, AHORA”, pero no puedes porque con las sílabas más agudas las neuronas de tu cerebro se han desconectado y no puedes coordinar ambas piernas. Te quedas clavada, el semáforo se pone en verde y la señora se despide para ir a la frutería a la búsqueda de su siguiente presa del día.

La segunda vez que pasa, tu descendencia ve venir a la señora y con la primera sílaba aguda intenta esconder la cabeza dentro del porteo como si fuera una tortuga. El problema es que no lo ha intentado antes y se da cuenta que solo puede recoger los brazos, pero la cabeza asoma y las piernas quedan expuestas a la señora, quien viene decidida hacia vosotros con la mano extendida para, además tocar la piernecita que cuelga de la mochila de porteo. Tú, primeriza, la ves venir en slow mo, pero desde fuera todo pasa muy rápido y ¡zas!, te ha vuelto a cazar.

Así que la siguiente vez que sales de casa ya vas preparada, has entrenado durante la noche tus reflejos de madre-ninja y estás dispuesta a poner en práctica tus conocimientos de mortal-kombat. Mientras controlas a las abuelas y pones una mano sobre las orejas de tu minimodernidad, quien ya se ha olvidado de la experiencia previa y sale a la calle feliz de la vida, mirando escaparates a derecha e izquierda con movimiento bamboleante de cabeza, esta vez no es una abuela, sino un abuelo quien se te acerca babeante y emite unos sonidos ultrasónicos, pero varios decibelios inferiores a los de su congénere femenino.

El caso del abuelo te deja perpleja porque, principalmente, no te esperas un abuelo haciendo ruiditos monos, pero también porque dudas si le está haciendo monerías al descendiente o a tus dos maravillosas pechugas lactantes talla XXXXL. Nuevamente a tu lado esperas que caigan un par de palomas desmayadas, pero en su lugar es una manada de gatos que huyen hacia algún oscuro callejón y maúllan con sus oídos doloridos.

Y a vosotras ¿os han hablado con ultrasonidos?

Un chupito…

… cada vez que alguien te diga “es que a mi me gustan mucho los niños”.*

Esta frase suele ir acompañado con un “a esta edad, que con 2 años no hay quien los aguante”.

Atención individuos: ¡a todo el mundo** le gustan los bebés! Menuda sorpresa ¿eh?

*Normalmente un alguien desconocido, que te encuentras por la calle o en la cola del super y que, personalmente, ni te va ni te viene su opinión.

 **Excepto a unas pocas personas.

Al encuentro del sr. Oh! [2ª parte]

En el capítulo anterior… Rompo aguas, llegamos al hospital con contracciones y la anestesista mola más que Brienne de Tarth.

Aunque mi apuesta caballera llegara montada sobre un unicornio y me quedara dormida, no todo podía resultar tan bonito y mi primer sueño postepidural solo dura unos minutos.

Existe una analgesia llamada Walking Epidural, es una anestesia rodeada de controversia, como en todo, hay voces a favor y en contra. No en todos los hospitales la ponen y este era el caso. Así que al no poner Walking pedí una dosis que me dejara sentir el proceso pero no el dolor. Y esa dosis maravillosa funciona para la mayoría de las mortales, pero yo tengo lo que, en un término muy médico se llama un vacío. 10 años de carrera con términos en latín para que cuando algo falla lo llamen vacío. ¿Y qué es un vacío? Es una zona del cuerpo donde la epidural no actúa. Así que las contracciones se localizaban en esa zona, donde las sentía al 100%.

Si estáis pensando en parir con epidural debéis ser conscientes de que tiene sus riesgos, algo que te quita la sensibilidad debe tener sus contras también. Siempre podéis hablar con el anestesista y pedir una dosis mínima para que haga un efecto parecido a la Walking.

Llamamos a la anestesista y me da 2 opciones. Aumentar la dosis, sabiendo que en esa zona siempre voy a tener dolor o continuar como estoy, pero sentir el parto. En el momento de la verdad, opté por aumentar la dosis y así me llevé una epidural completa que me dejó la pierna izquierda inútil y un dolor soportable en el costado derecho.

Y vuelvo a caer dorminada. Hasta las 7, cuando viene la matrona, revisa y estoy dilatada de 7.

Tercera pista de que nuestra descendencia es un troll, nos comunican que mi buena doctora está en otro hospital en servicio de urgencias hasta las 2 de la tarde y que al ritmo que estoy dilatando no llega a atender mi parto ni de coña, de manera que me atenderá el obstetra de urgencias.

Aunque bien dilatada sigo teniendo muchísimo líquido, tanto que resulta que la minimodernidad no consigue apoyar la cabeza y hay que romperla para que pueda bajar. Si una cosa hace Google, es darte toda la información perjudicial que puedas desear y había leído que la rotura de bolsa estaba más que contraindicada, que era malo malísimo hacerlo, que podía comportar un millón de problema. Así que la idea no me hacía ni puñetera gracia, pero después de un tira y afloja decidí dejarle romperla, a regañadientes.

El líquido cae y suena como una cascada, los empadadores no pueden con todo y desbordan. Desde mi punto de vista aquello era una piscina, viendo la cara del sr. Moderno la que se había liado era mayúscula. Y eso teniendo en cuenta que hacía 3 horas que venía perdiendo líquido.

Otra cabezadita y la matrona vuelve a entrar en la sala. Estoy dilatada de 9 y decide pasarnos a sala de partos con la cuarta pista de que nuestra descendencia es un troll. La posición óptima del bebé para el parto es con su cabeza hacia abajo, mirando hacia la espalda de la madre, pero la minimodernidad venía con la cabeza hacia arriba, mirando hacia mi barriga.

Se puede parir con esa posición, pero los partos resultan más largos y, sobretodo, dolorosos. Esta posición se puede solucionar con intervención manual y con instrumental. Por suerte, ya habíamos hablado con mi matrona para intentar evitar los fórceps. Arreglar la posición de forma manual no es que una se quede allí, abierta de patas, tan feliz, mientras la matrona hace el trabajo sucio. Implica la participación activa de la parturienta, es decir, esfuerzo, sudor y lágrimas.

La matrona me avisa cuando tengo que empujar y ella va manipulando para darle la vuelta. Casi completa la vuelta le da un rato para que colocara la cabeza en posición por voluntad propia. Pero ya he dicho que nos dio varias pistas de su espíritu troll y al volver a la sala, no solo se encuentra que no ha colocado la cabeza, si no que, además, se ha vuelto a colocar mirando hacia mi barriga.

Vuelta a empezar. Trabajamos para darle la vuelta y esta vez sí coloca la cabeza mirando hacia abajo. Con la cabeza en su sitio, la matrona llamó al sr. Moderno para que mirara y a mi me cogió la mano para que tocara su cabeza en posición.

Nos deja un rato mientras yo me quedo con las piernas en los estribos, posición nada cómoda y que te roba la dignidad por segundos. Con todo el esfuerzo, volvía tener un dolor agudo y constante en el costado derecho y la pierna izquierda volvía a estar operativa. Llaman de nuevo al anestesista, esta vez un valeroso hobbit se presenta con su uniforme verde y mientras me prepara otra dosis de analgesia, le comento que me estoy mareando para, menos de 3 segundos más tarde, vomitarle encima.

El desenlace en el siguiente capítulo.

Y vosotras ¿le vomitásteis encima a alguien?

Al encuentro del sr. Oh! [1ª parte]

Finalmente ha llegado el momento. ¡He vuelto a encender el ordenador! Gracias al cielo que es un portátil. Así puedo cogerlo con un brazo y llevar en el otro a nuestro digno descendiente.

Una de las cosas más interesantes de los blogs sobre embarazo y maternidad, a mi entender, es cuando se explica el parto. Dan perspectiva y, aunque algunas lo explican como un paseo por los Jardines de Lórien, sirve para estar preparada para todo lo que pueda pasar.

Voy a dividir esta aventura en partes. En parte porque en pocas horas pasaron muchas cosas, en parte porque con la minimodernidad en nuestras vidas las horas se me escapan entre los dedos, por eso mismo el dibujo no está demasiado elaborado.

Aviso que estoy absolutamente hormonada y mi objetividad es cercana al cero absoluto.

Todo comenzó un viernes de madrugada, después de llevar prácticamente una semana dilatada de 3 cm y con cuello casi borrado, me levanté para ir al baño. Por primera vez en semanas, dormía hasta las 4 AM sin despertarme por contracciones o incomodidad. Con los ojos pegados por las legañas me dí cuenta de que mi ropa interior estaba completamente empapada. Con las pocas neuronas conectadas que podía tener a esas horas, me cambié y mantuve la calma, como nos habían dicho en las clases de preparto.

Contracción moderada y confirmación. Había roto aguas. Pero no en plan película, si no una fisura por la que perdía líquido en cada contracción.

Mi matrona, a la que tenía que llamar al ponerme de parto para que ella organizara el tinglado, estaba fuera de Barcelona por motivos personales. Primera pista de que nuestra descendencia es un troll.

Con la calma, revisamos bolsa y papeles, ducha y pedimos un taxi vía app, para no perder el punto tecnológico en todo esto.

Ingreso por urgencias a las 5:30 AM, demasiado pronto según la matrona que nos hace el ingreso, pero para entonces ya tenía contracciones fuertes cada 5 minutos y solo quería que me enchufaran a correas para confirmarlo. Que te pongan las correas es un momento lleno de glamour, te quedas en bolingas con una bata azul y unos patucos verdes conectada a una máquina con unos sensores atados con una gasa, mientras tienes contracciones y te dicen que no te muevas mucho, para que los sensores no se muevan. Quedarse tumbada tan feliz mientras tienes una contracción que se sale de la gráfica es algo que hará su prima, porque yo me moví todo lo que pude, pero quedó claro que sí tenía contracciones.

Basado en una foto real © Hipsterbebe 2014

Basado en una foto real © Hipsterbebe 2014

Segunda pista de que nuestro descendiente es un troll, es que decide nacer en un día en que todas las salas de dilatación están llenas. Así que después de comprobar que las contracciones eran fuertes y regulares me sientan en una silla de ruedas y se dedican a pasearme de punta a punta hasta que le dicen al celador que deje de dar vueltas, además en cada contracción me tenía que bajar de la silla para quedarme con el culo en pompa, apoyada contra las paredes o utilizando la silla de apoyo, haciendo respiraciones hasta que la contracción pasara.

Finalmente, abren una sala de dilatación para nosotros y nos asignan una matrona, por suerte una matrona maravillosa, con la que se nos pasaron las horas volando. Al sr. Moderno le dan el disfraz de futuro padre y, cámara de fotos en mano, ya estamos todos preparados para la acción.

Al llegar a correas me había preguntado si quería epidural o parto natural, y nada más llegar a la sala de dilatación, me volvieron si la quería. Todas las dudas que había tenido sobre pedirla, se disiparon cuando las contracciones se volvieron regulares, admiro profundamente a quienes teniendo la opción deciden no usarla y van por el parto natural a pelo.

Cuando llegó la anestesista, venía montada sobre un unicornio y se iluminó la sala con arcoiris y purpurina. Para la punción hicieron salir al sr. Moderno de la sala y cuando volvió yo era la mujer más feliz del mundo y las drogas me parecían el mejor invento del siglo. Pocos minutos después me quedaba dormida.

Continuará…

Y vosotras ¿cómo vivísteis los primeros instantes? ¿cómo creéis qué serán?