embarazada

Mi amante exprimido

Debo confesar que si este embarazo no acaba con mi relación con el sr. Moderno, nada lo hará.

Primero la eterna discusión que hemos tenido hasta dar con el nombre.

Seguido del tipo de parto. A mi me picaba la curiosidad un parto en casa y él es muy fan de lo medicalizado. Cierto es que la medicina moderna ha arreglado el desastre que tiene en las cervicales y que gracias a un médico, de esos que se atreven a experimentar con sujetos vivos llevar la medicina un paso adelante, hace vida normal.

Pero si algo ha odiado el sr. Moderno pasionalmente durante los últimos meses de nuestra vida, ha sido al otro que ocupa un tercio de nuestra cama.

Based on Freepiks icons ©Hipsterfamily, 2016

Based on Freepiks icons ©Hipsterfamily, 2016

(más…)

Ropa premamá, segundo acto

Una cosa que había olvidado y he recuperado en el embarazo de la segunda descendencia, a New Hope, para los amigos, es comprar ropa para ballenas embarazadas.

Con el embarazo anterior me sobró con algunas cosas que me dio la sra. Atelier y la ropa que ya tenía, pero esa ropa pasó a otras manos y en este embarazo estoy delicadita, todo me aprieta, me baila, me sobra, me falta, me roza o me molesta. Tengo la piel de una joven princesa Disney. Así que he tenido que comprar bastante más ropa, aunque he intentado que todo fuera XXL para poderlo usar más tarde, lo que realmente me vale es la ropa PreMAMÁ.

pantalones premama ©hipsterfamily 2016

pantalones premama ©hipsterfamily 2016

(más…)

Las últimas semanas

Nota de la Autora: Como algunas ya sabéis, nuestra descendencia, el sr. Minimoderno, pendiente de encontrar su propio sobrenombre, nació el viernes pasado.
Escribí está entrada unos días antes del parto, para no olvidar estas últimas semanas, en previsión de lo que pudiera ser.
Todavía estamos en plena adaptación de horarios y por eso no he tenido tiempo de hacer un dibujo a juego con el tema. Ya me perdonarán ustedes. Dibujar con un bebé enganchado es altamente complejo.

Cuando entras en la semana 37 se acaba el mundo.

Tu médico te dice que puede nacer en cualquier momento, parece que te de permiso para parir y, por muy bien que lo lleves por fuera, en un pequeño rincón de tu cerebro empieza a formarse una pequeña bolita de nerviosismo.

En el momento en que escribo estas líneas todavía no he dado a luz, pero calculo que la publicaré con la minimodernidad ya parida. Escribiendo ahora, supongo que no deformaré la información como lo haría si escribiera dentro de unos meses.

Debo reconocer que he llevado muy bien el embarazo. He controlado las estrías, no me han salido varices, no he tenido acidez ni mareos y he podido hacer ejercicio e ir caminando a todas partes con cierta normalidad… normalidad hasta la semana 38.

En la semana 38 de repente todo comenzó a revolucionarse.

Un día volví, a mediodía, a casa roja de cansancio, sudada y mareada. No recordaba estar así desde que hacíamos la course navette en el colegio. Tiré el bolso en el recibidor, cerré ventanas, encendí el aire acondicionado a 19 grados y me arrastré a la ducha para rehidratarme como una shitake seca bajo el chorro de agua fría.

Desde ese día ya no soy la mujer que era:

  • Salgo a la calle a primera hora de la mañana o a muy última de la tarde y voy caminando a pasito de abuela reumática que arrastra andador. Salir a cualquier otra hora es un suicidio.
  • He reducido mis paseos de 2 km a 500 metros cuando voy sola.
  • No he pasado un verano especialmente caluroso, y de repente me dan sofocos de calor y me pongo a sudar A MARES, me caen gotas por el cuello, muy poco glamouroso, mientras el sr. Moderno está tan fresco. ¡Él! ¡qué siempre tiene más calor que yo!
  • Me pongo roja cuando bebo agua a una temperatura inferior a la ambiente.
  • Hay un millón de listas por Internet que rezan “10 cosas de las que nadie te avisa en el embarazo”, siempre las leo y parecen, como poco, absurdas. Pero como siempre tengo que llevarme un zas-en-toda-la-boca, hay una cosa de la que nadie me avisó, no lo leí o, simplemente, lo olvidé: Algunas embarazadas depuran el organismo antes del parto. Afortunadamente lo comentaron en el grupo Monotema, ellas han sido mi salvación en muchos aspectos durante estos meses y ellas solucionaron la duda, porque yo pensaba que me estaba poniendo enferma y deshidratando, pero es normal que días -o semanas- antes del parto el cuerpo depure. Y sí, depurar significa diarrea.
  • Hipersensibilidad en la piel. Mi propio sudor me irrita la piel y, especialmente, por las tardes, después de muchas horas en contacto con la ropa, el roce de los pantalones o el cubresofá se me antoja in-so-por-ta-ble. Solo consigo aminorarlo con crema hidratante, cubos de crema hidratante.
  • Más volumen en los pechotes, por si no fuera suficiente con lo que tenía, han hecho otro subidón.

Así fue como, después de un sofocón, a las 38 semanas, muté en una embarazada achacada de todos los males que no había sufrido antes.

Y vosotras ¿notásteis el final? ¿os cambió el metabolismo?

La dulce espera

No os dejéis engañar por esas embarazadas cañón que se muestran felices mientras se acarician la barriga mirando a través de una ventana de la habitación de su futura descendencia. La dulce espera es una patraña, una estafa, un invento para que compremos libros y vestidos premamá.

Futuras embarazadas, la dulce espera es aburrida.

La dulce espera es lenta.

La dulce espera pesa.

Son 37, 38, 39, 40, 41 incluso 42 semanas de espera.

Que conste, señoras, que no tengo prisa por dar a luz, que me gusta mi barriga, que he disfrutado del proceso, que las críticas a lo que no se puede hacer me las he pasado por el arco del triunfo y que he disfrutado de cada día y cada noche frontando esta calabaza mágica. Pero en todo esto hay una enorme lista de peros.

La dulce espera © Hipsterbebe 2014

© Hipsterbebe 2014

La dulce espera desespera.

El primer trimestre puede ser el más corto o el más largo. Según se mire.

Si estás buscando como un ser humano, cada vez que ves la mancha en tu ropa interior, y sabes que no es sangrado de implantación, parece que esa primera semana del primer mes del primer trimestre no vaya a llegar nunca. En este caso, las primeras semanas pasan con cuenta gotas.

Si estás buscando con sobrehumana capacidad para mantener el zen, tendrás un retraso, esperarás los 10 días de rigor, comprarás un palito, harás lo propio con el palito, saldrán las dos rayitas y no habrás desesperado ni una migita. En este caso las primeras 4 o 6 semanas habrán pasado sin que te enteres.

Sea como fuere, hay una mezcla de emociones durante este trimestre, lo lleves en secreto o lo hagas público al segundo de mear en el palito y ver las dos rayitas aparecer, descubres por primera vez en tu vida que es posible que el corazón te vaya a estallar de alegría y se te enconja de puro pánico. Y en esta mezcla de emociones vives 3 meses que pasan lentamente mientras descubres que hay algo llamado triple screening, amniocentesis y que te van a perforar los brazos a base de pruebas médicas.

La dulce espera es preguntona.

El segundo trimestre es eterno, no tienes nada que hacer. Has pasado el triple screening y solo te queda superar la ecografía morfológica. Vas desvelando poco a poco que estás embarazada y entre felicitaciones, y miradas de soslayo intentando localizar la incipiente barriga, que no asoma, te van a bombardear con la pregunta “¿estás preparado para ser madre/padre/padres?”. Pues no, nadie está preparado, no está preparado ni el que tiene 4 hijos y va por el 5º. Cada feto que llega hasta el final será una persona diferente, con diferentes necesidades y una personalidad propia que no conoceremos hasta que nazca. Así que, no, no estamos preparados pero si no quisiéramos descubrir lo que nos espera no nos habríamos metido en este follón conscientemente.

En cada semana que se desliza por tus carnes, quienes te conocen te miran la barriga, porque has dejado de ser una persona, esperando que en cualquier momento haga KABOOM y aparezca el panzón de embarazada con 9 meses.

Futura embarazada, aprovecha este largo trimestre para hacer todo lo que quieras, incluso tirarte en bomba en la piscina porque a la que se marque la barriga, cualquier cosa que hagas será objeto de crítica. ¿Sales hasta las 3? “Uy, ¡cómo te atreves!”, ¿te pones a hacer el pino puente? “Uy, ¡cómo te atreves!”, ¿comes un sushi vegetal? ¿uno de pescado congelado y tú tan feliz? “Uy, ¡cómo te atreves!”, ¿te vas a comer tan ricamente un bocadillo de atún en conserva? “Uy, ¡cómo te atreves!”.

La dulce espera no acaba nunca.

En el tercer trimestre te invaden las hormonas de la felicidad. Aún con la inestabilidad en la que vivimos, estamos pletóricos, vamos a la playa y solo pensamos en lo bonito que será cargar con 3 mochilas, botellas de agua, juguetes, palas y cubos, tuppers con fruta, la sombrilla, toallas y una minimodernidad cada vez que vayamos a pasar una mañana a la playa el próximo verano. Y como la barriga atrapa miradas sientes el cuchicheo en dolby surround.

La pregunta en esta fase pasa a ser “¿ya lo tienes todo? ¿ya has arreglado su habitación?”. Pues no, todo no lo tenemos, pero tampoco creo que lo vayamos a necesitar TODO, si vamos a hacer colecho -o eso planeamos- su habitación es solo un espacio donde guardar ropa y cambiar pañales ¿qué prisa hay?

La deadline, la fpp, el día en que se acabará el mundo está solo a 3 meses y algunos preguntan, semana sí semana también, cuánto te queda y vas contestando “uy… 3 meses”, “más de 2 meses”, “menos de 1 mes” y cuando lo dices te pesan cada una de esas semanas que están por venir. Nadie te habla de nada que no sean bebés, partos y embarazos, porque desde el segundo trimestre eres una barriga sin intereses ni aficiones. Eres una futura madre, una embarazada, pero no una persona, ni una profesional ni una experta en tu sector.

Dicen que las últimas semanas pasan en un suspiro, pero no te engañes, futura embarazada, tu movilidad se ve drásticamente reducida, atarte las cangrejeras es un ejercicio de contorsionismo, no te ves las ingles y posiblemente lleves una mata de pelo al puro estilo de los años 70, agacharte es un ejercicio de puro antiglamour porque para hacerlo tendrás que abrir las piernas como si fueras a cagar a pulso y tomar la misma postura que si fueras a levantar 70 kilos a pulso desde el suelo, cuando lo que se ha caído es la goma de borrar. Y mañana será un poco menos ergonómico que hoy.

Ahora que estoy en lo que se denomina “a término”, me preguntan “¿cuánto te queda?”, contesto “cualquier día este mes” y me miran desencajados, como si fuera a parir delante de sus atónitos ojos.

Así que, futura embarazada, no esperes respeto durante tu proceso. Es normal que tus amigos y familia directa te pregunte, pero mentalízate para que ese tío enésimo por parte de tatarabuelo se indigne porque no le quieras decir cuántas tallas de pecho has augmentado.

Así que, seres no embarazados, no agobiéis. Dejad de preguntar lo que pregunta todo el mundo, ni te importa su estado semana a semana ni la barriga de esa embarazada que tienes delante de ti va crecer acto súbito por muchas ganas que tengas.

Y vosotras ¿qué pensáis de la dulce espera?

Regalos para embarazadas veraniegas

Este no es un post patrocinado.

Hoy os traigo una lista de ideas para regalar a cualquier embarazada veraniega, que no lo digo por mi, ¿eh? Hago esta lista para cualquier embarazada que conozcáis y que haya parido o vaya a parir a sus descendencias para los meses de junio, julio o agosto, incluso septiembre que todavía es un mes muy caluroso.

Lo clásico, lo que hace todo el mundo es regalar un peluche. ¿Por qué? ¡¿Por qué?! -leer como grito desgarrado, de rodillas y cogiendo un puñado de tierra con la mano, mientras la otra la mantenéis pegada al pecho-. ¿A qué alma diabólica se le ha ocurrido que ese es el mejor regalo que le puedes hacer a una familia? No he empezado a recibir regalos y ya tengo 23890 peluches, y 23889 no son aptos para menores de 3 años.

Antes también estaba la típica Tia Herminia que regalaba unas pulseritas de oro con la fecha del nacimiento. Que, a mi, personalmente, me parecen el horror de los horrores. Pero, mira, al ser de un metal precioso lo podías vender al peso, decir que se había perdido en el parque y eso que ganabas. Lo sé, soy el mal.

Otro habitual en el mundo de los regalos es primera puesta, para quien no lo sepa, es ropa de Liliput que se le pone a los recién nacidos porque nacen con una talla -1. Este es un clásico de la familia, que se matan por ser ellos lo que te regalen la primera ropa, así años después, con el pecho palomo pueden coger la fotografía y decir “esto te lo regalé yo” y la descendencia pensará “que mala fue la década de los 2010”.

Pero nadie opta por el ragalo útil, útil a la par de monérrimos y modernoso. Y para eso vengo yo, para que no regaléis lo que va a regalar todo el mundo y tengáis un 10 en hipsterismo.

Cantimploras

844350Para empezar en verano hace calor, las embarazadas y mujeres lactantes tienen que beber agua, como todo bicho viviente. Yo llevo una botella de agua en el bolso, la cojo de la nevera antes de salir, pero un rato después es agua calentorra. Para solucionar mi desgracia nadie ha pensado en regalarme una cantimplora molona, hay marcas más que super conocidas como estas cantimploras de Sigg. Esta marca ha lanzado un formato super práctico de 33 cl, para llevar en el bolso.

También en Etsy se encuentran miles de pequeños diseñadores que customizan este tipo de cantimploras y termos con estampados, monogramas o lo que les pidáis.

water_bottles

1. Gins Monogram Shoppe 2.Zoeysattic

Pero tampoco hace falta partirse el lomo buscando, seguro que en cualquier tienda de deportes encontráis algo un poco original. Si no ahora, que están tan de moda las suscripciones, regalad una de botellas de agua a domicilio.

Potingues

Por poco que la mujer embarazada sea de cremas y maquillajes, en esta época toca cuidarse. Ya expliqué que yo hago un tratamiento plus, pero a cualquiera le podéis regalar una buena crema antiestrías, una hidratante de zanahoria, un jabón amoroso o una crema de almendras y argán – ahora que le ponen argán hasta a la sopa-. Estos regalos pueden ir destinados tanto a la embarazada, como a la descendencia.

potingues

3. Olivia, jabones de cuidado 4. Matarrania

Recordad que algunas cosas como el aloe vera están contraindicados en el embarazo: ALOE VERA, MAL.

No hace falta que os dejéis un dineral, estos ejemplos son económicos y en algunos mercados ambulantes, como ferias medievales, hay paradas de hierbas donde hacen cremas hidratantes naturales más o menos por el mismo precio, que no tienen el packaging mejor diseñado del mundo, pero siempre podéis trabajaros vosotras un envoltorio molón. El packaging de Matarrania tampoco es la mejor idea del mundo pero la formula es de calidad.

Sábanas

Una idea revolucionaria, aunque entra en juego vuestro buen gusto y el de los futuros padres. Yo me he horrorizado con este tema (y otros) en las tiendas de ropa de hogar. Las empresas téxtiles tienen un concepto de la familia extremadamente clásico. Que si sois de los que creen que la ropa de bebé debe ser clásica, adelante, pero pensad en la familia que lo va a recibir, les tenéis que hacer un favor a ellos, no a vosotros.

La idea es regalar algo práctico y que saca de un apuro. Abuelas del mundo, evitad esas sábanas de hilo bordadas a mano con las iniciales de la descendencia en hilo de oro élfico. Las familias hoy necesitamos echar la colada a la lavadora sin pensar en que hay que usar un programa delicado para las sábanas y secarlo al sol el día del solsticio ayudada por unas vírgenes incas. Se trata del aquí y el ya.

¿Por qué sábanas? Estamos hablando de retoños veraniegos y los bebés sudan, defecan y vomitan, no tengamos esa idea de bebés antitranspirantes que nos venden, hay que cambiar mil veces las sábanas. Un juego de sábanas de algodón o de bambú puede ser una idea formidable.

Las cunas tienen un formato estándar de 60 x 120 cm o 70 x 140 cm (las más comunes son las de 60 x 120 cm). Podéis preguntarlo indirectamente y presentaros con un regalazo de aúpa. De hecho, el regalazo sería ideal combinado con una bajera para proteger el colchón, porque cuando vomitan leche materna esa cala hasta el colchón y se queda ahí para siempre, peor que la baba de Alien.

El pack ideal sería la bajera protectora y el juego de sábanas. Si vais a por el pack completo, haced el favor de regalar una bajera protectora de verano, NO DE RIZO que eso es peor que caer en las llamas del infierno. Y si sabéis que los futuros padres va a hacer colecho regalad también la bajera proctectora de la cama matrimonial. Os ganaréis el cielo.

Sábanas

 

5. Tuc Tuc 6. Cottonbaby

Estos son ejemplos de estampados actuales, pero en las tiendas grandes, las que tienen un buen muestrario, hay millones de marcas y si remenáis las existencias lo suficiente, podéis encontrar cosas más que decentes. Hace poco estuve buscando sábanas en la tienda más grande del barrio, al principio solo me enseñaban sábanas rosas o azules, pero cuando llevaba allí un rato empezaron a salir cosas como estrellitas grises, topos de colores, nuves, etc.. Podéis salir de ahí con un juego por 15 euros más la bajera impermeable por otros 15 euros. Y por 30 tenéis un regalo la mar de envidiable, os vas a querer en todos los baby showers.

Muselinas

Para mi es un regalo perfecto, porque son super útiles, frescas y las hay de todos los estampados y colores del mundo mundial. Nunca sobran. Son finas y perfectas, tanto para hacer el porteo en verano sin dejar de hacer piel con piel, para cubrir del sol vuestras modernidades, como para dar el pecho si no te apetece sacar la teta ante el público en general o incluso envolver a la descendencia como un shawarma humano ¿no dicen algunas madres que su progenie está para comérsela? Pues eso. ¡Ñam!

Las hay de ajo, de bambú y de algodón. Aquí también podéis regalar estampados clasicorros del horror como ositos en bicicleta con sombreros de paja, pero si queréis triunfar dad un par de vueltas por las tiendas, hay estampados de todos, TODOS, los estilos. El éxito os espera.

Esta es una fantástica alternativa al peluche si vuestro presupuesto ronda los 9 euros. Hay muselinas de 50 euros en tiendas especializadas en trastos para bebés con la marca muy grande en la puerta, por 20 euros en tiendas de filosofía más de barrio con una calidad excelente y hasta por 7 euros en tiendas de telas y sábanas, con de una calidad decente. Evitad que las muselinas sean muy duras o rígidas, en ese caso os están tomando el pelo.

Muselinas

 

7. Xkko 8. Cuski 9. Biobuu

Las calaveras a mi me hacen gracia, pero si a la futura maternidad le da yuyu, optad por estrellas, animales, topos… ya he dicho que hay estampados de todo tipo.

Toalla de baño con capucha

Una cosa que puede ser útil y monérrima al mismo tiempo son las toallas de baño para churumbeles, aunque no hace falta que sea veraniega la descendencia para que sea útil este regalo.

Como en el caso de las sábanas, hay cosas del horror con jirafas con dientes humanos bordadas en colores imposibles. También podéis optar por una toalla de princesas Disney para niñas o de Cars para niños, pero yo os dejaría de hablar en ese mismo instante y esa noche cenaríais toalla.

Toallas

10. Zonacolor 11. Yatoil 12. Mitani Designs 13. Rub A Dub Buddies

Este regalo también puede ser un DIY, en la red hay varios tutoriales para ello, solo hacen falta un par de toallas y cinta.

Todas las imágenes pertenecen a sus propietarios.

Por ahora, os dejo esta selección. Pero vosotras ¿qué regalaríais?

Moverse por Barcelona con calor

Nota: Solo se puede rajar de Barcelona si vives en Barcelona y quieres la ciudad. Los de aquí rajamos con amor.

Tema peliagudo, el transporte de preñadas.

Desde que se me comenzó a notar la barriga he intentando aprovecharme de la situación. Al principio me salió el tiro por la culata, entraba en el metro haciendo posturas exageradas, con la mano en los riñones sacando una ridícula e incipiente barriga, para que nadie me tomara en serio, contrariamente esa misma ridícula e incipiente barriga atraía las manos sobre ella.

Con las semanas la barriga fue sobresaliendo y a medida que crecía yo me quitaba capas de ropa, maravillas del clima mediterráneo. Con ese crecimiento y destape proporcional al entrar en el metro ya no me hacía falta entrar haciendo el Chiquito-san. Alguna alma caritativa levantaba su culamen para dejarme el sitio “gracias apuesto caballero”, “gracias elegante damisela”.

Este año el sol no ha salido a darnos por saco progresivamente, un día íbamos con chaqueta y al día siguiente me encontraba suplicando por que hubiera cubitos en el congelador. Y no, no son calores de embarazada, es que hace calor así, a lo bruto, maravillas del clima mediterráneo.

El caso es que yo soy muy de metro, me gusta eso de ir bajo tierra, como un topo. Pero por combinaciones he tenido que coger el bus varias veces en los últimos días y puedo reafirmarme en que ir en bus es un mojón. Y doble mojón si estás embarazada.

Empecemos por el mojón básico

La estructura reticulada de Barcelona mola mucho hasta que se ponen a cortar calles para hacer obras, entonces te encuentras 30 calles que solo son de subida y tu autobús tiene que hacer una vuelta hasta el barrio del quinto cuerno para poder hacer un giro.

En el autobús tienes que hacer aspavientos cual dama victoriana ataviada con un corsé en un golpe de calor para que el conductor ponga el aire acondicionado a una temperatura apta para seres de sangre caliente.

Tienes un millón de semáforos, que si no vas por la Meridiana, por Aragó o por alguna vía rápida te vas a comer en rojo, uno tras otro, manzana tras manzana.

Como decía aquella abuela del APM, me desorino cada vez que oigo que quieren hacer de Barcelona una Smart City. Para quien no lo sepa, es hacer de Barna una ciudad inteligente, de las que, los autobuses, llevan un dispositivo que emite una señal que al acercarse a un semáforo lo cambian a verde. ¡Si hay un millón de semáforos! Y da igual como lo hagas, siempre vas a pillar 3 rojos seguidos.

El mojón plus

La categoría diamante mojón está reservado para embarazadas. En el metro hay un millón de bancos, puede que estén llenos pero si te lo propones incrustas tu culamen entre dos desconocidos y ahí que te sientas los minutos que marque el cartel luminoso. Si estás preñada, a la que empiezas a hacer el paso del pavo gordo -caminar como si te hubieras dejado el caballo fuera y con cara de me pesa mucho la barriga- por el andén y te plantas al lado de alguien, este se levanta como si fueras una amenaza te cede su asiento amablemente.

Pero en las marquesinas del bus hay un ridículo apoyaculos y un banco, de plástico amarillo en las marquesinas viejas, gris y curvo en las nuevas, donde caben 4 personas normales o 3 máxiabuelas y sus bolsas. Esto no sería problema si no fuera porque el bus es un transporte de viejos para personas sin prisa y cuando llegas siempre está allí el grupo de las 3 maxiabuelas y sus bolsas, que yo creo que van a pasar la tarde sentadas. Además estas señoras siempre están mal de algo y cuando te ven llegar, aunque hagas el paso del pavo gordo te miran con cara de “no me la vas a colar” y empiezan a hablar de sus 9348 hijos, que han parido sin epidural, por supuesto, y de lo mal que tienen la espalda/piernas/caderas/rótula/presión/cabeza/cualquier otra parte del cuerpo. Así que ahí te quedas, con una humedad que te hace empezar a sudar, con 25 grados a la sombra de ese techito ridículo.

Las abuelas pasan la tarde en la parada del autobús y lanzan sutiles indirectas. ©Hipsterbebe 2014

Las abuelas pasan la tarde en la parada del autobús y lanzan sutiles indirectas. ©Hipsterbebe 2014

Por otra parte, es sabiduría popular que las embarazadas tenemos la vejiga de un hamster. Cuando llegas a la parada del bus y te marca 20 minutos para el siguiente (si no hay cartel luminoso, miradlo en la app Urban Step Bus) puedes buscar bajo el sol abrasador un bar caritativo que te dejen usar su baño sin consumir, pero cuando te pone 5 minutos… ¡ande vas a ir! si te vas lo pierdes seguro y si no vas, tendrás que aguantar el viaje entero, con su traqueteo y sus frenazos, porque hay autobuses muy modernos de gas natural o de hidrógeno que ni traquetean ni pegan frenazos, pero esos solo circulan por el Eixample, el centro y las vías principales, el resto de barrios no salen en el mapa que llevan los guiris. Pues esos traqueteos van directos a tu vejiga, multiplicando exponencialmente las ganas de llegar a destino y lanzarte a dónde sea que te dejen bajarte los pantalones.

Hay otros métodos

Además en la superciudad de la movilidad en bicicleta ni se me ocurre pillar un Bicing.

Y mi moto está aparcada desde el día que hicimos público el embarazo, y me temo que así seguirá por mucho tiempo.

Tampoco me veo tan valiente para ir en estos transportes con mi calabaza. En ambos métodos se va divinamente en verano, sobretodo en bici y pendiente abajo.

Ni hablemos de ir en coche con las ventanillas bajadas o el aire, porque la zona azul vale un riñón, la zona verde vale el riñón y el pulmón y por aparcar en un parking te piden el riñón, el pulmón y la córnea. Nunca jamás de los jamases vas a poder aparcar en una plaza sin colores en la calle.

Los horarios

No solo es que debas esperarte 20 minutos para algunos autobuses, es que además, a medida que llega el calor y los colegios acaban el año lectivo, la frecuencia de paso se ve drásticamente reducida. Esto también pasa en el metro, pero se nota menos.

La ciudad está semiabandonada, sería el momento ideal para una ocupación zombi.

Como mujer embarazada, conforme llega el calor te van informando de lo que no puedes hacer, porque eres una carga para la sanidad. Lo principal es que no salgas en las horas de máximo calor… ¡qué estamos hablando de Barna! ¡aquí no refresca ni por la noche! Pero lo mejor es que no salgas en las horas cuando el sol golpea con más fuerza porque te vas a fundir y todo lo que encontrarán de ti es un charco de sudor y un bebé flotando encima. Así que ajusta los horarios en los que sí puedes salir con el horario de tu bus y calcula que, seguramente, tardarás 2 horas en llegar, desde que sales de casa a tu destino más las paradas que necesites en busca de baño que necesites hacer por el camino.

Y vosotras ¿cómo transportáis vuestras calabazas en verano?

No soy una unicornio (II)

Avanzan las semanas, afortunadamente, y a medida que mi barriga crece se hacen patentes síntomas que son topicazos.

Hoy tenemos: uñas que se rompen, encías que sangran y cabezas volátiles.

Todo es muy dramático para las que no somos unicornios ©hipsterbebe 2014

Todo es muy dramático para las que no somos unicornios ©hipsterbebe 2014

  • Uñas que se rompen

Dejad que os ponga en antecedentes.

Antes del embarazo tomaba aceite de onagra. Comencé a tomar las perlas porque mi doctora -una doctora con todos sus años de carrera, de interna y de especialización- me lo aconsejó para regular los dolores de la regla (*). Después descubrí que es de esas cosas que son buenas pa’tó: Fortalece el pelo, las uñas, las mucosas digestivas, las articulaciones… Tiempo más tarde descubrí que también era una ayuda al organismo de la mujer cuando se busca un embarazo, pero no está recomendado durante el mismo. Así que cuando supe que estaba embarazada dejé de tomarlo.

Había oído que las uñas se debilitan con el embarazo y para mi ignorancia absoluta pensaba que esas cosas en realidad no pasaban. En mi caso, las semanas que siguieron desde que dejé la onagra no noté nada radicalmente diferente. Supongo que tras años y años de onagra mi cuerpo tenía reservas, pero en pocas semanas las reservas se agotaron y ahí me dí cuenta de mi error. Romperse una uña suena a niña pija, pero lo cierto es que romperse una uña y no poder arreglarlo es una cosa que me desespera, por un lado se engancha con todo y por el otro se va rompiendo más y más.

La única solución que he encontrado hasta que pueda volver a tomar el aceite, al que volveré, es pintarme las uñas. Con una capa de pintura los golpes se los lleva el esmalte y mis uñas duran un poquito más, que no significa que duren mucho.

*Estoy un poco frita de que se relacione cualquier planta con una especulación de remedios de abuela.

  • Encías que sangran

Es un síntoma común en las embarazadas. A mi me han sangrado menos que nada, pero como se tratar de quejarse y dramatizar la situación, pues a ello me dispongo. Hay gente a quien le sangran un montón, así en plan gore. Avisadas quedáis.

El horror en la boca, las encías irritadas y es lavarse los dientes y ver un espectáculo rojo. Ya quisiera R.R. Martin algo así para sus libros.

  • Cabeza volátil

La niña bonita. El mito de los mitos. Tener la cabeza en otro sitio, eso que parecía una exageración, un hecho llevado a más por el boca oreja. ¡Pues no! Real como la vida misma, experimentado en mis propias carnes.

Ejecutar la acción “rellenar vaso” desde “botella de Coca-Cola sin cafeína” hasta “vaso con hielo y limón” antes del embarazo me costaba 5 segundos, en el punto en que me encuentro ahora me cuesta 15 minutos y lo hago mal. Me distraigo con la etiqueta, con la forma del limón, con lo graciosos que son los hielos redondos, con la forma que tienen las burbujitas de subir, con los zapatos de la camarera, la silla que cojea…

Y vosotras ¿con cuál de estos síntomas os quedáis?

Cómo se cuida una orco (I)

Como ya dije en la entrada de No soy una unicornio (I), mi revolución hormonal me ha llevado a dedicarme más horas de las que me dedicaba. Cosa que no es mala, porque te dicen que ahora que puedes, te dediques muchos ratos, te cuides, te mimes -porque luego el ser humano que saldrá de tus entrañas no te dejará ni respirar, así que olvídate de las cremas-.

Así que ese punto lo cumplo, de manual.

¿Pero cómo se cuida una orco? En todos los embarazos se recomienda que se proteja la piel del sol, sea invierno o verano, porque ya se sabe en los países del Mediterráneo hay sol 340 días al año -luego vienen los guiris y flipan de que esté nublado y llueva-. Así que hoy voy a hablar de cremas solares.

© Hipsterbebe 2014

© Hipsterbebe 2014

Todo comenzó con la que tenía del año pasado. Una de marca megabuenísima de farmacia, pero que debía estar caducada porque fue ponérmela y salir a un festival de sopas que celebran en el barrio. Nota irónica es que ni al sr. Moderno ni a mi nos gustan las sopas, invento del demonio, pero en el festival hay platos que tienen el título de sopa por compromiso, porque en mi pueblo una paella no es una sopa, por mucho caldo que lleve.

A ver, que me pierdo… La crema.

Me puse la mencionada crema, a primeros de marzo hacía un sol que te morías, y salimos a comer barato probar platos del mundo. Por la tarde empecé a notar las mejillas muy calientes y, para mi sorpresa, por la noche era como si me hubieran dado un par de guantazos con la mano abierta. Ahí estaba yo con una bolsa crudites congeladas en la mejilla izquierda y una bolsa de arroz congelado tres delicias en la derecha, pensando si sería una intoxicación alimentaria y, por consiguiente, esperando lo peor. Gracias al cansancio no lo busqué en Google o habría obtenido diagnósticos apocalípticos.

Al día siguiente, mis mejillas eran como las de Heidi, pero con una textura de granitos, encantador. Me unté la cara con una capa de 3 cm de grosor de crema hidratante. Pero me encontraba divina de la muerte, así que descarté la intoxicación alimentaria y opté por el maquillaje, pero es el que siempre uso. ¿Había usado algo nuevo? No, solo la crema que salía para la nueva temporada primavera-verano.

Fui probando cremas solares a base de muestras de la farmacia y reaccionaban en mayor o menor grado al sol, pero reaccionaban.

Marca random A. Iba a la playa, manchas rojas estilo dálmata. Justo ahora que se lleva el estampado de cebra, ya es mala suerte.

Marca random B. Salíamos a pasear, líneas rojas en plan pinturas de guerra. Eso no combina con nada.

Hasta que le comenté el tema a una amiga que vende una de esas marcas que huelen a venta piramidal. Me dijo que ella me dejaba probar la crema y si me gustaba ya decidiría. No podía ser peor de lo que ya había visto en mis mejillas. Para mi infinita sorpresa la crema ha sido la que he tenido, sin reacción al sol. Manda huevos, tanta farmacia para acabar con la última crema que me esperaría, y tiene todas las certificaciones.

Ya tengo crema para este verano. Para rematar la crema huele a playa.

Y vosotras, ¿cómo cuidáis del sol a vuestra orco exterior?

¡Pero qué gorda!

Que alguien haga el favor de explicármelo. Haced el experimento, salid corriendo ahora mismo a la calle y a la primera embarazada que veais, si posible que sea primeriza, le gritáis con una sonrisa “¡pero qué gorda!” ¿cómo se supone que debe reaccionar esa embarazada?

¡Pero qué gorda! hipsterbebe

© hipsterbebe 2014

¿Te da las gracias por si a caso ella no se había dado cuenta de que en estos meses le ha crecido una calabaza en la barriga?

¿Te pega dos guantazos con la mano bien abierta?

¿Se echa a llorar y maldice su suerte por no tener pene?

¿Da gracias al cielo porque alguien le diga lo que ella ya sabía cuando se ha pasado 15 minutos luchando por entrar en unos pantalones de no-pre-mamá?

Tú, ser humano despreciable, ¿en qué estás pensando? Porque cuando le dices a una embarazada, a ser posible primeriza, ¡pero qué gorda! no se lo dices al melón que tiene enganchado bajo la ropa, se lo dices a ella. Se lo dices a una mujer que ha perdido todo control sobre su cuerpo, puede que al estornudar se le escape el pis, puede que no pueda caminar más de 20 minutos sin mearse viva por los rincones, puede haya tenido que dejar de comer jamón del bueno, puede que haya perdido su trabajo por quedarse embarazada, puede que le hayan salido unas hemorroides que parezcan cacahuetes sin pelar, puede que tenga varices en el mismo sitio por donde tendrá que salir su descendencia, puede que le hayan dicho que tiene diabetes gestacional y esté viviendo un calvario pesando gramito a gramito comida sosa y aburrida cuando lo que quiere es comerse un bocadillo de 5 pisos de Nocilla coronado por nata y chucherías.

Haya engordado 3 kilos o 16, no importa, una embarazada no quiere oír un ¡pero qué gorda! Lo que una mujer embarazada quiere oír es “¡pero qué bien lo llevas! ojalá yo lo hubiera llevado/lleve en el futuro tan bien como tú, ¡oh, diosa de la femeninidad! ¡oh, ejemplo de la mujer moderna! me postro a tus pies (reverencia/genuflexión)”.

Me dicen ¡pero qué gorda! y pienso “¡Y dale! Pues tú sigues igual de feo”, pero no lo digo por educación, me limito a escribir un post con todo mi resquemor acumulado.

El otro día, en una reunión me dijeron “¡ahora sí que se te nota la barriga!”, eso sí que se lo puedes decir a una embarazada, a ser posible primeriza. Más concretamente, me lo puedes decir a mi sin que te desee un mes de diarrea.

El summum es que me llamen gordi. Gordi es el gordo de los Goonies, y de gordi nada, estaba gordo gordo. ¿Gordi? ¿en serio? es como cuando cotillean de alguien y para ofender, pero no demasiado, dicen “mírala, como se ha puesto de gordita”.

Me pregunto si aunque seas una embarazada constrictor -son esas mujeres que engordan única y exclusivamente los kilos mínimos y parece que se hayan tragado al feto- te mira con cara risueña y dejan ir un ¡pero qué gorda!

Y vosotras ¿qué cara poníais con esas frases típicas? ¿le habéis soltado alguna perla del tipo gordi a alguna embarazada?