Cuidado personal

Maquíllate, maquíllate. Los inicios.

Había una vez una minimoderna, futura Sra. Gafapasta. Eran los tiernos inicios de la década de los 90, a la minimoderna le regalaron una paleta de maquillaje.

La minimoderna amó su paleta de maquillaje porque era finita, de color rojo oscuro y tenía forma de corazón. La tapa por dentro era un espejo, obviamente con forma de corazón. La paleta tenía sombras de ojos y labiales.

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Os podéis imaginar la felicidad de aquella minimoderna.

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Como se cuida una orco. Edición postparto

Esta entrada ronda mi mente desde hace 3 meses, es decir, desde que nació el sr. Oh.

Ahí estás, más o menos flamenca, pero invisible. Pasa de ti hasta tu madre, que solo tiene ojos para su descendiente y aunque tu adrenalina está por las nubes, feliz y orgullosa, pocos piensan en tu maltrecho cuerpo, que ha pasado del modo “pavo relleno” al modo “pavo flácido”.

Por eso traigo aquí una edición especial para las orcas recién paridas.

Primero de todo es super importante seguir cuidando la piel. La piel tiene que volver a un tamaño normal, lo que no significa que no puedan aparecer estrías, si no al contrario. Así que una buena crema reparadora o la misma crema para las estrías que habéis usado durante el embarazo será suficiente.

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Otro greatest hit del postparto es la caída del cabello. No estoy tan segura que sea una reacción hormonal como la falta de sueño y cordura de los primeros días. Yo tenía la sensación de que no se me caía el pelo más que durante el embarazo, pero cambié de opinión cuando el sr. Moderno me regaló un cojín de lactancia relleno de los pelos que había ido recogiendo por la casa. Una gran diferencia la hizo un tratamiento de Skin Method (gracias a Madresfera), no sé si se me dejó de caer pero dejó de parecer un matojo seco.

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Mientras que hay una colección de greatest hits, hay algunos greatest secrets, que deduzco siguen siéndolo por vergüenza. A mi nadie me había dicho que el postparto podía restreñirme hasta extremos desconocidos y después de múltiples combinaciones y remedios extraños dados por las matronas del CAP, encontré una solución basada en cantidades ingentes de fibra, bizcochitos de All Bran y abandonar el suplemento de hierro. Puede parecer patrocinado, pero no, es puro amor a los bizcochitos que me devolvieron la sonrisa y dejé de parecer una funcionaria sin paga de Navidad.

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Cuanto más días pasan y más nos acostumbramos a la rutina del sr. Oh, poner pañal, teta, siesta, llanto, brazos juego, cambiar pañal y vuelta a empezar, menos momentos encuentro para arreglarme las uñas. Parecerá una manía, pero al dejar la onagra al inicio del embarazo mis uñas aguantaron muy poco en un estado decente. Ahora, todavía aguantan menos. Y, honestamente, suficiente tengo con encontrar el momento de contarle los cutters que tiene por uñas el sr. Oh que crecen de un día para el siguiente, como buen hijo de orca peluda que es. Así que en mi lista que cosas para hacer está darle a mis garritas un tratamiento de amor.

Todos estos males tienen un remedio común, adicional a cremas y bizcochos: agua. Hay que beber agua, cada vez que pasas por un médico o matrona te dice lo mismo “bebe al menos 2 litros de agua”, si bebiera esos 2 litros por cada médico que me lo ha repetido, hoy protagonizaría un programa en Discovery Max.

Y vosotras ¿qué tratamiento postparto seguísteis?

Conociendo a Mi Bebé Orgánico

Por si no lo habíais notado, me encantan las cremas corporales, así que cuando me contactó Mi Bebé Orgánico para probar los productos de su tienda online, en los ojos me salieron 2 corazones en lugar de pupilas.

Mi Bebé Orgánico es el proyecto que nace de la necesidad, como lo son las mejores ideas. Su fundadora buscaba una serie de productos con certificado orgánico para regalar y se encontró con que la mayoría de tiendas on-line no tenían los productos que ella buscaba y tenía que ir de tienda en tienda para organizar la canastilla con la que ella soñaba regalar.

Según sus propias palabras “Mi sorpresa llegó cuando me puse a buscar en tiendas con esta línea de producto y no sabes lo complicado que me resultó. Aquí encontraba esto, allá lo otro, en esta que tenían de todo pero no hacían envíos a España… total que terminé pagando portes en no me acuerdo cuantas tiendas diferentes, cosa que te podrás imaginar lo que me molestó”.

Y tiene toda la razón ¿a quién no le ha molestado alguna vez no encontrar todo lo que busca en una única tienda online y acabar con varios carritos de la compra abiertos y una calculadora haciendo números con los gastos? A mi encontrarme en estas circunstancias me pone del revés.

Mi Bebé Orgánico llega para solucionar ese problema.

Además, mi deformación profesional hizo que me quedara maravillada con el diseño de la marca. ¿Porqué? Por que la mayoría de empresas orientadas al “eco”, “bio” y “sostenible” omiten completamente la imagen, muchas creen que con la opción “responsable” no tienen que comunicar nada más y navegas por páginas que distan mucho del concepto cercano de los productos de cuidado corporal y que, sinceramente, te quitan las ganas de comprar y acabas pensando que una crema cualquiera te puede servir “¿para qué me voy a gastar 20 euros en una crema si la tratan con tan poco cariño?” cuando piensas eso cometes un ¡error!

En su tienda online veréis que además de un cuidado entorno que emana el cariño por sus productos, podéis buscar por “bebé”, “mamá” o por marca. Y si esto de las cremas os suena a chino, os recomiendo enviar un email y os asesorarán para crear la canastilla ideal para esa madre a quien queréis sorprender y ese bebé al que ya queréis estrujar mimar.

Y no se vayan todavía, porque aún hay más. Tenéis dos opciones de envío, la normal, que ya de por sí inspira la esencia de sus productos, y por un mínimo plus packaging de regalo que da pena deshacer, que es la de estas fotografías. ¡Y todo con papeles reciclados y tintas ecológicas!

Tengo que pedir perdón desde aquí, ya que, como soy una agonías, nada más recibir el paquete lo tuve que abrir y fotografié el unboxing con la cámara del móvil, que cuando se calienta se vuelve majara con los contrastes (y la mesa negra en un día nublado tampoco me ayudaron). Las fotos no hacen justicia al packaging de regalo.

mibebeorganico_01 mibebeorganico_02mibebeorganico_03Estoy deseando que llegue nuestra minimodernidad para probar todas estas cremas.

Y vosotras ¿conocéis Mi Bebé Orgánico?

Cómo se cuida una orco (II). Varices y estrías

Releyendo la primera entrada de esta saga me doy cuenta de que no se entiende nada. Creo que la escribí en uno de esos días cuando me vencía el sueño, el cansancio y las hormonas estaban jugado a paintball con mis neuronas.

Lo que quise explicar en aquella ocasión era mi experiencia con las cremas solares. Cuando me puse la primera crema me hizo una reacción muy extraña. Posteriormente, me dieron algunas muestras en la farmacia, pero el resultado tampoco era ideal. Hasta que dí con una crema que en principio me fue genial.

Digo en principio porque a día de hoy la he testado en varias situaciones y la definiría como una crema urbana, ideal para extender sobre la piel de cara, cuello, escote, brazos y piernas poco antes de salir y aplicar el maquillaje habitual encima, pero nada cómoda para la playa ni para la piscina. Sigo en mi búsqueda de una crema solar preñil.

Tampoco es culpa de todas las cremas. Tengo una piel muy muy rara, porque tengo la piel normal. La mayoría de la gente la tiene seca, grasa o mixta, pero la mía es normal.

Como no sólo crema solar necesita una piel sana hoy voy a hablar del tratamiento de la piel de los pechos, barriga, muslos y piernas que he hecho hasta hoy.

A partir de aquí voy a mencionar nombres comerciales, pero este post no es patrocinado.

Los antecedentes

Todo el tratamiento que hago no tendría sentido si no doy los antecedentes.

Todo el mundo tiene un oscuro pasado, en mi caso la adolescencia me pasó factura con la silueta y pasé en pocos meses a ganar mucho peso. Al mismo tiempo hacía ejercicio, nadaba 3 días a la semana, una temporada me dio por una clase que hacían en el gimnasio donde enseñaban una mezcla de full contact, taekwondo y boxeo, otro verano me dió por el tiro con arco, y era una aprendiz eterna de staker, nunca hice un triste ollie decente. El resultado: me salieron unas estrías brutales en los muslos, que sin el ejercicio podría haber sido peor.

Cuando ya había ganado el peso, el pecho me creció de golpe, hizo “pum” y pasé de unos pechitos a unas megatetorras. Resultado: Megaestrías 2, la venganza de las estrías.

Pocos años más tarde conocí al sr. Moderno y salí de la adolescencia con 20 kilos menos, las megatetorras se desinflaron y quedaron en tetorras, unas estrías disimuladas y varias venitas varicosas consecuencia del peso.

Las estrías

Así me planto 14 años más tarde, con esas estrías en los muslos y los pechotes, finitas y de color beige, tras haber pasado por mil cremas. También comenté en otra entrada que tomaba perlas de aceite onagra, que entre otras cosas, favorece la hidratación de la piel lo cual ayuda a la piel a recuperarse.

No voy a negar que me preocupaba qué pasaría con el embarazo. Todas hemos visto esas fotos que sirven para horrorizar al personal, pero yo ya venía con estrías de serie y mi pregunta era si iban a salir nuevas, ampliarse las ya existentes o me iba a convertir en una orco 200% y las estrías se iban a volver rojizas y violetas para no abandonarme nunca más.

Las varicosas

Si una se cuida las venitas varicosas no tienen porqué pasar a ser varices hechas y derechas, pero como con las estrías, todas hemos visto imágenes de varices del embarazo. Algunas desaparecen en el postparto y otras no.

En mi caso, hasta el embarazo las controlé con Trombocid Forte en verano, cremas hidratates con flores de Bach para la circulación, frío y piernas en alto cada noche de mi vida un rato antes de dormir. Nunca he dicho que no costara mantener las varicosas en ese estado.

Piernas en alto. ©Hipsterbebe 2014

Patas pa’arriba. Me dibujo como me da la gana y me ahorro pintar el millón de varicosas que tengo. ©Hipsterbebe 2014

El tratamiento

Visto todo el tratamiento previo, con el embarazo me veía haciendo el pino puente con cremas, meditación trascendental, reiki, aceites y potingues.

Acabo la ducha con agua fría, pasando el teléfono de abajo a arriba.

Después de la ducha me aplico aceite antiestrías BIO de Matarrania en pecho, barriga y muslos.

Repaso los muslos, que es donde han ido todos los quilos, con la loción corporal hidratante para pieles secas de Le Petit Marseillais mezclada con Flores de Bach para las estrías. Las cremas para pieles secas suelen ser exageradamente grasas, aplicadas sobre una piel normal, pero esta es una crema muy suave y se absorbe la mar de rápido. Lo único que no me gusta de este envase es el dispensador. Me limpio las manos frotando lo que me queda en el saludo de playa de los brazos.

Acabo con las piernas aplicando una crema de aceite de oliva de Mercadona mezclada con Flores de Bach para la circulación. Cuando me llegaba me limpiaba los restos masajeando los pies, ahora sacudo la crema en los pies como si espantara moscas.

Como me ducho por la noche, hago una aplicación de la loción de Le Petit Marseillais con antiestrías en pecho, barriga y muslos por la mañana y a mediodía.

Por supuesto, sigo poniendo las piernas en alto, pero lo incluyo dentro de la tabla de ejercicios que nos recomendó la fisioterapeuta para preparar el parto.

En el momento en que escribo esta entrada estoy de 32 semanas y, aunque quedan las peores semanas, de momento no he visto estrías nuevas y sí algunas venitas nuevas. No puedo recomendar esta combinación a todo el mundo porque cada piel es distinta, pero a mi me está funcionando.

Hay que seguir esta rutina unos meses después del parto, para que las carnes vuelvan a su sitio y no quede nada colgón.

Postparto y lactancia

Ahora mismo he abandonado cualquier infusión fermentada y la cafeína en general. Pero con la lactancia volveré a tomar rooibos.

¿Por qué rooibos? Porque además de ser antioxidante, entre sus muchos minerales destaca el hierro. Este ayuda a distribuir el oxígeno en el organismo. Es decir, ayuda en la recuperación postparto.

¿Por qué no volver a tomar onagra? La onagra está desaconsejada durante el embarazo y la lactancia. Mientras que las infusiones fermentadas solo están desaconsejadas durante el embarazo y el roobios no contiene cafeína ni teína.

Y vosotras ¿tenéis alguna combinación potinguil?

No soy una unicornio (II)

Avanzan las semanas, afortunadamente, y a medida que mi barriga crece se hacen patentes síntomas que son topicazos.

Hoy tenemos: uñas que se rompen, encías que sangran y cabezas volátiles.

Todo es muy dramático para las que no somos unicornios ©hipsterbebe 2014

Todo es muy dramático para las que no somos unicornios ©hipsterbebe 2014

  • Uñas que se rompen

Dejad que os ponga en antecedentes.

Antes del embarazo tomaba aceite de onagra. Comencé a tomar las perlas porque mi doctora -una doctora con todos sus años de carrera, de interna y de especialización- me lo aconsejó para regular los dolores de la regla (*). Después descubrí que es de esas cosas que son buenas pa’tó: Fortalece el pelo, las uñas, las mucosas digestivas, las articulaciones… Tiempo más tarde descubrí que también era una ayuda al organismo de la mujer cuando se busca un embarazo, pero no está recomendado durante el mismo. Así que cuando supe que estaba embarazada dejé de tomarlo.

Había oído que las uñas se debilitan con el embarazo y para mi ignorancia absoluta pensaba que esas cosas en realidad no pasaban. En mi caso, las semanas que siguieron desde que dejé la onagra no noté nada radicalmente diferente. Supongo que tras años y años de onagra mi cuerpo tenía reservas, pero en pocas semanas las reservas se agotaron y ahí me dí cuenta de mi error. Romperse una uña suena a niña pija, pero lo cierto es que romperse una uña y no poder arreglarlo es una cosa que me desespera, por un lado se engancha con todo y por el otro se va rompiendo más y más.

La única solución que he encontrado hasta que pueda volver a tomar el aceite, al que volveré, es pintarme las uñas. Con una capa de pintura los golpes se los lleva el esmalte y mis uñas duran un poquito más, que no significa que duren mucho.

*Estoy un poco frita de que se relacione cualquier planta con una especulación de remedios de abuela.

  • Encías que sangran

Es un síntoma común en las embarazadas. A mi me han sangrado menos que nada, pero como se tratar de quejarse y dramatizar la situación, pues a ello me dispongo. Hay gente a quien le sangran un montón, así en plan gore. Avisadas quedáis.

El horror en la boca, las encías irritadas y es lavarse los dientes y ver un espectáculo rojo. Ya quisiera R.R. Martin algo así para sus libros.

  • Cabeza volátil

La niña bonita. El mito de los mitos. Tener la cabeza en otro sitio, eso que parecía una exageración, un hecho llevado a más por el boca oreja. ¡Pues no! Real como la vida misma, experimentado en mis propias carnes.

Ejecutar la acción “rellenar vaso” desde “botella de Coca-Cola sin cafeína” hasta “vaso con hielo y limón” antes del embarazo me costaba 5 segundos, en el punto en que me encuentro ahora me cuesta 15 minutos y lo hago mal. Me distraigo con la etiqueta, con la forma del limón, con lo graciosos que son los hielos redondos, con la forma que tienen las burbujitas de subir, con los zapatos de la camarera, la silla que cojea…

Y vosotras ¿con cuál de estos síntomas os quedáis?

Cómo se cuida una orco (I)

Como ya dije en la entrada de No soy una unicornio (I), mi revolución hormonal me ha llevado a dedicarme más horas de las que me dedicaba. Cosa que no es mala, porque te dicen que ahora que puedes, te dediques muchos ratos, te cuides, te mimes -porque luego el ser humano que saldrá de tus entrañas no te dejará ni respirar, así que olvídate de las cremas-.

Así que ese punto lo cumplo, de manual.

¿Pero cómo se cuida una orco? En todos los embarazos se recomienda que se proteja la piel del sol, sea invierno o verano, porque ya se sabe en los países del Mediterráneo hay sol 340 días al año -luego vienen los guiris y flipan de que esté nublado y llueva-. Así que hoy voy a hablar de cremas solares.

© Hipsterbebe 2014

© Hipsterbebe 2014

Todo comenzó con la que tenía del año pasado. Una de marca megabuenísima de farmacia, pero que debía estar caducada porque fue ponérmela y salir a un festival de sopas que celebran en el barrio. Nota irónica es que ni al sr. Moderno ni a mi nos gustan las sopas, invento del demonio, pero en el festival hay platos que tienen el título de sopa por compromiso, porque en mi pueblo una paella no es una sopa, por mucho caldo que lleve.

A ver, que me pierdo… La crema.

Me puse la mencionada crema, a primeros de marzo hacía un sol que te morías, y salimos a comer barato probar platos del mundo. Por la tarde empecé a notar las mejillas muy calientes y, para mi sorpresa, por la noche era como si me hubieran dado un par de guantazos con la mano abierta. Ahí estaba yo con una bolsa crudites congeladas en la mejilla izquierda y una bolsa de arroz congelado tres delicias en la derecha, pensando si sería una intoxicación alimentaria y, por consiguiente, esperando lo peor. Gracias al cansancio no lo busqué en Google o habría obtenido diagnósticos apocalípticos.

Al día siguiente, mis mejillas eran como las de Heidi, pero con una textura de granitos, encantador. Me unté la cara con una capa de 3 cm de grosor de crema hidratante. Pero me encontraba divina de la muerte, así que descarté la intoxicación alimentaria y opté por el maquillaje, pero es el que siempre uso. ¿Había usado algo nuevo? No, solo la crema que salía para la nueva temporada primavera-verano.

Fui probando cremas solares a base de muestras de la farmacia y reaccionaban en mayor o menor grado al sol, pero reaccionaban.

Marca random A. Iba a la playa, manchas rojas estilo dálmata. Justo ahora que se lleva el estampado de cebra, ya es mala suerte.

Marca random B. Salíamos a pasear, líneas rojas en plan pinturas de guerra. Eso no combina con nada.

Hasta que le comenté el tema a una amiga que vende una de esas marcas que huelen a venta piramidal. Me dijo que ella me dejaba probar la crema y si me gustaba ya decidiría. No podía ser peor de lo que ya había visto en mis mejillas. Para mi infinita sorpresa la crema ha sido la que he tenido, sin reacción al sol. Manda huevos, tanta farmacia para acabar con la última crema que me esperaría, y tiene todas las certificaciones.

Ya tengo crema para este verano. Para rematar la crema huele a playa.

Y vosotras, ¿cómo cuidáis del sol a vuestra orco exterior?

No soy una unicornio (I)

Una unicornio es como llamamos el sr. Moderno y yo misma a esas mujeres que llevan un embarazo de ensueño, sin hinchazón, cogiendo el peso justo, con energía imparable durante 39 semanas. Sacamos el nombre de la película What to Expect When You’re Expecting, no vayan a pensar ustedes que somos tan originales. En nuestra opinión modernil, la película no vale un pimiento -y yo le tengo especial manía a Matthew Morrison como actor, a quien parece que siempre le duela algo y se esté aguantando-, pero al acabar esos 110 minutos de personajes estereotipados en situaciones de dificultades ligth y problemas descomunales que se solucionan en pocas semanas, salimos con la idea de que algunas mujeres son unicornios y otras sencillamente humanas.

Todas tenemos algo de unicornio y todas tenemos algo de orco durante esas 39 semanas. Hoy me voy a centrar en mi top 3 de lo que me hace ser un orco no ser una unicornio.

Estoy igualita que una ceb, y si no me creeis mirad aquí: https://hipsterbebe.files.wordpress.com/2014/04/a9ea9-embarazadas.png mitos, unicornio, embarazada, piel, pelo y depilación

Estoy igualita que una ceb, y si no me creéis mirad aquí

  • El pelo divino de la muerte. Con la subida de hormonas de todos los colores, el pelo se vuelve un pelazo que ríete de los anuncios de Pantene, Fructis y H&S todo junto y bien revuelto. ¿Sí, verdad? Pues no. Yo no tenía mal pelo, -énfasis en tenía- mantenía con mi cabellera un entente cordiale y con una pinza y dos clips iba bien apañada, incluso los días indomables por la humedad de Barcelona hacía una trenza aquí y un clip allá y aguantaba un rato. Al principio no noté nada, pero a partir de la semana 12 mi pelo se volvió graso y apelmazado, muy amigo de la estática, un asquito solo lucible recién salida de la ducha. Eso fue hasta la semana 22, cuando noté que recogía menos pelos en la ducha y que ya no tenía esas sensación de pelo tan apelmazado, ahora más es manejable y brillante, pero no es lo que tenía antes de la preñez, porque cuando creía que esta metamorfósis me daría un descanso me encuentro… ¡qué tengo caspa! sí, caspa, un síntoma asociado de toda la vida a las embarazadas, léase la ironía. Me siento estafada, no te jode… tanta historia con las melenas espectaculares que prometían los libros sobre la evolución del embarazo que ya me veía meneando el buyate y la panza al tiempo que agitaba una espléndida cabellera ondulada, para esto, un pelo medianamente aceptable que me pide más cuidados que nunca, eso sí, brillante como prometen.
  • La piel de celebrity. En el número 2, tener una piel que te ciega de la luz que desprende. Te dicen que, de nuevo, gracias a la acción de 29254893 hormonas diferentes que generas, vas a tener una piel resplandeciente que te cagas. Que si las embarazadas tienen esa alegría en la piel, que si el acné desaparece… ¡otro mojón pa’a mi! Yo tenía una piel que no tenía nada de malo y mucho de bueno, lo que se llama una piel normal, sin zonas grasas ni secas. No voy a negar que me gustaba mucho mi piel, con un acné mínimo solo perceptible con la regla. Incluso en la adolescencia tuve pocos granos y nunca he conocido un punto negro. Pero toda esa alegría dérmica que me acompañaba pasó y durante meses he tenido la piel hecha una birria: granitos en mentón, mejillas y frente, reacciones por ponerme al sol, zonas grasas y zonas secas, irritación con el viento, labios cortados… ¿dónde está la piel de celebrity que prometen libros y revistas? Mi dermatóloga me aconsejó que no cambiara mis productos habituales. Durante el embarazo, gracias a las 124665424578878 hormonas citadas anteriormente, pueden surgir reacciones a productos nuevos o poco usados. De esta manera si cambias algo y las mejillas se convierten en cordilleras volcánicas puedes detectar qué ha provocado esa reacción.
  • La depilación de una diosa. En mis 31 años de vida he escuchado, por activa y por pasiva, que durante el embarazo no te crece el pelo, es decir que te libras de depilarte axilas, piernas, cejas y lo que os depiléis vosotras. Pues no sé vosotras pero yo soy un puto yeti alopécico. Tan pronto parezco un gatito, peludito y mullidito, ahí sí que me ha salido un pelo suave, largo y brillante, de película que da hasta gustito acariciar, como paso a tener una piel en las cachas que no he tenido en mi vida, suave sin intención de despuntar ni medio capilar, que da gustito pasar la mano porque no hay ni pelusillas, como un anuncio de esos donde una chica de sonrisa blanca florescente se pasa la slikepill como si fuera una experiencia mágica.

Hasta aquí mi top 3 de síntomas que me hacen un orco preñado. Más en la próxima entrega. Y entre tanto ¿cuál es vuestro top 3 de síntomas que os hacen un no-unicornio?