Fiesta y cachondeo

Las parejas perfectas

Cuando era pequeña las cosas eran diferentes. En muchos sentidos. A veces me da por pensar en cómo era algo y como es ahora. Casi siempre gana el ahora. A mí personalmente, la nostalgia me da dentera.

Una de las cosas me da por pensar es en las parejas “perfectas”. Allá por los 80 fueron la folclórica y el torero. En los 90, la cantante y el modelo.

Cada sector profesional, tiene su “star system” y su match perfecto de parejas.

En el mundo del diseño, se me ocurren combos tradicionales (son intercambiables en género y orden):

  • La diseñadora gráfica y el diseñador industrial.
  • El redactor y la creativa.
  • La fotógrafa y el ilustrador.
  • El arquitecto y la interiorista.
  • La interiorista y el fotógrafo.
  • El animador y la ilustradora.
  • La fotógrafa y el diseñador gráfico.
  • El diseñador gráfico y la ilustradora.
  • La diseñadora gráfica y el fotógrafo. 
  • El informático (holi, Sr. Moderno) y la diseñadora gráfica (jijiji).

Algunos combos han aparecido en esta etapa de los 2010:

  • La Community Manager y el ilustrador.
  • El programador y la diseñadora visual.
  • La UX resercher y el diseñador de UI.

Y lo que vendrá.

Así que, para acabar esta semana, os propongo un juego: ¿Qué parejas perfectas hay en vuestra profesión?

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Una historia de La Adaptación

Estoy agobiada. Por la vida en general. Por no poder escribir en particular.

También me agobia el Sr. Natural. Y su pulposidad. Y su nueva guardería. Y su adaptación, de la que os voy a hablar.

Pero, antes retrocedamos unos instantes en el tiempo.

Retrocedamos 2 años. No son instantes, lo sé. Tampoco os pongáis tan quisquillositas.

En ese momento, el Sr. Oh! no había entrado en la guardería municipal. Estábamos como los 9° en la lista de espera. Me dijeron “Espera que seguro que te llamamos”.

Y todavía estoy esperando.

Me decidí por ir a la privada. Me mentalicé, preparé al Sr. Oh, le comí la oreja, que tendría un espacio para él, que qué bonito todo.

Fail.

La adaptación del Sr. Oh! fue un cagarro. Duró semanas, SEMANAS, varias, múltiples, largas y duras semanas. He dicho semanas, marranas. Vamos, que fueron varios meses.

Ahora, hagamos una elipsis temporal hasta el noviembre del año pasado (2016).

El Sr. Natural ya había nacido, se desenmascaró como el pulpo inquieto que es, y yo me puse a trabajar. Montamos un circo, donde él pasó de mano en mano, como la farza monea, con varias agentes involucradas. Todas ellas saben que cuando te agarra, no hay escapatoria.

El Sr. Natural así, todol día

Los meses pasaron, llegó el sorteo de plazas de la guardería municipal y entró. La gente no paraba de repetir que todo esto iba muy bien para que luego al Sr. Natural no le costara nada la adaptación a la guardería.

Los.

Cojones.

Al Sr. Natural la adaptación le está costando. Se piensa que lo vamos hacer al horno. O a la gallega. Cada vez que lo pongo en el carro, 4 patas con ventosas me atrapan y no hay manera. Cuando llegamos al colegio, se me engancha y hace pucheros. Lo pasa mal, porque me echa de menos. O porque nunca me ha tenido lo suficiente para él solo. O porque es porculero y no hay más.

Así que en ello estamos, en plena adaptación del Sr. Natural.

Y las marcas de las ventosas, vosotras ¿cómo las lleváis?

Una visita a: The Art of the Brick. Edición Barcelona

Hace ya algunos días que no publicaba en viernes, el día que habíamos reservado para el Hipsterchannel de la Hipsterfamily, pero llevamos unas semanas bastante liados y no hemos podido editar na’a de na’a.

Aunque no es el estilo del blog, en el entre tanto hasta que consigamos acabar algún video semi-decentemente, vamos a llevaros a la exposición The Art of the Brick, la exposición de Nathan Sawaya, que por fin aterriza en Barcelona y es una de aquellas exposiciones que no puedes perderte, aunque el precio sea un susto.

(más…)

El hambre

Hay tres tipos de zombi:

  1. El clásico, el zombi americano, el que no corre mucho pero es como aquel novio pesado, por insistencia consigue lo que se propone.
  2. El rápido, el europeo, que corre que se las pela.
  3. El sr. Oh cuando tiene hambre.
"Soy una monada de zombi come tetas"

“Soy una monada de zombi come tetas”

Amiguitas, el problema del sr. Oh! no es que el hambre sea insaciable o que tenga capacidad estomacal para devorar huracanes. Es que pasa de 0 a 100.000 en 0,0 fracciones de nanosegundo. Puede estar tan feliz jugando con sus coches, cuando, sin previo aviso, se convierte en una fiera sedienta, mete las manos heladas bajo mi camiseta y se ciega en busca del chupito tetil definitivo.

Sin piedad.

¡No para hasta conseguirlo! Algunos días de invierno, cuando llevaba más capas de ropa, me ha lanzado ¡hasta dentelladas!, dentelladas de 4 dientes, pero dentelladas después de todo, mientras yo huía sentada en el suelo marcha atrás y él me perseguía por el comedor como bebé gateador profesional en velocidad match 3 con la boca abierta dispuesto a succionarme la vida.

A veces lo hemos solucionado ofreciéndole algo de pecho, mientras lo sostengo con un brazo que se me ha puesto como el brazo con el que Hulk se hace gallardas a base de aguantar un salmonete de 11 kilos chupeteador de tetas, mientras que con la mano libre rebusco en busca de comida pre-preparada apta para herederos de 12 a 18 meses.

Según la hora del día en que le ataque el virus zombi, puedo cocinar algo caliente y básico mientras un koala roe mis piernas y me maldice las criadillas en su propio idioma.

Porque, señoras cuando el hambre ataca, no hay compasión hacia vuestras dos personalidades. De hecho, el sr. Oh es tan TROLL, que puedes haberte pasado la tarde con un bol de fruta pelada y cortada a su alcance, mientras él, reiteradamente, vaya rechazándola. Para que, llegado el momento exacto en que decides comerte tú la fruta que él no quería y hayas ingerido el último bocado, veas como un bebé, que normalmente avanza en paso errático, se lance con decisión cirujana sobre el bol, para comprobar que ha quedado vacío y catapultarlo furibundo, porque se acaba de dar cuenta que tenía hambre y no un hambre progresiva y pacífica, no. Un hambre brutal activada por el virus zombi. Y, obviamente, se lanza a tu pechugamen, para sacar lo que pueda de ellas.

¡Qué bonita es la lactancia a demanda!

Y a vosotras ¿os atacan los zombis?

Cómo hacerle el amor a un cruasán

El 21 de marzo de 2015 quedará marcado en nuestros corazones para siempre, por un dato trascendental en la vida de todo niño. Fue el primer día que el sr. Oh probó un cruasán.

Así, de golpe y porrazo entramos en el top 10 de malos padres.

Esa fecha no fue aleatoriamente escogida, fue la croissant crawl y nosotros hicimos nuestra especial ruta en Barcelona.

El primer punto fue la Ochiai, donde nos pusimos como cerdos, y ahí él ya empezó a indignarse porque no tenía esa cosa con tan buena pinta para comer.

El segundo punto fue la Escribà y ante la pataleta iracunda del pequeño descendiente, corté una pata de mi cruasán y se la dí, consumida por el terror. La pata fue devorada no sin antes un cortejo lleno de babas y manoseo estilo teenager salido.

Desde entonces la relación del sr. Oh con dicho producto ha sido pasional hasta los topes.

Teníamos muy prohibido a las sras. Abuelas que en sus respectivos turnos de cangureo ofrecieran para comer tales basuras alimentos. Pero se enteraron del “incidente del cruasán” y, de repente, tenían vía libre para hacer lo que les diera la real gana.

Así que, con el paso de los días, el sr. Oh ha perfeccionado sus técnicas amatorias hacia la bollería y procede así:

cruasan

Coge el cruasán como si de un objeto divino se tratara. Haciendo prácticamente una reverencia al recibirlo.

Entonces, lo inspecciona con sus manitas, dándole vueltas y recorriendo con sus ojos azules el cuerpo del pecado.

Y cuando ya ha sonrojado al cruasán, procede a recorrer la superficie con la boca, dándole mordisquitos de amor aquí y allá.

Una vez recorrida la parte comestible en su totalidad, el cruasán queda reducido a un amasijo de pasta húmeda, que aprieta fuerte con sus manitas y donde hunde las uñas dejando al sr. Grey a la altura del betún.

Para finalizar, come “eso” como si fuera lo mejor del mundo. Y al acabar, mira al infinito con pupilas en forma de corazoncito.

Y vosotras ¿a qué alimento del pecado le hacéis el amor más marrano?

Nos vamos al (Petit) Piknic Electronik

Hace un millón de años, cuando el sr. Oh no existía ni en su forma de microorganismo larvario, Time Out organizó uno de esos Time Out Days. Vía Twitter participé y me tocaron unas entradas para ir al Piknic Electronik, ed. Barcelona, of course.

Entradas para el Piknic Electronik 2012

Entradas para el Piknic Electronik 2012

En aquel momento el Piknic era, en teoría una fiesta familiar de tarde, donde ir a hacer una merienda-cena en familia y disfrutar de sesiones de música electrónica en vivo.

Si no me equivoco, eran un par de domingos en verano. Eso en 2012.

Cuando fuimos el sr. Moderno se mezcló con las masas dándolo todo, mientras yo me apoyaba en la barra y observaba las mesas de picnic.

En una de esas mesas, una madre miraba fulminantemente a su pareja con un niño sentado sobre los hombros y otra niña en la mano, ellos (padre e hijos) iban y volvían de la megafarra pidiéndole 5 minutos más a la malhumorada madre.

En 2012, yo pensaba que la madre era una amargada. No hace falta que me peguéis, me pego las bofetadas solita al recodarlo. Hoy sé, que esa mujer, se estaba temiendo volver a casa con 3 críos pasados de vueltas a las tantas de la noche.

Volvamos a 2015.

Penúltima semana antes de las vacaciones de verano del programa de radio Els Experts.

A veces hacen sorteos y llevo toda la temporada participando consiguiendo un enorme montón de nada.

Así que de repente preguntan que qué nos llevaríamos al Piknic Electronik y me digo “Venga, envía un tuit, no pierdas la ilusión”. Leen mi tuit en el programa y al final me tocan las entradas. ¡Chupi pa mi! ¡Chupi pa ti, sr. Moderno!

*Alga. El corruptroll hizo su función.

*Alga. El corruptroll hizo su función.

Así en 2015 ¡nos volvemos a ver las caras con el Piknic! Pero esta vez, con el espíritu familiar de nuestro lado.

Como buena Hipster Family no podíamos dejar de analizar la experiencia en el blog.

La cosa ha evolucionado mucho desde 2012, ahora el Piknic se divide en 2 áreas bien definidas. El espacio familiar, el Petit Piknic, que es donde pasamos más rato, y el Piknic Electronik en sí.

Petit Piknic

En la zona del Petit Piknic hay diferentes actividades para minimodernidades, con foodtrucks y stands de ropa, complementos e incluso un punto de peluquería de Anthony Llobet.

Además de 1 o 2 sesionacas, depende de la programación, en el mini escenario.

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Nosotros disfrutamos de una ensalada de quinoa, acompañada por unos hotdogs y los famosos onigiris.

La zona de picnic está muy bien situada, con sombra y los foodtrucks alrededor, las actividades quedan a la vista y el escenario suficientemente lejos pero cerca, para tomarse un refresco helado mientras cultivamos al minimoderno que hay en nuestro descendiente, en el caso de que se suficientemente mayor para estar solo en la zona, dándolo todo.

Escenario Petit Piknic.

Escenario Petit Piknic.

Pero ¿de qué actividades hablo? Pues de camas elásticas, circuito de karts,
deslizador de agua, pista americana, rocódromo, skateboard, talleres… ¡de todo! Pero orientado a niños a partir de 3 años.

El detallazo es que hay una zona para mini pikniqueros, niños de 0 a 3 años, con pelotas, un balancín y juegos de construcciones blandos y duros, en un suelo de césped plástico artificial. Aderezado con unos cojines gigantes para que los padres apoyaran el buyate mientras sus descendencias perdían el sentido jugando hasta la extenuación con todo a la vez.

Ahí es donde estuvimos más rato, porque, con el calor insoportable del día que nos tocó, no podíamos hacer gran cosa más.

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Aquí el sr. Oh haciéndose el interesante, sin camiseta, delante de una niña random.


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La zona de juegos 0 – 3 incluye los cojines para padres reventados.

Es césped de plástico quema la piel a gateadores profesionales, ubicado bajo los pinos. Muy idílico todo, sin embargo, los pinos perdían hoja y, si no te quemabas las rodillas con el césped, te clavabas las hojas al sentarte.

Sin embargo, es mejor eso que nada. Y muchos sitios que dicen tener actividades para los pequeños no tienen la mitad de lo que ellos ofrecen. Así que en este apartado les ponemos un 9/10.

Los niños más mayores, a partir de 3, estaban (todos) en el deslizador de agua y sus padres los miraban con ojos golisitos y envidiosos. Está claro, los padres no tenemos derecho a remojar las carnes agua fresca. Para contemplar a las criaturas con mejor perspectiva, hay justo delante otra área con cojines y sillas, así mientras tus herederos se tiran de cabeza hacía el suelo, tú los puedes contemplar bajo la sombra de una haima.

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Zona de talleres.


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Castillos de aire y deslizador de agua, el paraíso infantil.


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Skateboard park, versión Petit, para no romperse los dientes de leche.

Piknic Electronik

Pasando de esta zona family-friendly, está la zona más… lúdico festiva. Allí hay más hormonas que en el primer día de selectividad.

Por primer año, la zona estaba separada por un arco de seguridad donde comprobaban que pudiera pasar solo la gente con pulserita. Como nuestro pase era de prensa, nosotros podíamos acceder a todas las zonas.

Hice una visita rápida a la parte de arriba, donde domina, evidentemente el alcohol, hay varios stands, uno de Aperol y otro de Ron Barceló, por ejemplo, pero cuando tienes 20 años ¿qué más necesitas?

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Escenario Piknic Electronik principal.


Me tumbaba en la zona chill, pero ya mismo.

Me tumbaba en la zona chill, pero ya mismo.

El escenario es, evidentemente más grande, y hay varias sesiones que se alargan hasta primeras horas de la noche.

Teniendo en cuenta el coste del pase de temporada, es normal que se ponga hasta arriba. Pero dando una vuelta por la zona, me sentí muy madre, tipo “Niño, tápate que vas mu’fresco sin camiseta y con tanto músculo al aire”. Así que ya no me veo allí, cada domingo, dándolo todo.

Conclusiones

¿Lo recomendaría? Sí, sin duda, pero para familias con niños mayores, puede ser una muy buena actividad, para dedicar un día solo con uno de los padres, para pasar el día en familia o hacer una salida con el grupo de amigos.

¿Volveremos? Sí, cuando el sr. Oh sea más mayor, hoy por hoy, teniendo en cuenta que la zona 0 – 3 está bien, no da para pasar el día. El espacio es bastante limitado, una vez se acaba la sesión en el Petit, con un descendiente de menos de 1 año, no hay gran cosa que hacer, a parte de comer en la zona de foodtrucks.

¿Repetir la experiencia ahora? Solo si fuéramos con un grupo variado, donde algunos pudieran ir a disfrutar de todas las actividades y otros se queden con los más pequeños.

Con esto, nos despedimos por ahora.

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Y vosotras ¿conocéis otros festivales baby-friendly?