Angustia de separación

La situación

Basado en hechos reales.

Hay días que se juntan con semanas, que se juntan con la regla y la carencia de descanso, en los que todo va mal. Mal de fatal.

En esos días en los que piensas: ¡Qué desastre todo! ¡Qué mal!

En los que miras a tu alrededor y no entiendes nada, ni cómo has llegado a ese punto.

En los que un niño de 3 años y un bebé de 14 meses exigen algo de ti que no entiendes, en que tu entorno no entiende que cómo puede ser, que entres por la puerta y esos niños tan monos se porten tan mal “si hasta ahora han estado tan bien y tan tranquilos” y tú dices “soy yo” y se lo toman a broma.

Hay días en los que la rabia y el desánimo te pueden y coges el árbol músical de tus descendientes y lo aplastas contra el suelo. En un ataque de pura rabia.

Porque pasan muchas cosas que te aprietan el alma y el corazón. Y lo único que puedes hacer es romperte por dentro.

Porque tienes un niño de 3 años que no te abraza cuando te ve, ni te llena de besos, que como mucho te dice hola y ni te mira. Porque eres un ente que pasa por su vida.

Porque un niño de 14 meses te quiere para él solo. Sin compartir.

Hay días en que lo dejarías todo, a todos, para buscarte, porque esa no eres tú. No sabes quién ocupa ese cuerpo que se mueve por inercia, se traga sus palabras y se muerde la lengua hasta envenenarse.

Y realmente te envenenas tanto que te duele el estómago y te tiemblan tanto las manos que ya no te ríes.

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La sra. Angus hace yoga

Tras estos meses vivir con la sra. Angustias ha cambiado mucho, entró con toda la fuerza de un huracán, mantuvo una perseverancia digna de una emprendedora de éxito, cuando parecía que empezábamos a conocernos cambió de estrategia. Lo hizo todo para mantener viva la llama de la pasión, pero al final, gracias a Io el Ciego, se relajó.

Quizás se cansó de mantener siempre la postura, de sentarse con la espalda recta, de ir siempre peinada y maquillada, quizás se aburrió de su pose y de sus trajes de tweed con largos collares tintineantes.

Angustia de separación © Hipsterbebe 2015

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La sra. Angus y las rutinas

El mundo pediátrico es muy divertido. Hilarante.

Cuando la ignorancia y la desesperanción me vencieron, coincidió con una revisión del sr. Oh, de esas que primero te ves con la enfermera y luego con la pediatra.

En esa época nuestro pediatra no tenía una enfermera fija y, por lo tanto, cada una seguía un protocolo diferente. En esta revisión la enfermera se sentó y me comenzó a preguntar algo más allá que el color de la caca y la frecuencia del pis. Ante ese momento de íntima ternura le comenté lo imposible que era que el sr. Oh durmiera conmigo, ni la siesta ni la noche ni nada de nada, que siempre estaba alerta, nervioso y tenso.

Angustia de separación © Hipsterbebe 2015

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Natación desincronizada

En julio de este año, se me ocurrió que sería una genial idea apuntarnos a matronatación.

Así nos imaginaba en la piscina

Así nos imaginaba en la piscina

En la piscina municipal hacían un intensivo de 1 mes, a precio razonable en un horario horroroso, pero como la sra. Angus ya vivía con nosotros y el sr. Oh (10 meses) no podía dormir conmigo las siestas, me daba bastante igual tener el drama en casa o con audiencia.

La cosa fue moderadamente bien. El ambiente de la piscina le gustó, el agua le apasionó, al punto que me pasé el verano evitando que se despeñara literalmente, de cabeza, hacia cualquier charco que viera.

Pero vamos al tema en trebambalinas:

Ir a la piscina con un descendiente que no camina es una mierda

En nuestro caso.

Yo me las daba muy felices, hasta que entramos en faena. Hay descendientes que mantienen un estado mental zen durante todo el proceso pero, evidentemente, este no puede ser nuestro caso.

Ponerse los respectivos bañadores es relativamente fácil, si eres capaz de controlar el movimiento “posesión de alien” donde es capaz de acabar volcado el carro o saltando del cambiador. Mientas otras madres danzan con sus pichones mientras se ponen y se quitan ropa sin alterar el ritmo del Universo.

A las otras madres, les da tiempo hasta de pintarse antes de saltar al agua

Las otras madres, tan relajadas y naturales en el vestuario.

La parte chunga de verdad viene en la ducha, donde el salmonete en cuestión enjabonado huye por su vida y se te escapa de los brazos dispuesto a espachurrarse contra las baldosas del suelo con tal de huir. Mientras, ojiplática, oía en las duchas colindantes bebés reír mientras sus enternecidas madres, deduzco, les aseaban con jabón de unicornio y les aclaraban con gotas de rocío entregado por virginales princesas incas en hojas de palma fresca, porque lo que es en nuestra ducha el agua salía como agujas de fuego y hielo a presión de horror infernal.

Así que, en el vestuario hacíamos un remojón para eliminar el cloro superficial y nos duchábamos con propiedad en casa.

Pero ¡ay, amiguitas! El tiempo deforma los recuerdos y en septiembre se me ocurrió apuntarnos al sorteo y no tocó la plaza. Ahora teníamos la oportunidad de perfeccionar nuestra técnica.

El primer día de clase de este curso, era el primer viernes de octubre. Cómo el destino es caprichoso, nos tocó una de esas semanas en que el sr. Oh (13 meses) empieza a llorar el lunes a las 6 AM y no acaba hasta el siguiente lunes. Así que ese viernes yo estaba desquiciada y agotada, no había podido preparar la bolsa y tuve que hacerlo con un niño que, además de no haber dormido ni un segundo de siesta, se negaba a separarse de mi y que tampoco quería estar en la boba, solo quería estar en brazos. Salimos tarde de casa y llegamos justo cuando las últimas madres ya entraban en la piscina, el sr. Oh luchaba por romper los cinturones de silla para que lo cogiera en brazos mientras seguía chillando.

Íbamos tarde, pero había conseguido hacer la bolsa y llegar hasta allí, ¡bien! Empiezo a sacar toalla, chanclas, gorro y… me había dejando mi bañador en casa.

Me saturé y empecé a llorar.

Que me podéis decir que no era para tanto, pero para mi esta fue la gota que colmó el vaso. Cogí al sr. Oh y salí de allí bajo la mirada del recepcionista, que no entendía porque íbamos ambos llorando camino de la salida.

Cortinilla. Pasan las semanas. Se vuelven a ver las puertas de la piscina. Interior vestuarios, día.

Unas semanas después, habiendo aprendido a preparar la bolsa con un descendiente en brazos, llegamos a la piscina y, de repente, a parecen una madre del curso y su retoño entrando al trote. Vienen de lejos, ha salido tarde de casa y a medio camino se ha dado cuenta de que se ha dejado la bolsa y, aún así, le ha dado tiempo de pasar por, vamos a llamarlo, El Patrón Británico y comprar una par de toallas, unas chanclas y un bañador para ella, entrando como un huracán ni siquiera tiene que pedir que alguien le deje un gorro porque una que pasaba por allí le dice que tiene uno de sobras y otra madre le da un pañal de piscina para el heredero.

confused

Pim pam pum. Llega tarde, le da tiempo a comprar lo básico para ella, le dejan el resto y continúa la tarde tan feliz.

Está claro que es cuestión de actitud.

Y entonces me diréis que no pasa nada porque en el agua el sr. Oh se lo pasaba la mar de bien. Pues fue volver en octubre y resulta que habían cambiado el agua por azufre, para hacer juego con las duchas, clarostá. Y pasó de ser un sirenito feliz, a abrazarse a mi cuello, cual koala personificado. Si ya no participaba en las actividades en seco, en la piscina menos.

Así tenía un alien en el vestuario, un koala en el agua y un salmonete en la ducha.

Por suerte superamos la adaptación piscinera y poco a poco vuelve a ser feliz en el agua, disfruta de lo lindo viendo culos de veinteañeras cañón y jugando con las puertas de las taquillas en el vestuario, la ducha ya no es un baño de lava y se empieza a aguantar en pie sin apoyo (15 meses).

Sin embargo, hasta que consigamos el grácil baile de las otras madres piscineras, seguiremos practicando nuestra natación desincronizada.

Y vosotras ¿qué tal lleváis la sincronización?

La vida con Angustias

Este post ha sido escrito, reescrito y borrado. He vuelto a empezar unas 500 veces. Al final, un día, acepté lo que está pasando como parte de nuestras vidas y las palabras empezaron a formarse en mi cabeza.

He estado muchos meses enfadada con el mundo y eso no me dejaba escribir.

Hace 10 meses, cuando el sr. Oh! tenía poco más de 4, la sra. Angustias llamó a la puerta. Era un lunes noche.

Parece ser que la sra. Angustias se enteró tarde del nacimiento del sr. Oh! y vino a verlo sin perder un minuto más. “¡Qué horrible ofensa he cometido no viniendo hasta hoy!”, como estábamos muy sorprendidos de ver a la sra. Angustias en el umbral de la puerta, con su traje de pata de gallo decorado con unos largos collares tintineantes, su sombrero de viaje y las maletas, a esas horas de la noche, la dejamos pasar. “No pasa nada”, le dijimos.

Ilusos.

Esa terrible noche en que llegó Angus, insistió en que tenía que ver al sr. Oh. No le dejábamos porque ya dormía. Pero el sr. Oh la oyó y empezó a llorar. Y llorar. Y llorar. Hoy sigue llorando.

Sí, señoras, la sra. Angustias llegó para no irse. Quizás no sepáis quien es, su nombre completo es Excelentísima Archiduquesa Angustias Dolores de Separación Tormentosos. Tal vez haya pasado también por vuestra casa. Tal vez se haya quedado, como en nuestro caso, para siempre.

Sé que me váis a decir que la Angustia de Separación, así en mayúsculas porque lo merece, tal es su embergadura, no es el peor de los males. Que la Angustia no es permanente. Que viene y va. Que tiene picos.

Siento desilusionaros, pero no siempre es así.

Hay descendientes que viven una Angustia brutal, aguda, extrema, permanente. Y el sr. Oh es uno de ellos. Se diferencia en intensidad y duración. Una angustia normal, tiene épocas más agudas que otras. Pero da tregua. En un caso de Angustia, no hay descanso. Cada día es tan duro como el anterior.

¿Qué es la Angustia de Separación?

Es el desconsuelo extremo del descendiente ante la separación de la figura maternal. Lo mal llamado mamitis. Día y noche, no tener a la madre en contacto permanente es la peor de las torturas. Y el contacto con ella también lo es. Cuando se vea separado de la madre dará golpes y puñetazos, llorará, exigirá, gritará. Cuando se vea en brazos de la madre hará lo mismo en un intento de desahogar sus penas.

Que no llore cuando no está con la madre no quiere decir que esté mejor, quiere decir que se aguanta. Reserva energías para decirle a la madre todo lo que opina sobre ese abandono. Sea largo o microsegundos.

Las noches serán largas porque sale de los ciclos de sueño sin caer en el siguiente para asegurarse de que la madre sigue ahí. Si la madre sigue ahí llorará para llamarla. Y si la madre no sigue ahí, llorará para llamarla igualmente. En nuestro caso el equilibrio se basa en horas de “descanso” en colecho y otros periodos de “descanso” alejados.

Estas largas noches implicarán que viva cansado y somnoliento. Lo que hará que no sea participativo de juegos y otras actividades.

Que me váis a decir que es peor un descendiente de alta demanda. Pues sí. O no. No lo sé. Solo tenemos la experiencia en primera persona de la vida con Angus.

Esa primera noche que Angustias llegó a casa, el sr. Oh se despertó cada 45 minutos, lloraba 15 minutos y volvía a dormir 45. La noche se hizo larga. La primera de muchas, porque a Angus le gusta dormir con nosotros, lo del colecho le ha molado.

Angustia de separación © Hipsterbebe 2015

¿Qué se puede hacer en casos de Angustia de Separación?

En esta primera entrega os voy a dar 3 consejos:

  1. Rendíos a lo inevitable, si ha llegado, es para quedarse. Toda resistencia es futil y una pérdida de energías, creedme que las váis a necesitar todas. Los días serán largos, las horas de sueño escasas.
  2. Haceos con un pack de amigas, de esas que aguntan kilos de drama. Yo tengo 2 que han aguantado y aguantan vía Whatsapp todo el drama del mundo y, de momento, no me han mandado al cuerno, aunque sé que tienen ganas. Y una tiene un descendiente de alta demanda. Doble hit combo.
  3. No esperéis momentos de calma y luz. No habrá la consolación del abrazo. No habrá calma tras la tormenta. No habrá un momento en que apoye su cabeza en vuestro pecho y se quede dormido.

Y vosotras ¿conocéis a Angustias?