Cogiendo el ritmo

Una historia de La Adaptación

Estoy agobiada. Por la vida en general. Por no poder escribir en particular.

También me agobia el Sr. Natural. Y su pulposidad. Y su nueva guardería. Y su adaptación, de la que os voy a hablar.

Pero, antes retrocedamos unos instantes en el tiempo.

Retrocedamos 2 años. No son instantes, lo sé. Tampoco os pongáis tan quisquillositas.

En ese momento, el Sr. Oh! no había entrado en la guardería municipal. Estábamos como los 9° en la lista de espera. Me dijeron “Espera que seguro que te llamamos”.

Y todavía estoy esperando.

Me decidí por ir a la privada. Me mentalicé, preparé al Sr. Oh, le comí la oreja, que tendría un espacio para él, que qué bonito todo.

Fail.

La adaptación del Sr. Oh! fue un cagarro. Duró semanas, SEMANAS, varias, múltiples, largas y duras semanas. He dicho semanas, marranas. Vamos, que fueron varios meses.

Ahora, hagamos una elipsis temporal hasta el noviembre del año pasado (2016).

El Sr. Natural ya había nacido, se desenmascaró como el pulpo inquieto que es, y yo me puse a trabajar. Montamos un circo, donde él pasó de mano en mano, como la farza monea, con varias agentes involucradas. Todas ellas saben que cuando te agarra, no hay escapatoria.

El Sr. Natural así, todol día

Los meses pasaron, llegó el sorteo de plazas de la guardería municipal y entró. La gente no paraba de repetir que todo esto iba muy bien para que luego al Sr. Natural no le costara nada la adaptación a la guardería.

Los.

Cojones.

Al Sr. Natural la adaptación le está costando. Se piensa que lo vamos hacer al horno. O a la gallega. Cada vez que lo pongo en el carro, 4 patas con ventosas me atrapan y no hay manera. Cuando llegamos al colegio, se me engancha y hace pucheros. Lo pasa mal, porque me echa de menos. O porque nunca me ha tenido lo suficiente para él solo. O porque es porculero y no hay más.

Así que en ello estamos, en plena adaptación del Sr. Natural.

Y las marcas de las ventosas, vosotras ¿cómo las lleváis?

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Des-pa-cito

Últimamente me ha dado por repasar mis miseros lamentables paupérrimos básicos conocimientos de japonés. Lo hago con una app tontuna, basada en parlantes nativos ingleses.

Al Sr. Oh le he ido enseñando algunas cositas, pensaba que caían en saco roto. Para mi sorpresa estaba enseñándole la app y repetía algunas palabras, le decía en que orden tenía que tocarlas para formar una frase y las reconocía en el acto.

Llegado un momento empezó a reírse y a pasar de la app, toca “asoko” le decía yo y él me contestaba “koko“. “No, asoko” le insistía. Entonces me señaló otra “esta” y yo le leí “heya, es habitación”. “Esta” decía él, “esa es mado” contestaba yo. Así hasta que llegamos a la última de la lista porque asoko era la primera y no le daba la gana de empezar por la primera.

“Pues esta” dijo finalmente él, “esa es des” contesté yo.

Des-pa-cito” Dijo él.

Troll.

Y vosotras ¿estáis del despacito hasta el piticlín?

PD: Desu en japonés se lee des, omitiendo la u y es el presente del verbo “ser”.

Una cuerdecita

Antes de empezar: en este post se habla de pedos.

El Sr. Oh está en esa maravillosa edad en la que puedes acabar dándole la vuelta a cualquier conversación. Es divertido y pone a prueba la imaginación del adulto medio.

Hace unas semanas, en casa, una servidora estaba tirándose unes pedetes en el confort y la seguridad del hogar. Que para algo pago la hipoteca, hoño.

El Sr. Oh iba preguntando “¿qué suena?” y el Sr. Moderno le contestaba “un pedete”. Entre tanto el Sr. Natural miraba la escena babeando.

Cuando ya llevaba 3 o 4 preguntas–respuestas, el Sr. Moderno le contestó “la Mama es un globito de pedos, habrá que atarle una cuerdecita para que no se vaya volando”. Jajajaja. Hilarante.

Se acabó mi munición pedil y coincidió que teníamos que salir a la calle.

Con afortunada coincidencia quiso el azar que nos encontramos a una vecina, a quien le faltó tiempo para saludar al Sr. Oh con un “hola bonito ¿qué haces?”, entonces el Sr. Oh en un alarde de comunicación le contestó “El Papa va a atar a la Mama con una cuerdecita”.

Je.

Je.

Je.

La vecina nos miró por encima de la montura de las gafas. “Claro… Bonito… Claro”.

El Sr. Moderno y yo nos congelamos un poquito. Mejor no le damos explicaciones ¿no?

Uuuups

Y vosotras ¿sois de pedetes caseros?

El beso de buenas noches

Al sr. Oh! se le conoce por el morro que gasta.

Ya sabe que el sr. Oh es de manías. Primero para dormir me necesitaba a mi, toda la noche. Luego el sr. Moderno hizo el trasvase de deber y fue él, el único capaz de acompañar al sr. Oh.

Desde que nació el sr. Natural, el sr. Oh no me quería ver por las noches ni en pintura.

Pero a medida que el sr. Natural ha dejado de ser un bebé ficus, el sr. Oh está más contento y ahora deja que le dé un beso de buenas noches. Al punto que una de las noches en las que estaba acostando al sr. Natural, el sr. Oh pidió el beso para dormir.

Emocionada, fui dando saltitos por el pasillo para darle el beso, me puse a su lado “muaaaaa” y cuando estoy a punto de darle palique para que me cuente lo bien que va a dormir y lo bonito que es su pijama, me dice:

“Ya está, vete”

Lo sé, puro amor.

Y vosotras ¿tenéis descendencias tan encantadoras?

#Today2016, el repaso

Pues aquí estamos. Parece que hoy, por fin, después de muchas semanas, consigo encontrar un momento para escribir. Como tengo tantos temas pendientes, he decidido empezar por el que es más antiguo y más reciente simultáneamente, mi particular gato de Schrödinger.

Toca hacer un repaso de los propósitos de 2016, casi un mes tarde.

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Hace poco el sr. Moderno y servidora fuimos a las clases de preparto. Mucha gente nos preguntó que para qué íbamos, pero mira, repasar nunca viene mal y la verdad en 2 años se nos habían olvidado muchas cosas. Cosas de las neuronas muertas, y tal.

Maldigo la hora en que nos apuntamos, porque en cada clase nos hacían explicar nuestra experiencia. Y yo hablando delante de gente lo paso fatal. Así que una guindilla les explicaba, como podía, lo que me preguntaban y según palabras del sr. Moderno “era demasiado sincera”.

Pero, oigan, el día que tenía ganas de decir algo, no lo dije.

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