Conociendo al sr. Natural

Hace más de dos meses que llegó y, pobre heredero, le ha tocado que su parto sea procrastinado y es que con 2, el trabajo no se duplica, ¡se triplica!

A estas alturas que ya no tengo que esconder nada, confesaré que las últimas 2 semanas hasta el día que nació, no lo pasé muy bien. Estaba bastante angustiada, cosa de las hormonas y, sobretodo, cosa de no dormir, porque si me tumbaba del costado izquierdo me dolía algo que nadie sabía identificar la causa y si me tumbaba del derecho, me ahogaba. Y además llevaba dilatada de 2 desde vete a saber cuándo, la cosa parecía no avanzaba. Y el descendiente en cuestión venía con más de 4 kg.

Bienvenido sr. Natural

¡Bienvenido sr. Natural! Icons based on Free pics.

Además, mi doctora se iba de viaje y no quería que me volviera a tocar la doctora del sr. Oh!

En ese estado de nervios, hice una visita con mi matrona, donde me harté de llorar y comenzó lo que el sr. Moderno llamó “La maldición de las matronas”. Básicamente, médico con el que nos cruzábamos, se veía obligado a salir corriendo. ¿Por qué? Continuad leyendo.

Al día siguiente, me llama para decirme que tiene que salir de Barcelona por asuntos personales y que no volverá hasta el lunes siguiente. Recordemos que mi doctora tampoco estaba disponible.

Llegado el día de la visita con mi nueva doctora. Me mandó a correas y ahí me dejaron, muerta de pena, durante 20 minutos, porque las correas son la cosa más aburrida del mundo mundial.

Viene una enfermera y se va, vuelve con otra, me miran y se van, aparece mi nueva doctora y me llama a su consulta. Resulta que tengo contracciones regulares  y que no me duelen na’a de na’a. Pues va la mujer, tan pancha me dice que me pire a mi casa a descansar y que me espere a que me duelan.

Excuse me?!

Que yo seguía bastante alterada con los dolores, el sueño y los nervios por el parto. Así que le dije que flores de colores, que si me iba a mi casa me iba a dar un soponcio. La buena mujer me miró con cara de “eres primeriza o k ase”, pero accedió a que si me iba para urgencias, no me iba a llamar loca histérica, a la cara, al menos.

Así que recogimos trastos en casa, llamamos a los canguros del sr. Oh y nos fuimos al hospital. Donde por lo visto, mi doctora había avisado que una embarazada psicópata iba para allá con contracciones fantasma, y que no me dejaran objetos afilados cerca, por si a caso.

Entrada, registro, correas y “sí, tienes contracciones regulares ¿no notas nada? Qué raro…”. A estas alturas, como os podéis imaginar que me había hecho ilusiones de tener un parto de unicornio.

Nos bajan directamente a paritorio porque no hay salas de dilatación libres y nos abandonan allí, con la puerta abierta, vemos corretear enfermeras, celadores, médicos y matronas… Hasta que aparece mi nueva matrona.

– ¿Quieres epidural?
– Es que ahora no me duele.
– Pero te dolerá.
– ¿Sí? – Y aquí se oyó como se rompía el espejo de mis ilusiones por tener un parto de unicornio.
– Sí, estás de 3, cuando llegues a 6, te dolerá.
– Tócate los cojones.

Esperando a la anestesista, mi matrona apareció para comunicarnos que tenía un problema familiar y que había hecho lo posible por solucionarlo, pero se tenía que ir. Suena de fondo una voz en off “La maldición de las matronas”.

Apareció la nueva matrona, llevábamos ya 3. Y resulta que a la 3ª va la vencida, esta era la matrona del amor, con quien nos reímos y lloramos. Ojalá todas fuera iguales.

Al poco se presentó la anestesista y reconfirmando por enésima vez si quería la epidural. “Sí, pero que todavía no me duele”. “Pero te va a doler”, contesta. Qué ganas de joder los sueños ajenos. Estaba todo el mundo convencido de que no iba a tener un parto de unicornio. Cagontó.

Y efectivamente, todo fueron risas hasta que empecé a notar las contracciones. ¿Pero no tenías las epidural? Pues sí, pero lo único que consiguió fue que se me durmieran las piernas.

Ole.

¿No había dicho yo en algún momento que quería un parto natural? Toma parto natural.

Sacan a la anestesista que una cesárea. Bueno, es que si no la hubieran sacado ellas, la sacaba yo a bofetadas. Porque a esas alturas mis chillidos llegaban hasta la calle.

La mujer se volvió loca con mi analgesia, repasó todo, sacó parte del catéter y lo volvió a meter. Al final me dio la opción de hacer otra punción, pero yo me vi incapaz de quedarme quieta el rato que ella necesitaba para repetir los pasos y rechacé la oferta.

Me encontraba recostada en una camilla de parto, con unos dolores que me moría y encima no me podía mover. ¡Ah! Y entre contracciones vomitaba. Cosa que con el parto del sr. Oh! todo el mundo aplaudió, pero que no habiendo comido desde media mañana, pues a mi no me hacía ni puta gracia. Por otra parte, la oxitocina es una hormona maravillosa y entre contracciones me podía recuperar unos segundos y casi llegaba a olvidar lo que duelen las muy jodías.

¿Vomitar tiene una parte positiva? Sí, resulta que con el esfuerzo de los vómitos, dilatas. Así en 3 vómitos pasé de 6 a completa y de repente dije que si eso, yo me ponía a apretar.

Por suerte, a esas alturas ya había llegado la nueva doctora. Y me comunica que el minimoderno que llevaba en mis entrañas venía mirando para el techo y que no quería instrumentalizar. Me hizo dar un par pujos “Pujas de 10”, me dijo.

Claro, lo noto todo, no te jode, no voy a pujar bien.

Intentó darle la vuelta y no se dejó. Venga pues va a nacer mirando para el techo.

Troll.

Pujo, sudor, pujo, sudor. Mi matrona me ofrece agua, bendita tu eres entre todas las mujeres.

Pujo, sudor. Nada que no, me dice que tiene que cortar si no sale en el siguiente pujo.

Mecagontó. Mecagon los embarazos, en los partos y en quien inventó la epidural.

Pujo, corta, pujo y sale, por fin, la cabeza. Lloró sin haber sacado el cuerpo todavía. Me ayudaron a incorporarme y acabé de sacar al sr. Natural, por fin.

El mayor alivio de mi vida fue cuando salió la placenta, claramente era el sitio donde me había estado doliendo las últimas semanas. Y seguramente, me dolía la presión del sr. Natual aplastándola.

Ahí, la matrona me preguntó si había notado la placenta y le dije que sí, que lo había notado TODO, menos el corte y los puntos, gracias al cosmos, la epidural había adormecido lo que era necesario en el momento justo.

Fue un parto rápido, en realidad, no sentí ningún dolor hasta llegar a 6, y de ahí hasta la completa no fueron más de 2 horas, que a mi me parecieron una eternidad.

Por cierto, el sr. Natural nació con menos de 4 Kg.

Y vosotras ¿queríais parto natural?

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2 comments

  1. Me ha dolido sólo de leerte.
    Mira yo para otras cosas soy valiente pero parir con dolor no creo que sea lo mío y siempre tuve claro que quería epidural. Aun asi, sobre todo en el segundo pase unos dolores horribles, porque creo que a todas las madrileñas les dio por parir esa misma noche y no había un anestesista libre que aliviase mi dolor.
    Lo del peso de los bebes de verdad que es de una inexactitud terrible, todavía recuerdo cuando me dijeron que Alejandra pesaba ya mas de tres kilos en la última revisión y cuando parí fueron 2,700 tu fijate.

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  2. jajajaja, leyendo tu parto parece facil! (es broma!) Yo si queria parto natural, con la segunda almenos. Llegue de 8 a la clinica y me dijeron que epidural porque si, yo no queria, no me dolia ná…me la pusieron, se paró el tema, cuando estaba completa me dijeron que habia que poner más aunque no me doliera, y al ponermela casi me desmayo, me revirtieron más o menos no tengo idea como, y ale caminando al partiorio y a pujar pero con cateter en la espalda

    Le gusta a 1 persona

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