Volver

Hace poco el sr. Moderno y servidora fuimos a las clases de preparto. Mucha gente nos preguntó que para qué íbamos, pero mira, repasar nunca viene mal y la verdad en 2 años se nos habían olvidado muchas cosas. Cosas de las neuronas muertas, y tal.

Maldigo la hora en que nos apuntamos, porque en cada clase nos hacían explicar nuestra experiencia. Y yo hablando delante de gente lo paso fatal. Así que una guindilla les explicaba, como podía, lo que me preguntaban y según palabras del sr. Moderno “era demasiado sincera”.

Pero, oigan, el día que tenía ganas de decir algo, no lo dije.

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El tema de la clase era la recuperación de la parturienta. Versaba sobre la necesidad de volver a la vida social.

Que en la teoría está muy bien. Pero a la práctica, pues con todo el suelo pélvico hecho un Frankestein, las hormonas la mar de locatis y una minimodernidad que todavía no tiene muy claro qué le ha pasado, cuando ella estaba tan feliz hecha una bolita compacta en un útero a gastos pagados; pues fácil no es.

La matrona hablaba de tener vida social. De quedar con amigos. De salir a la calle. Tomar algo en alguna terraza.

Y ahí estás tú, imaginándote a final de verano. Con tus gafas de sol. Totalmente recuperada. En una terracita de ensueño, tomándote algo fresco, con un descendiente dormido en el regazo, charlando con tus amigos. La luz cae suavemente, porque es última hora de la tarde y alguien pregunta si hacéis unas bravas y pedís otra ronda de refrescos.

Pero pares y esa imagen se va a la mierda.

Tu descendencia no soporta estar en una terraza. Ni duerme en tu regazo. Cuando pides una bebida te la patea y acabas bañada en ese líquido pegajoso. Además, a las 6 necesitas estar en casa, porque si no duerme ESA siesta de las 18:00 en su cama o cuna o lugar de preferencia, ya no duerme nada en toda la noche.

Así que te rindes de intentar terrazas y tienes un horario controlado para poder estar en casa a tiempo. Pero la inexperiencia hace que te saltes el horario un par de veces, pagando las consecuencias.

Entonces, una amiga te pasa una foto de su monísima modernidad durmiendo a pierna suelta bajo una sombrilla, semitapada por una muselina casi invisible, en una tumbona de la costa brava. Y piensas que ahí está la solución, que irás a la playa y con la brisa marina, tu descendiente se relajará al son de las olas. Podrás estar un rato con los amigos.

Te haces una nueva imagen mental. Tu digno heredero jugará con la arena, tumbado en tu regazo. Tú te tomarás, al fin, ese apreciado refresco con burbujas y azúcar. Llegado el momento, se dormirá y podrás dejarlo en la toalla, bajo la sombrilla. Mientras avanza la tarde, podrás pasar un buen rato con tus amigos.

Y de nuevo, un mojón.

El descendente en cuestión no soporta la arena, ni la brisa marina ni esa toalla ni la sombrilla.

Y aún lo intentas con un par de escenas más.

Que también se desmoronan.

Y lo aceptas. Ni tus nuevos horarios coinciden con los de tus antiguos amigos. Ni tus escenarios pueden continuar siendo los mismos.

Aquí es cuando me quedo con ganas de decir algo: no pasa nada.

Esos amigos desaparecerán, como tú desapareces de sus vidas. Porque tus horarios no pueden seguir siendo los mismos. No es culpa de nadie. Quizás vuelvas a sus vidas en breve, o quizás no. Pero no se acaba el mundo. Hay más gente. Y si un descendiente trae algo a tu vida, a parte de cacas y mocos, es gente.

Mucha gente.

Y experiencias.

Y opiniones.

Quizás conectes con una de las madres del curso de matronatación. O quizás con la abuela que lleva a sus nietos al parque. Más adelante, con otras madres de la escuela. O con aquella compañera de trabajo que te parecía tan idiota, pero ya no.

Quizás te veas muchas más horas encerrada en casa, porque sus horarios no son los de la ciudad donde te ha tocado vivir. Pero no pasa nada. 

No pasa nada si no vuelves a ser quien eras antes. No pasa nada si no vuelves a una terracita con toda la tarde por delante. No pasa nada si tu descedencia no es ese bebé planta que ves cuando pasas por la calle corriendo de vuelta.

Porque no pasa nada. Porque volver no es una obligación.

Puede ser una nueva página.

Prefiero las huidas hacia delante.

Y vosotras ¿habéis vuelto?

 

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10 comments

  1. Pues yo tengo que decir que, casi 5 años después aún no he vuelto. O por lo menos no ha vuelto la versión 1.0 de mi misma. Sin embargo, dos hijas después puedo decir que esta nueva versión (3.4 o 5.7 ya he perdido la cuenta!) es infinitamente mejor que la primera… Distinta, pero mejor. Aunque eso solo lo he descubierto hace unos 20 minutos!!!!! Jajaja. Ánimo!!

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    1. Considero que volver a la versión 1.0 es imposible, a menos que tengas un agujero de gusano. Está bien esa parte cuando te vuelves a mirar al espejo y lo que ves te gusta más que lo que había antes. Distinta, pero mejor, como dices 😉

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  2. Depende del crío. En mi caso desaparecieron personas pr no fue x el niño xk se pasaba la vida durmiendo y aún no se xk, y ahora viene gente nueva gracias a los parques. La vida va y viene, y si son buenos amigos aunque quedes menos con whatsapp,… Ahora es más fácil mantener contacto

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  3. No puedo estar más de acuerdo con todo esto. Yo nunca entenderé la manía del “paseíto”. Recuerdo con el primero que me tomé esta recomendación como una obligación casi desde el día uno y acababa hecha polvo, arrastrando mis puntos postparto y mi cansancio por el barrio. Con la segunda ya tenía clarísimo que saldría a pasear si tenía ganas, sino en casita se está muy bien. Y claro me he tenido que comer las regañinas de la matrona (“¿No sales a pasear? No, pues tienes que salir, ¿eh?”). A todo se vuelve (o no), pero lo peor es tratar de forzarlo.
    Reconozco que yo he mandado fotos idílicas de mi bebé tumbada dormida en la sombrilla, pero he estado un mes en la playa y esa circunstancia solo se ha dado dos veces. Las fotos son una engañifa.

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    1. Ya he visto esas fotos en tu IG, mala mujé, ya..
      Supongo que quieren detectar las depres post-parto, el problema en estos casos es que tienen 0 conocimientos de psicología y acaban haciendo sentirte mal por querer ir a otro ritmo.

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    1. El calor es terrible, pero creo que me juegan peores pasadas las hormonas.
      Vamos a ver qué pasa en esta casa con la llegada de la segunda descendencia, de momento me mentalizo con salir a la calle con un koala de cada brazo y luego, ya veremos.

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  4. Of course not! Nadie vuelve. Es como el armario de Narnia. Lo que se me ocurrió a mi en su dia es hacer que la gente viniera a visitarme a mi en vez de salir yo y…meeeeec error. Ahora me paso los domingos haciendo paellas y salmorejos para los invasores

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    1. Consuélate, haces labor social llevando comida de verdad a los bárbaros a la vez que perfeccionas tu paella 😉
      Lo de volver de Narnia, lo veo más factible que volver atrás y ser la moza jamona que una vez se fue.

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