Dame ese azúcar, que quiero morir, dame ese azúcar

Este mes he tenido más trabajo del que esperaba y he dejado el blog a medio gas, como viene siendo habitual. Las energías son limitadas y las noches del sr. Oh siguen siendo divididas en capítulos con cliffhanger final. Hemos aprendido a racionar fuerzas.

Entre universidad, trabajos, proyectos, parques, abuelas, escuela y demás devenires del mundo real, ayer me hice el O’Sullivan de esta segunda descendencia y recordaba este post, donde definía los pasos para tener brazos de yonki.

brazos de yonki © hipsterbebe 2014

brazos de yonki © hipsterfamily 2016

El proceso sigue siendo el mismo tras dos años. Vas, te pinchan, te metes en menos de 3 minutos los 100 gramos del horror de glucosa, esperas 60 minutos y te vuelven a chupar la sangre. Y venga, pa’a tu casa maja, que aquí molestas.

Me parece a mi que cuando te sacan 5 tubos de sangre con el estómago revuelto, lo menos es que alguien te invitara a desayunar. Como mínimo. Y un taxi hasta casa. Y no tener que trabajar ese día. Por Ley.

Esta prueba está plagada de polémica y yo, personalmente, no confío en ella, ni creo que todos los casos que desvela sean ciertos, haciendo que mucha gente pase un calvario de dietas e insulina cuando no está claro que sea necesario. Esta prueba solo debería realizarse cuando existen antecedentes y bajo algunas condiciones detectadas por el obstetra. Vamos, que la prueba es un coñazo.

Cuando me vine venir el segundo trimestre le dije a la buena doctora que no quería hacer el O’Sullivan. Básicamente, me miró levantando una ceja, mientras me respondía que el rollo se lo pegara a otra, que me tocaba la prueba, sí o sí. Vamos, que si quería saltarme el mal trago, badumtssss, tenía que hacerme objetora de consciencia y eso me iba a llevar un trabajo que no quería asumir. Que ya suficiente tengo.

Así que heme aquí, con ambos brazos taladrados.

Esta vez, las cosas han ido de otra manera.

Porque soy una rebelde. Ow, yeah.

Hace solo dos meses que estoy trabajando con un proyecto grande y con perspectivas a ser estable. He tenido que pedir permiso para pruebas y ecos varias veces, esta vez no me apetecía tener que justificar nada, así que decidí hacer el test del azúcar por la tarde, al salir de trabajar.

El plan era sencillo, desayunaba y aguantaba hasta la tarde, soportaba el subidón y tan felices. Pero mi doctora me dijo que ella, por los últimos estudios publicados, permitía desayunar ligero. Es decir, nada de huevos con beicon, tostadas con mermelada y tres piezas de fruta regado con café con leche y smoothie de 63537 frutas. Ella me concedía permiso papal para que comiera ligero a mediodía y fuera a la prueba, pero por seguridad pregunté a las enfermeras del centro si había algún problema con hacer la prueba por la tarde, ni fuera a ser que sólo tuvieran el líquido disponible por la mañana o tuvieran para mi una excusa surrealista.

Las enfermeras no es que vieran un problema en ir por la tarde, es que lo encontraron un sacrilegio. Tenía que ir en ayunas y no iba a pasar el día en ayunas ¡pecado capital!

Tira y afloja entre ellas y yo, tras 15 minutos de posturas inamovibles, que podrían ser representadas por simpáticos emojis, decidieron que no era problema que fuera por la tarde, pero que mi doctora se equivocaba dejándome comer. Y ellas no iban a consentirlo.

Mi resolución a final tras breve consulta popular whastappera, hacer lo que me saliera de los ovarietes.

Y así he hecho, desayuné normal, comí mi fruta de media mañana y comí ligero a mediodía. Al salir fui al centro médico.

Llegué, triunfante, capa invisible de superheroina atada a la espalda y dispuesta a decir que sí había desayunado y comido, rompiendo las cadenas del yugo infermeril, mientras una suave brisa movía mi melena manteniendo una pose poderosa sobre el mostrador de la entrada.

Pero me cagué.

– Perdona, ¿Qué dices que vienes a hacerte qué?
– El O’Sullivan.
– ¿Por la tarde?
– Sí.
– … – mirada crítica -.
– Hace un mes que confirmé que sí podía.
– No puedes porque tienes que venir en ayunas.
– Sí, estoy en ayunas – dije mientras pisoteaba mi capa mágica -.
– ¿En serio? – me interrogaba mientras me miraba intermitentemente mi barriga y mi cara -.
– Sí, sí… – Y comencé a a poner cara de muerta en vida -. ¿No ves que cara de desgastada llevo?
– Vale, vale, pues pasa y te llama mi compañera.

Y así fue, mi valentía reducida a añicos para poder hacer la prueba sin dilación.

Comparando la prueba sin y habiendo comido, exceptuando un minisode de revuelto estomacal en el segundo caso, no tiene NADA que ver hacerla en ayunas o con comida en tus venas. Es infinitamente más soportable habiendo comido. Eso sí, cada vez que pasaban a ver cómo lo llevaba me hacía la muerta por los rincones, tirándome al suelo mientras hacía la semicroqueta, actuación digna de ser emitida en Cannes, no sobreactué para nada. Repitiendo las ganas que tenía ver acabar e insistiendo en qué dura era la vida preñil. Estaba yo tan feliz con mi mentira hasta que al salir, verdad verdadera, me dio auténtico bajón y tuve que pararme a devorar una nutritiva merienda. Os ahorraré los detalles del contenido de susodicha merienda, por la envidia os daría, puramente.

Y vosotras ¿qué pensáis de los brazos de yonki?

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10 comments

  1. Cuando me hice el Osullivan de las narices en mi primer embarazo estuvieron a punto de darme los siete males. La enfermera que me tocó no encontraba la vena (según ella, las tenía muy finas, aunque nunca ni antes ni después nadie se quejó de ello) y me pinchó en falso tantas veces que al final tuvieron que cogerme una vía ¡en el dorso de la mano! Brazos de yonki no ¡lo siguiente! En cima la vía estaba mal puesta, y cuando fui a decírselo (entre nauseas y blanca como una tiza) me mandó de vuelta a la sala de espera con un “anda, anda, que está estupenda, si no sabes de esto. Tú estate quieta”. La vía se me salió, claro, me manché el brazo y la ropa de sangre y aún así la señora insistía que era culpa mía, “que a saber qué has hecho”. Para la segunda muestra tuvo que pedir ayuda a una compañera porque ya no sabía ni dónde clavar la aguja. Aquello era peor que la matanza de Texas!!!! Así que ¡¡¡¡rebeldes al poder!!!!!

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    1. Si es que esta prueba es el mal, lo mires por dónde lo mires. A esa enfermera, las clases de pinchar se la tuvieron que convalidar o se las saltó directamente, porque esa es otra, las enfermeras que te encuentras por la vida, que no saben donde han dejado el tacto y las buenas maneras y se creen que tratan con entes y no con personas.

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  2. Eres una gamberra tia¡¡¡¡¡ jajajajajaj
    Pues es un coñazo de prueba, si señora. Yo de hecho he tenido dos diabetes gestacionales y lo único bueno es que tenía una dieta tan extricta que después del embarazo estaba más delgada que antes.
    Oye y cual fue el resultado de la prueba??

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