El hambre

Hay tres tipos de zombi:

  1. El clásico, el zombi americano, el que no corre mucho pero es como aquel novio pesado, por insistencia consigue lo que se propone.
  2. El rápido, el europeo, que corre que se las pela.
  3. El sr. Oh cuando tiene hambre.
"Soy una monada de zombi come tetas"

“Soy una monada de zombi come tetas”

Amiguitas, el problema del sr. Oh! no es que el hambre sea insaciable o que tenga capacidad estomacal para devorar huracanes. Es que pasa de 0 a 100.000 en 0,0 fracciones de nanosegundo. Puede estar tan feliz jugando con sus coches, cuando, sin previo aviso, se convierte en una fiera sedienta, mete las manos heladas bajo mi camiseta y se ciega en busca del chupito tetil definitivo.

Sin piedad.

¡No para hasta conseguirlo! Algunos días de invierno, cuando llevaba más capas de ropa, me ha lanzado ¡hasta dentelladas!, dentelladas de 4 dientes, pero dentelladas después de todo, mientras yo huía sentada en el suelo marcha atrás y él me perseguía por el comedor como bebé gateador profesional en velocidad match 3 con la boca abierta dispuesto a succionarme la vida.

A veces lo hemos solucionado ofreciéndole algo de pecho, mientras lo sostengo con un brazo que se me ha puesto como el brazo con el que Hulk se hace gallardas a base de aguantar un salmonete de 11 kilos chupeteador de tetas, mientras que con la mano libre rebusco en busca de comida pre-preparada apta para herederos de 12 a 18 meses.

Según la hora del día en que le ataque el virus zombi, puedo cocinar algo caliente y básico mientras un koala roe mis piernas y me maldice las criadillas en su propio idioma.

Porque, señoras cuando el hambre ataca, no hay compasión hacia vuestras dos personalidades. De hecho, el sr. Oh es tan TROLL, que puedes haberte pasado la tarde con un bol de fruta pelada y cortada a su alcance, mientras él, reiteradamente, vaya rechazándola. Para que, llegado el momento exacto en que decides comerte tú la fruta que él no quería y hayas ingerido el último bocado, veas como un bebé, que normalmente avanza en paso errático, se lance con decisión cirujana sobre el bol, para comprobar que ha quedado vacío y catapultarlo furibundo, porque se acaba de dar cuenta que tenía hambre y no un hambre progresiva y pacífica, no. Un hambre brutal activada por el virus zombi. Y, obviamente, se lanza a tu pechugamen, para sacar lo que pueda de ellas.

¡Qué bonita es la lactancia a demanda!

Y a vosotras ¿os atacan los zombis?

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9 comments

  1. Jajaja. Mis hijas son también de hambres (y sueños) repentinos. Vamos que cuando les aprieta la necesidad tiene que ser ya, pero ya. Con la Mayor que acaba de cumplir 4 años se puede negociar, pero la Peque que solo tiene 18 meses es otro cantar… ¡Zombi en estado puro!

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  2. Ay se me habré reído con tu post. Lo tengo al niño ahora pegado a la teta succionándome la vida, pero por lo menos me deja sentarme y chequear algunos blogs.
    Es la historia de nuestras vidas y la teta a demanda..cuanta razón tienes.
    Abrazo

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    1. Jajaja, succionan la vida, sí señora. Aquí el sr. Oh me dejaba hacer cosas hasta que un día se hartó.
      Además que tengo claro cuando busca pecho y cuando me ataca porque lo que tiene es ganas de comerse un buen plato de-lo-que-sea-pero-que-sea-yaaaaaaa.

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