Mes: diciembre 2015

Today, tardío. Repaso a los propósitos del 2015

A principios de 2015, tarde, me apunté al reto de Scarlata y el Señor Don Gato II, de los 15 propósitos para el 2015.

Poco sabía entonces que iba a resultar un año tan duro y largo. A pocos días de acabar, tengo ganas de quitar el 15 de mi vida. Mi intención, como conté en el post de los 15 propósitos para el 2015 original, era que llegado diciembre, mirara hacia atrás manteniendo una pose heróica melena al viento y brazos en jarra, haciendo una valoración en voz alta.

No va a poder ser porque en noviembre me corté el pelo. Y porque los últimos meses me han echado al cuerpo 5 años y cualquier movimiento brusco me deja contracturada, así que de poses heróicas, pocas.

Pero, vamos a ver cómo han ido las cosas.

Chupipunto conseguido

  1. Encontrar un curso para el sr. Oh y para mi
    No solo fuimos al curso de masaje, que resultó en un churro épico, si no que conseguimos plaza en la EM de Música y hemos completado el taller enterito, además vamos a matronatación.
  2. Encontrar 99 formas más de trolear
    Los ojos azules y la melena rubia del minimoderno han dado para mucho.
  3. Dejar al sr. Oh que vaya a su ritmo
    En este punto nos merecemos un premio, a pesar de los consejos desde Poniente y Occidente, el sr. Oh va a su ritmo. Y si con 16 meses no camina solo, pues lo hará con 17 o con 18.
  4. Leer
    Voy a contar los cuentos de 3 páginas en cartoné y con 2 palabras como novelas y me voy a dar un chupipunto completo.
  5. Caminar cada día al menos 2 kilómetros
    Esta tiene truco, vamos andando a la escuela infantil del sr. Oh, que está a kilómetro y medio desde casa. Así que, do your maths.
  6. Arreglar mi web
    He convertido mi Dribbble en mi porfolio, así que la doy por buena.
  7. Encontrar clientes
    Punto completo. Y que tengo que duplicar en la siguiente lista.

Pse… medio chupipunto

  1. Aplicar el método Montessori
    En casa hemos hecho lo que hemos podido, pero como va a una escuela infantil donde aplican una parte de Montessori, lo daremos medio cumplido.
  2. Arreglarme un poco
    En septiembre probé la crema Velastisa Antiestrías y en noviembre me corté el pelo, pisar una peluquería suma medio punto de carisma.
  3. Tener una tarde al mes con el sr. Moderno
    Lo voy a contar como medio porque nos escapamos 2 mediodías al cine y un día nos fuimos solos a turistear a otra ciudad. En realidad, debería contar como 1/4 de punto…
  4. Hacer algún taller / curso / networking
    Tengo la idea para montar un networking, con su nombre, su temática, incluso un posible loca. Solo me faltan las horas y las energías para hacer la primera sesión.

Fail absoluto

  1. Ir sin prisa
    Con un niño que siempre va desesperado por sueño, por dolor de dientes o por que le pesa la vida, con angustia de separación y que hasta noviembre no empezó a dormir las siestas conmigo, conseguir la calma y tranquilidad es para mentes superiores.
  2. Comer bien
    Jajajajaja. Y a principios de año me quejaba. Jajajajaja. Ahora he caído en los precocinados, en el mejor de los casos, mientras el sr. Moderno tiene servicio de comidas en el trabajo.
  3. Arreglar mi estudio
    Sí, pero no. Primero lo arreglamos, luego las cosas cambiaron, yo acabé en un coworking porque trabajaba para una start-up, así que modificamos el estudio. Entonces el coworking cerró, por lo que volvimos a modificarlo. La start-up cerró y acabé trabajando de freelance en un estudio de packaging, y lo volvimos a modificar. Para acabar entrando en otra start-up donde hicieron reducción de personal. Ahora estamos en un punto en que ya no sabemos si el estudio es un estudio, una Tardis o un trastero.
  4. Publicar un trabajo
    De esta ni me acordaba. Nada que añadir.

Y vosotras ¿habéis cumplido todos vuestros propósitos?

En el blog de Scarlata y el sr. Don gato II tenéis el resumen de los blogs que han participado en este reto 🙂

Natación desincronizada

En julio de este año, se me ocurrió que sería una genial idea apuntarnos a matronatación.

Así nos imaginaba en la piscina

Así nos imaginaba en la piscina

En la piscina municipal hacían un intensivo de 1 mes, a precio razonable en un horario horroroso, pero como la sra. Angus ya vivía con nosotros y el sr. Oh (10 meses) no podía dormir conmigo las siestas, me daba bastante igual tener el drama en casa o con audiencia.

La cosa fue moderadamente bien. El ambiente de la piscina le gustó, el agua le apasionó, al punto que me pasé el verano evitando que se despeñara literalmente, de cabeza, hacia cualquier charco que viera.

Pero vamos al tema en trebambalinas:

Ir a la piscina con un descendiente que no camina es una mierda

En nuestro caso.

Yo me las daba muy felices, hasta que entramos en faena. Hay descendientes que mantienen un estado mental zen durante todo el proceso pero, evidentemente, este no puede ser nuestro caso.

Ponerse los respectivos bañadores es relativamente fácil, si eres capaz de controlar el movimiento “posesión de alien” donde es capaz de acabar volcado el carro o saltando del cambiador. Mientas otras madres danzan con sus pichones mientras se ponen y se quitan ropa sin alterar el ritmo del Universo.

A las otras madres, les da tiempo hasta de pintarse antes de saltar al agua

Las otras madres, tan relajadas y naturales en el vestuario.

La parte chunga de verdad viene en la ducha, donde el salmonete en cuestión enjabonado huye por su vida y se te escapa de los brazos dispuesto a espachurrarse contra las baldosas del suelo con tal de huir. Mientras, ojiplática, oía en las duchas colindantes bebés reír mientras sus enternecidas madres, deduzco, les aseaban con jabón de unicornio y les aclaraban con gotas de rocío entregado por virginales princesas incas en hojas de palma fresca, porque lo que es en nuestra ducha el agua salía como agujas de fuego y hielo a presión de horror infernal.

Así que, en el vestuario hacíamos un remojón para eliminar el cloro superficial y nos duchábamos con propiedad en casa.

Pero ¡ay, amiguitas! El tiempo deforma los recuerdos y en septiembre se me ocurrió apuntarnos al sorteo y no tocó la plaza. Ahora teníamos la oportunidad de perfeccionar nuestra técnica.

El primer día de clase de este curso, era el primer viernes de octubre. Cómo el destino es caprichoso, nos tocó una de esas semanas en que el sr. Oh (13 meses) empieza a llorar el lunes a las 6 AM y no acaba hasta el siguiente lunes. Así que ese viernes yo estaba desquiciada y agotada, no había podido preparar la bolsa y tuve que hacerlo con un niño que, además de no haber dormido ni un segundo de siesta, se negaba a separarse de mi y que tampoco quería estar en la boba, solo quería estar en brazos. Salimos tarde de casa y llegamos justo cuando las últimas madres ya entraban en la piscina, el sr. Oh luchaba por romper los cinturones de silla para que lo cogiera en brazos mientras seguía chillando.

Íbamos tarde, pero había conseguido hacer la bolsa y llegar hasta allí, ¡bien! Empiezo a sacar toalla, chanclas, gorro y… me había dejando mi bañador en casa.

Me saturé y empecé a llorar.

Que me podéis decir que no era para tanto, pero para mi esta fue la gota que colmó el vaso. Cogí al sr. Oh y salí de allí bajo la mirada del recepcionista, que no entendía porque íbamos ambos llorando camino de la salida.

Cortinilla. Pasan las semanas. Se vuelven a ver las puertas de la piscina. Interior vestuarios, día.

Unas semanas después, habiendo aprendido a preparar la bolsa con un descendiente en brazos, llegamos a la piscina y, de repente, a parecen una madre del curso y su retoño entrando al trote. Vienen de lejos, ha salido tarde de casa y a medio camino se ha dado cuenta de que se ha dejado la bolsa y, aún así, le ha dado tiempo de pasar por, vamos a llamarlo, El Patrón Británico y comprar una par de toallas, unas chanclas y un bañador para ella, entrando como un huracán ni siquiera tiene que pedir que alguien le deje un gorro porque una que pasaba por allí le dice que tiene uno de sobras y otra madre le da un pañal de piscina para el heredero.

confused

Pim pam pum. Llega tarde, le da tiempo a comprar lo básico para ella, le dejan el resto y continúa la tarde tan feliz.

Está claro que es cuestión de actitud.

Y entonces me diréis que no pasa nada porque en el agua el sr. Oh se lo pasaba la mar de bien. Pues fue volver en octubre y resulta que habían cambiado el agua por azufre, para hacer juego con las duchas, clarostá. Y pasó de ser un sirenito feliz, a abrazarse a mi cuello, cual koala personificado. Si ya no participaba en las actividades en seco, en la piscina menos.

Así tenía un alien en el vestuario, un koala en el agua y un salmonete en la ducha.

Por suerte superamos la adaptación piscinera y poco a poco vuelve a ser feliz en el agua, disfruta de lo lindo viendo culos de veinteañeras cañón y jugando con las puertas de las taquillas en el vestuario, la ducha ya no es un baño de lava y se empieza a aguantar en pie sin apoyo (15 meses).

Sin embargo, hasta que consigamos el grácil baile de las otras madres piscineras, seguiremos practicando nuestra natación desincronizada.

Y vosotras ¿qué tal lleváis la sincronización?