Mes: octubre 2015

Cómo hacerle el amor a un cruasán

El 21 de marzo de 2015 quedará marcado en nuestros corazones para siempre, por un dato trascendental en la vida de todo niño. Fue el primer día que el sr. Oh probó un cruasán.

Así, de golpe y porrazo entramos en el top 10 de malos padres.

Esa fecha no fue aleatoriamente escogida, fue la croissant crawl y nosotros hicimos nuestra especial ruta en Barcelona.

El primer punto fue la Ochiai, donde nos pusimos como cerdos, y ahí él ya empezó a indignarse porque no tenía esa cosa con tan buena pinta para comer.

El segundo punto fue la Escribà y ante la pataleta iracunda del pequeño descendiente, corté una pata de mi cruasán y se la dí, consumida por el terror. La pata fue devorada no sin antes un cortejo lleno de babas y manoseo estilo teenager salido.

Desde entonces la relación del sr. Oh con dicho producto ha sido pasional hasta los topes.

Teníamos muy prohibido a las sras. Abuelas que en sus respectivos turnos de cangureo ofrecieran para comer tales basuras alimentos. Pero se enteraron del “incidente del cruasán” y, de repente, tenían vía libre para hacer lo que les diera la real gana.

Así que, con el paso de los días, el sr. Oh ha perfeccionado sus técnicas amatorias hacia la bollería y procede así:

cruasan

Coge el cruasán como si de un objeto divino se tratara. Haciendo prácticamente una reverencia al recibirlo.

Entonces, lo inspecciona con sus manitas, dándole vueltas y recorriendo con sus ojos azules el cuerpo del pecado.

Y cuando ya ha sonrojado al cruasán, procede a recorrer la superficie con la boca, dándole mordisquitos de amor aquí y allá.

Una vez recorrida la parte comestible en su totalidad, el cruasán queda reducido a un amasijo de pasta húmeda, que aprieta fuerte con sus manitas y donde hunde las uñas dejando al sr. Grey a la altura del betún.

Para finalizar, come “eso” como si fuera lo mejor del mundo. Y al acabar, mira al infinito con pupilas en forma de corazoncito.

Y vosotras ¿a qué alimento del pecado le hacéis el amor más marrano?