Mes: agosto 2015

Querido sr. Oh!

Apéndice de mi cuerpo.

Despojo de mis entrañas.

Hoy cumples 1 año. 12 meses. 365 días respirando aire. A esta hora exacta, porque tuviste a bien llegar a media mañana.

Hoy podría escribir los versos más dulces, pero me pesan demasiado los párpados para hayar la rima.

1 año de revolucionar al personal. Porque no solo has revolucionado al sr. Moderno y a mi, has revolucionado la vida en general. Esa vida que a veces te ataca los sentidos y a la que respondes con una pasión dramática, digna de un graduado suma cum laude interpretativo.

1 año de locura. Donde han pasado los días a cámara lenta y las semanas de forma acelerada. Porque tanto puedes entretenerte 10 maravillosos minutos, de paz, rascando un punto sobre el papel, como lanzar por los aires, en microdécimas de nanosegundo, el mordedor megafashion hiperdiseñado para paladares infantiles, porque no puedes perder el tiempo con chorradas.

1 año de intensidad. Porque no conoces el punto medio, lo tuyo es la risa brutal o el llanto desesperado, quede entre tú y yo, que prefieres expresarte por medio del llanto. Rasgarme las vestiduras porque quieres salir gateando, a toda mecha, para descubrir el mundo, para 1 instante después, clavarme las uñas en el alma porque no puedes soportar un centímetro de tu piel separada de la mía. Que si yo tengo carácter de KAM, has venido tú, con tu caracter de CEO, a ponernos a todos de vuelta y media.

1 año desmontándome los esquemas. Deconstruyendo nuestro sistema para volverlo a organizar. Porque nosotros pensábamos que tener un descendiente era bufar i fer ampolles, ya que los bebés solo necesitaban teta y amor. “¡JA! ¡Qué vives encantada, alma de cántaro! ¡Y brazos, so merluza! ¡Brazos!” 1 año de vivir con un descendiente-koala enganchado en el tronco y de preguntarme ¿dónde están esas escenas de niños sonrientes que esperan tranquilamente a sus madres? ¿dónde están esos minutos de luz con un bebé que se hipnotiza mirando a su madre a los ojos mientras mama y ella puede jugar con sus rizos de oro? ¿dónde están esos momentos de madre e hijo donde pueden jugar y descubrir el mundo juntos? ¿dónde quedan esas horas donde un bebé busca los brazos para dormir y no para dominar el mundo? Tú coges todas esas moñerías, las aprietas en tu puño carnoso y las tiras, en un momento de descuido, barranco abajo, acompañando el gesto con un gorgorito de jolgorio, para que nadie pueda recuperarlas jamás.

1 año de vivir con una rabia incontenida y una oleada de furia. Todo intensidad, como tú.

1 año de todo o nada. Ahora o nunca. Porque antes de ti, ¿qué había? Ya no lo recuerdo.

Feliz Primer Cumpleaños, sr. Oh!


PD: Y para que no se nos olvide, vamos a enumerar algunas de las cosas que haces con 1 año y que, aunque sean lo más normal del mundo, nos parecen mágica potagia.

  1.  Cuando ves algo que te gusta, pegas un chillidito de emoción con pulmones de soprano y dices “txatxo” mientras señalas con tu dedito índice.
  2. Cuando quieres que te cojamos en brazos, te pones de rodillas y alzas tus brazos, invocando la fuerza vital. (NdA: Ver Bola de Drac).
  3. El tenedor sirve para pinchar la comida del plato y acercártela a la otra mano. Poner el tenedor en la boca es un evento que solo se celebra 1 vez cada 10 días.
  4. Te gusta rascar puntos sobre plano. Ya sea una mancha de pintura en el suelo o un remache del tejano.
  5. Te molan, MUCHO, las mujeres, es ver una buena jaca y te olvidas hasta de tu madre, y si la moza es asiática, pierdes hasta el senti’o. Los gorgoritos, cuando las ves, rompen copas de cristal.
  6. Te gustan los hombres con barba. La mezcla del punto 5 y 6 puede dar que tus parejas en el futuro sean suficientemente eclécticas para un hipster.
  7. Eres capaz de acabar con la paciencia de tu padre, y como dice él, mira que es difícil. Lo considero un mérito, porque yo en 15 años no lo he conseguido.
  8. Tu obsesión diaria son los círculos planos: las ruedas y los pedales de mi bici, las ruedas de tu carro, las ruedas del coche de juguete, los botones, los platos… Si está en tu radio de acción, tienes que ir a darle vueltas.
  9. Te gustan las plantas, gatear sobre hierba también, pero sobretodo comerte todo hierbajo verde que veas.
  10. Silvas.
  11. Si te dan algo plano, lo usas de abanico.
  12. El espíritu del lemming es poderoso en ti. Si hay un barranco, un precipicio o un desnivel lo suficientemente pronunciado, allá vas de cabeza. SIEMPRE.
  13. Nos abrazas al cuello hasta ponernos morados.
  14. Sonríes.