Gazpacho

Os voy a confesar algo. Tengo una extraña relación con el tomate.

Me gusta en su forma de salsa boloñesa. Lo odio en su forma de salsa napolitana.

Es imprescindible en el bocadillo. Es obligatorio para comer pa amb tomàquet.

Es el horror en una ensalada, lo infecta todo. Afortunadamente se inventaron los tomates cherries y cuando me toca uno, puedo catapultarlo con toda la fuerza de mi dedo índice, haciendo palanca con la cuchara que tenga más a mano.

No puedo ni olerlo al horno. Pero una pizza sin base de tomate es una aberración.

¿Y el gazpacho? El gazpacho en mi familia no es un plato, es una tradición. Como en otras casas se come paella los domingos, en la casa donde crecí, se come gazpacho. No me gusta el gazpacho. Algunas almas impías me han llegado a decir que el gazpacho no sabe a tomate. EXCUSE ME!? Lo que no sabe a es a nada más que a tomate. Tú a un gazpacho le puedes echar 1 kilo de pepino y 2 de pimientos y seguirá teniendo gusto de tomate. Le puedes poner picada de patatas chips y seguirá sabiendo a tomate. Puedes experimentar con la cocina molecular y seguirá sabiendo a tomate. Porque el gazpacho es, básicamente, tomate. La forma más malévola y corrosiva del tomate es el gazpacho. Es el puto mal gastronómico, para quien no gusta el tomate.

Con todo, decidimos que nuestras manías y gustos no iban a ser una imposición para el sr. Oh.

Aunque se recomienda no introducir las frutas rojas lobuladas (tomate, fresas, kiwi…) hasta más adelante, coger un tomate y ofrecérselo como merienda era demasiado fácil y nos saltamos la norma. Lo único que hay que hacer es no ofrecer ningún potencial alérgeno más en un periodo razonable, 3 días normalmente, y observar reacciones.

El tomate no le gustó, le encantó y así de repente, mi sra. Madre estaba haciendo gazpacho cada dos por tres y, ¡oh! casualidad, le sobraba siempre un poco que había preparado, curiosamente, sin sal ni vinagre. “¡Oh! Madre, que curioso que justo el sr. Oh no tiene nada preparado para comer”. Yo me hago la tonta y ella feliz.

Fue una solución pacífica ya que a ella no le encaja en absoluto el BLW y yo evitaba luchas por la papilla.

Sin embargo, el gazpacho sigue provocando mi desdicha.

Algunos días se nos pasa la hora, el tema de los horarios es complicado con el sr. Oh a causa de su resistencia al sueño. Esos días llegamos tarde a casa, necesita cenar y dormir ¡ya!, y en la nevera hay un plato de gazpacho preparado y fresco, que solo hay que ponerlo delante de su naricita para que se lance a por él con la boca abierta como una carpa Juanita.

Aquí el sr. Oh poseído por la carpa Juanita.  La imagen pertenece a su autor "El domador de peixos".

Aquí el sr. Oh poseído por la carpa Juanita.
La imagen pertenece a su autor “El domador de peixos”.

Entonces devora y bebe gazpacho como si no hubiera un mañana, porque no lo hay, solo hay gazpacho delante de él. Al principio acepta algunas cucharadas que van directas a la boca, luego pide la cuchara y empieza el marraneo más alocado. Hay gazpacho en la mesa, en la silla, los cojines… pero sobretodo hay gazpacho por todo el sr. Oh, especialmente manos y cara.

Nosotros le dejamos comer así, porque el es más libre y nosotros más felices. No hay batallas, come cuanto quiere y cuando no quiere pues no come y punto.

Pero hay un momento en el que se harta y su señal es levantar los bracitos hacia, normalmente, mi persona. Bracitos rebozados en gazpacho. Y me mira con ojitos de “llévame”. Ojitos enmarcados en gazpacho.

No me puedo negar, lo cojo. Y entonces hunde su cabecita sazonada en gazpacho en mi cuello. Y se frota. Y me abraza fuerte. Con gazpacho.

Hay unos instantes de terror. Todo huele a gazpacho.

Tengo gazpacho en el cuello, en el pecho, en el cogote y el pelo. Tengo gazpacho en las tetas. Tengo un hijo con forma de gazpacho, que huele a gazpacho porque está, esencialmente, recubierto de gazpacho.

Lo manipulo como si fuera una bomba de la Guerra Civil. Nos vamos, muy despacito, hacia el baño, para limpiarnos. Consigo quitar todo el gazpacho del sr. Oh y procedo con el mío. Aquí hay que proceder en cierto orden porque si inmediatamente después de la cena no se acuesta, se desatan huracanes.

Vamos a dormir y, cuando se consigue rendir ante el sueño, vuelvo a un comedor pintado de gazpacho, con olor de gazpacho y textura de gazpacho.

El paraíso del tomate, vamos.

Y mientras tanto el sr. Moderno, feliz. Él ama el gazpacho como estilo de vida.

Maldita genética.

Y vosotras ¿sois pro o anti gazpacho?  Y no me vengáis con mierdas de gazpacho de sandía, el gazpacho es de tomate o no será.

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8 comments

  1. Pues a mi el gazpacho, no se, creo que me gusta pero me da asco comerlo. No se explicarlo, lo he probado y me gusta, pero por regla general las cosas que van batidas me tiran para atras, asi que siempre que alguien me ofrece un gazpacho pienso, que cantidad de guarrerias habras picado y no lo tomo nunca.
    Ayer justo me comentaban unos amigos que si añades una manzana en el gazpacho que le quita el sabor del ajo y la cebolla y no se que, y digo yo que entonces eso no es un gazpacho, llamalo X pero gazpacho no es.
    En mi casa hay división con los gustos. A mi marido y a Diego les chifla, pero Alejandra es como yo y prefiere ni probarlo.
    El señor Oh cubierto de gazpacho debe estar para comersele, jejejejej
    Un besote.

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    1. A mi me pone del revés eso de “gazpacho de sandía”, el gazpacho y la sandía, juntos, no pintan nada. A parte, yo amo la sandía, así que esa combinación me parece pecado mortal.
      El sr. Oh cubierto de gazpacho está para comérselo porque, con todo lo que tiene encima, sacas un plato para 6.

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  2. odio el gazpacho, pero es culpa del pepino, puaj xD

    pero te doy la razón, con todo lo que me gusta el tomate, no es su versión más feliz… en todo caso prefiero el salmorejo!

    p.d. de la cena a la ducha, entran los dos y acaban más rápido! xD

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  3. jjajajajajjajaja. Amor de madre coger en brazos al señor Oh embadurnado en gazpacho. Mi equivalente sería el chorizo (sí, nadie entiende que no coma chorizo, ni soporte el olor ni puedo siquiera tocarlo del asco)
    A mi me encanta el tomate en todas sus formas…excepto en el gazpacho. Lo puedo comer, pero no me llama la atención para ná de ná.

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