Mes: julio 2015

Gazpacho

Os voy a confesar algo. Tengo una extraña relación con el tomate.

Me gusta en su forma de salsa boloñesa. Lo odio en su forma de salsa napolitana.

Es imprescindible en el bocadillo. Es obligatorio para comer pa amb tomàquet.

Es el horror en una ensalada, lo infecta todo. Afortunadamente se inventaron los tomates cherries y cuando me toca uno, puedo catapultarlo con toda la fuerza de mi dedo índice, haciendo palanca con la cuchara que tenga más a mano.

No puedo ni olerlo al horno. Pero una pizza sin base de tomate es una aberración.

¿Y el gazpacho? El gazpacho en mi familia no es un plato, es una tradición. Como en otras casas se come paella los domingos, en la casa donde crecí, se come gazpacho. No me gusta el gazpacho. Algunas almas impías me han llegado a decir que el gazpacho no sabe a tomate. EXCUSE ME!? Lo que no sabe a es a nada más que a tomate. Tú a un gazpacho le puedes echar 1 kilo de pepino y 2 de pimientos y seguirá teniendo gusto de tomate. Le puedes poner picada de patatas chips y seguirá sabiendo a tomate. Puedes experimentar con la cocina molecular y seguirá sabiendo a tomate. Porque el gazpacho es, básicamente, tomate. La forma más malévola y corrosiva del tomate es el gazpacho. Es el puto mal gastronómico, para quien no gusta el tomate.

Con todo, decidimos que nuestras manías y gustos no iban a ser una imposición para el sr. Oh.

Aunque se recomienda no introducir las frutas rojas lobuladas (tomate, fresas, kiwi…) hasta más adelante, coger un tomate y ofrecérselo como merienda era demasiado fácil y nos saltamos la norma. Lo único que hay que hacer es no ofrecer ningún potencial alérgeno más en un periodo razonable, 3 días normalmente, y observar reacciones.

El tomate no le gustó, le encantó y así de repente, mi sra. Madre estaba haciendo gazpacho cada dos por tres y, ¡oh! casualidad, le sobraba siempre un poco que había preparado, curiosamente, sin sal ni vinagre. “¡Oh! Madre, que curioso que justo el sr. Oh no tiene nada preparado para comer”. Yo me hago la tonta y ella feliz.

Fue una solución pacífica ya que a ella no le encaja en absoluto el BLW y yo evitaba luchas por la papilla.

Sin embargo, el gazpacho sigue provocando mi desdicha.

Algunos días se nos pasa la hora, el tema de los horarios es complicado con el sr. Oh a causa de su resistencia al sueño. Esos días llegamos tarde a casa, necesita cenar y dormir ¡ya!, y en la nevera hay un plato de gazpacho preparado y fresco, que solo hay que ponerlo delante de su naricita para que se lance a por él con la boca abierta como una carpa Juanita.

Aquí el sr. Oh poseído por la carpa Juanita.  La imagen pertenece a su autor "El domador de peixos".

Aquí el sr. Oh poseído por la carpa Juanita.
La imagen pertenece a su autor “El domador de peixos”.

Entonces devora y bebe gazpacho como si no hubiera un mañana, porque no lo hay, solo hay gazpacho delante de él. Al principio acepta algunas cucharadas que van directas a la boca, luego pide la cuchara y empieza el marraneo más alocado. Hay gazpacho en la mesa, en la silla, los cojines… pero sobretodo hay gazpacho por todo el sr. Oh, especialmente manos y cara.

Nosotros le dejamos comer así, porque el es más libre y nosotros más felices. No hay batallas, come cuanto quiere y cuando no quiere pues no come y punto.

Pero hay un momento en el que se harta y su señal es levantar los bracitos hacia, normalmente, mi persona. Bracitos rebozados en gazpacho. Y me mira con ojitos de “llévame”. Ojitos enmarcados en gazpacho.

No me puedo negar, lo cojo. Y entonces hunde su cabecita sazonada en gazpacho en mi cuello. Y se frota. Y me abraza fuerte. Con gazpacho.

Hay unos instantes de terror. Todo huele a gazpacho.

Tengo gazpacho en el cuello, en el pecho, en el cogote y el pelo. Tengo gazpacho en las tetas. Tengo un hijo con forma de gazpacho, que huele a gazpacho porque está, esencialmente, recubierto de gazpacho.

Lo manipulo como si fuera una bomba de la Guerra Civil. Nos vamos, muy despacito, hacia el baño, para limpiarnos. Consigo quitar todo el gazpacho del sr. Oh y procedo con el mío. Aquí hay que proceder en cierto orden porque si inmediatamente después de la cena no se acuesta, se desatan huracanes.

Vamos a dormir y, cuando se consigue rendir ante el sueño, vuelvo a un comedor pintado de gazpacho, con olor de gazpacho y textura de gazpacho.

El paraíso del tomate, vamos.

Y mientras tanto el sr. Moderno, feliz. Él ama el gazpacho como estilo de vida.

Maldita genética.

Y vosotras ¿sois pro o anti gazpacho?  Y no me vengáis con mierdas de gazpacho de sandía, el gazpacho es de tomate o no será.

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Nos vamos al (Petit) Piknic Electronik

Hace un millón de años, cuando el sr. Oh no existía ni en su forma de microorganismo larvario, Time Out organizó uno de esos Time Out Days. Vía Twitter participé y me tocaron unas entradas para ir al Piknic Electronik, ed. Barcelona, of course.

Entradas para el Piknic Electronik 2012

Entradas para el Piknic Electronik 2012

En aquel momento el Piknic era, en teoría una fiesta familiar de tarde, donde ir a hacer una merienda-cena en familia y disfrutar de sesiones de música electrónica en vivo.

Si no me equivoco, eran un par de domingos en verano. Eso en 2012.

Cuando fuimos el sr. Moderno se mezcló con las masas dándolo todo, mientras yo me apoyaba en la barra y observaba las mesas de picnic.

En una de esas mesas, una madre miraba fulminantemente a su pareja con un niño sentado sobre los hombros y otra niña en la mano, ellos (padre e hijos) iban y volvían de la megafarra pidiéndole 5 minutos más a la malhumorada madre.

En 2012, yo pensaba que la madre era una amargada. No hace falta que me peguéis, me pego las bofetadas solita al recodarlo. Hoy sé, que esa mujer, se estaba temiendo volver a casa con 3 críos pasados de vueltas a las tantas de la noche.

Volvamos a 2015.

Penúltima semana antes de las vacaciones de verano del programa de radio Els Experts.

A veces hacen sorteos y llevo toda la temporada participando consiguiendo un enorme montón de nada.

Así que de repente preguntan que qué nos llevaríamos al Piknic Electronik y me digo “Venga, envía un tuit, no pierdas la ilusión”. Leen mi tuit en el programa y al final me tocan las entradas. ¡Chupi pa mi! ¡Chupi pa ti, sr. Moderno!

*Alga. El corruptroll hizo su función.

*Alga. El corruptroll hizo su función.

Así en 2015 ¡nos volvemos a ver las caras con el Piknic! Pero esta vez, con el espíritu familiar de nuestro lado.

Como buena Hipster Family no podíamos dejar de analizar la experiencia en el blog.

La cosa ha evolucionado mucho desde 2012, ahora el Piknic se divide en 2 áreas bien definidas. El espacio familiar, el Petit Piknic, que es donde pasamos más rato, y el Piknic Electronik en sí.

Petit Piknic

En la zona del Petit Piknic hay diferentes actividades para minimodernidades, con foodtrucks y stands de ropa, complementos e incluso un punto de peluquería de Anthony Llobet.

Además de 1 o 2 sesionacas, depende de la programación, en el mini escenario.

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Nosotros disfrutamos de una ensalada de quinoa, acompañada por unos hotdogs y los famosos onigiris.

La zona de picnic está muy bien situada, con sombra y los foodtrucks alrededor, las actividades quedan a la vista y el escenario suficientemente lejos pero cerca, para tomarse un refresco helado mientras cultivamos al minimoderno que hay en nuestro descendiente, en el caso de que se suficientemente mayor para estar solo en la zona, dándolo todo.

Escenario Petit Piknic.

Escenario Petit Piknic.

Pero ¿de qué actividades hablo? Pues de camas elásticas, circuito de karts,
deslizador de agua, pista americana, rocódromo, skateboard, talleres… ¡de todo! Pero orientado a niños a partir de 3 años.

El detallazo es que hay una zona para mini pikniqueros, niños de 0 a 3 años, con pelotas, un balancín y juegos de construcciones blandos y duros, en un suelo de césped plástico artificial. Aderezado con unos cojines gigantes para que los padres apoyaran el buyate mientras sus descendencias perdían el sentido jugando hasta la extenuación con todo a la vez.

Ahí es donde estuvimos más rato, porque, con el calor insoportable del día que nos tocó, no podíamos hacer gran cosa más.

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Aquí el sr. Oh haciéndose el interesante, sin camiseta, delante de una niña random.


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La zona de juegos 0 – 3 incluye los cojines para padres reventados.

Es césped de plástico quema la piel a gateadores profesionales, ubicado bajo los pinos. Muy idílico todo, sin embargo, los pinos perdían hoja y, si no te quemabas las rodillas con el césped, te clavabas las hojas al sentarte.

Sin embargo, es mejor eso que nada. Y muchos sitios que dicen tener actividades para los pequeños no tienen la mitad de lo que ellos ofrecen. Así que en este apartado les ponemos un 9/10.

Los niños más mayores, a partir de 3, estaban (todos) en el deslizador de agua y sus padres los miraban con ojos golisitos y envidiosos. Está claro, los padres no tenemos derecho a remojar las carnes agua fresca. Para contemplar a las criaturas con mejor perspectiva, hay justo delante otra área con cojines y sillas, así mientras tus herederos se tiran de cabeza hacía el suelo, tú los puedes contemplar bajo la sombra de una haima.

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Zona de talleres.


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Castillos de aire y deslizador de agua, el paraíso infantil.


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Skateboard park, versión Petit, para no romperse los dientes de leche.

Piknic Electronik

Pasando de esta zona family-friendly, está la zona más… lúdico festiva. Allí hay más hormonas que en el primer día de selectividad.

Por primer año, la zona estaba separada por un arco de seguridad donde comprobaban que pudiera pasar solo la gente con pulserita. Como nuestro pase era de prensa, nosotros podíamos acceder a todas las zonas.

Hice una visita rápida a la parte de arriba, donde domina, evidentemente el alcohol, hay varios stands, uno de Aperol y otro de Ron Barceló, por ejemplo, pero cuando tienes 20 años ¿qué más necesitas?

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Escenario Piknic Electronik principal.


Me tumbaba en la zona chill, pero ya mismo.

Me tumbaba en la zona chill, pero ya mismo.

El escenario es, evidentemente más grande, y hay varias sesiones que se alargan hasta primeras horas de la noche.

Teniendo en cuenta el coste del pase de temporada, es normal que se ponga hasta arriba. Pero dando una vuelta por la zona, me sentí muy madre, tipo “Niño, tápate que vas mu’fresco sin camiseta y con tanto músculo al aire”. Así que ya no me veo allí, cada domingo, dándolo todo.

Conclusiones

¿Lo recomendaría? Sí, sin duda, pero para familias con niños mayores, puede ser una muy buena actividad, para dedicar un día solo con uno de los padres, para pasar el día en familia o hacer una salida con el grupo de amigos.

¿Volveremos? Sí, cuando el sr. Oh sea más mayor, hoy por hoy, teniendo en cuenta que la zona 0 – 3 está bien, no da para pasar el día. El espacio es bastante limitado, una vez se acaba la sesión en el Petit, con un descendiente de menos de 1 año, no hay gran cosa que hacer, a parte de comer en la zona de foodtrucks.

¿Repetir la experiencia ahora? Solo si fuéramos con un grupo variado, donde algunos pudieran ir a disfrutar de todas las actividades y otros se queden con los más pequeños.

Con esto, nos despedimos por ahora.

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Y vosotras ¿conocéis otros festivales baby-friendly?

 

Tengo superpoderes, soy invisible

Prepárate buena mujer para adquirir un poder extra: la invisibilidad.

Tal cual, pero con zapatillas deportivas.

Tal cual, pero con zapatillas deportivas.

No será inmediato, es un poder que te va consumiendo a medida que avanzan las semanas y los meses.

Al principio, te preguntará que qué tal el postparto y esas cosas. Pero con el paso del tiempo, tú, comenzarás a importarle un mojón hasta a tu madre.

Así de claro.

Disculpad mi tono, pero el sr. Oh me hace perder el buen humor. ¿Por qué? ¡Hay amigüitas! Porque es más bonito y risueño que el niño de la caja de pañales, pero por la noche le posee un fiestero de 20 años puesto de todo en la Ruta del Bacalao.

Aclaremos: Dormir, duerme. Su problema es que no se deja llevar por el sueño. Hasta que conseguimos que se deje llevar en brazos de Morfeo, me arranca la piel de los míos. Pero tiene sueño, mucho, de ese sueño que le hace rascarse los ojos hasta borrárselos, pueden pasar hasta 2 horas y media de llanto desgarrador.

Y digo hasta porque ahí está su récord: en 150 minutos de pura agonía.

Los vecinos ya nos han preguntado cuándo les invitamos a la parrillada, porque matamos un cerdo cada noche.

A todo esto, yo acumulo nervios y pierdo horas de descanso a la par que el sr. Moderno aumenta frustración, más que nada porque, cuando está el sr. Moderno, e intenta relevarme, el sr. Oh aumenta en decibelios sónicos su griterío.

¿Y qué consigo a cambio, de esta humanidad poco compasiva? Pues que a la mañana siguiente, con mis ojos de mapache insomne, ciertas señoras, comenten que “¡qué carita de sueño tiene el sr. Oh! Pobrecito…”.

Vamos a ver, que si él no duerme, no duerme nadie. Pero como el superpoder de la invisibilidad ha tomado mis carnes, pues nadie comenta el sueño que debemos pasar nosotros.

Incluso la sra. Del Pueblo ha llegado a mentar “¡Qué bien! que te hayas quedado tan delgatida después del parto”, a lo que yo le he contesté con toda mi bilis disponible “Es que no descansar, adelgaza mucho”. Pero el comentario le resbala, porque lo que tienen las señoras de más de 60 es el superpoder de la impermeabilidad: las respuestas les resbalan.

Como todo tiene su parte positiva, si salgo a la calle sin peinar y con cara de cuadro del Greco, pues nadie lo vé. Y todos tan felices.

Aquí el sr. Greco reflejando lo que es dar la teta.

Aquí El sr. Greco reflejando lo que es dar la teta.

Y vosotras ¿sois invisibles?