Mes: junio 2015

101 maneras de trolear

Seguimos troleando a la humanidad.
La primera parte aquí.

Ya expliqué con anterioridad que el sr. Oh es un rubio de ojos azules. Sin embargo, el sr. Moderno y servidora no.

Hasta los ovarios me tenía una vecina a quien cada vez que nos la encontrábamos miraba y gorgojeaba sorprendida “¡Es rubio!”. Sí señora, es rubio.

Un día me pilló de malas, con toda la familia, esperando el ascensor, y volvió a gorgojear “¡Es rubio!” mientras miraba de reojo al sr. Moderno, quien no solo es muy moreno, sino que está calvo se rapa. Así que aproveché ese instante para decir “Es que el sr. Moderno se tiñe, pero en realidad es muy rubio”.

La pobre mujer estuvo un rato mirando la cabeza del padre de la criatura, dudosa, hasta que llegó el ascensor y cada uno se fue para su lado.

A la obre mujer se le quedó esta cara.

A la pobre mujer se le quedó esta cara.

No nos la hemos vuelto a encontrar.

Y vosotras ¿qué pensáis? ¿rubia de bote, chocho morenote?

Vacaciones en familia

Seguimos a vueltas con las vacaciones. Por primera vez en 3 años, el sr. Moderno y yo nos sentamos a hablar de vacaciones, ahora, con el sr. Oh en casa, se acabó eso de estar 24/7 disponible todo el verano.

Así que, ayer envié un email a mis clientes avisando que en agosto cerraré por vacaciones. Soy una especie de comenta Halley: una autónoma haciendo vacaciones.

Estas vacaciones van a ser extrañas. La Hipster family, como buenos hipster no tenemos un triste euro, así que nunca nos podemos permitir esos viajes por destinos a tomar por saco a la izquierda y luego giras 2 veces. Siempre nos quedamos por Barcelona, para deses pero del sr. Moderno que es de los que tienen las vacaciones de camping idealizadas, pero a mi no me arrastra a un camping ni jarta vino.

A lo largo de veranos y veranos juntos, he acabado accediendo a ir a:

  • Opción A. Albergue o similar. (Sí que ha pasado)
  • Opción B. Un bungalow en un país donde el verano tenga como máximo 20ºC. (No ha pasado)

Las vacaciones han pasado a ser un asunto de estado familiar desde el mero yo, mi, me, conmigo que son tradicionalmente. Ya no es un “me lo quiero pasar bien” -y fundir los ahorros-, no. Ahora es, un sitio donde se pueda descansar, donde el sr. Oh se desfogue, que pueda bañarme y vigilar al digno descendiente, que a las 4 pueda echar la siesta, pero que a las 8 no haya demasiado ruido porque a las 7 hay que darle la cena y se excita con los sonidos de la calle, que pueda hacer la croqueta y colgarse como un mico, y así ad infinitum…

¿Dónde ha quedado ese sentimiento de despreocupación? ¿De sol, playa, paella y que me quiten lo bailao? Seguramente en el mismo lugar donde hayan quedado mis horas de sueño perdidas, como los niños perdidos de Peter Pan, deben estar en otro mundo.

En realidad, mis vacaciones ideales serían un viaje a Japón, pero en primavera. Conocer ciudades y pueblos rurales, durmiendo en ryokan, descansando en onsens, haciendo muchas fotos para pasar desapercibidos entre los autóctonos, volviéndome  loca de remate en esas tiendas con 3762234 chorradas para preparar bentos con bonisitudísimos, visitando templos, comiendo como cerdos, esas cosas.

He de admitir que me emociono un poquito, porque esas vacaciones ideales se han transformado de ser un plan de pareja a ser un plan familiar. Algún día íbamos a hacer ese viaje, el sr. Moderno y yo, íbamos a seguir la costa del Pacífico, pero como se fue todo al garete en 2011, nunca llegamos a planificar nada en serio.

A veces me imagino que mis vacaciones ideales sí fueran en un pueblito mediterráneo, como los que salen en los anuncios de Mediterraneamente, pero te pones a buscar precios y se te cae el alma a los pies.

Me imagino en una casa pequeñita pero con muchos detalles, puertas pintadas de azul. Cenando en una mesa de madera de el patio de tierra o en la puerta de casa con amigos y una jartá de descendientes dando por saco. Mucho me temo que o consigo un cliente millonario con ganas de hacer muchos proyecto o no va a poder ser. En ese plan ideal bajaríamos a la playa por la mañana y exploraríamos un poco los alrededores por la tarde. Vamos, que lo que me imagino es Santorini en los años 50, ahí se me complica porque además de una cuenta saludable en el banco necesito una máquina del tiempo.

Así que buscando una alternativa que no suponga que tengamos que comer el resto de nuestras vidas arroz y pasta, encontramos las casas de la Fundació Pere Tarrés, son casa de colonias donde cada familia se hospeda en una habitación y responden a ese perfil de cenas ludico-festival con un montón de herederos gritando a la vez.
Esto se acerca bastante al concepto de casa mediterránea que yo tengo en mente. Las imágenes pertenecen a sus autores © Fundació Pere Tarrés

Esto se acerca bastante al concepto de casa mediterránea que yo tengo en mente. Las imágenes pertenecen a sus autores. ©Fundació Pere Tarrés

En concreto la que más me ha gustado es la Casa de colònies Santa Maria del Roure, en Collsacabra. La playa está a una excursión en coche, pero hay muchas cosas en la zona para hacer y por las tardes piscina y juegos en el jardín. Además recomiendan visitar una charcutería que elabora embutidos de la zona, vamos que tendría contento al sr. Oh pegando saltos en el bosque y al sr. Moderno comiendo embutido. Y a mi me vayan poniendo un mojito virgen en la piscina, gracias.

Además, siempre hemos querido hacer un viaje en globo, así que ya remataríamos el verano, porque recomiendan actividades cercanas y todas están requetebien. Un plan para cada día y si no hay ganas, nos quedamos en la casa. Que para descansar los unos y desahogarse el otro, está ideal.

Y vosotras ¿qué vacaciones soñábais antes de tener descendencia y tener que calcular si se pueden despeñar por un barranco?