La hora loca

He reescrito esta entrada cerca de 200 veces, hasta darme cuenta de que, da igual como lo haga, no la estoy escribiendo para mi, lo hago para esa sra. Random que un día puede que llegue a este post buscando una solución a su tormento.

Dormir es un verbo que no he usado nunca tanto como en los últimos 8 meses.

El sr. Oh siempre ha sido difícil para dejarse dormir.

Recién nacido pasamos unos primeros días de lo que el sr. Moderno llamó La Hora Loca.

Se trata de 60 minutos de llanto alocado, incontrolable e inconsolable, que, aparentemente, no tiene motivo ni razón. Se da en los primerísimos días de vida, así que no son cólicos, ni gases, ni ninguna de esas razones que nos va a dar la vecina o tu sra. Madre.

Una alegría, oiga.

Por lo que él leyó, los primeros días de vida el cerebro es capaz de almacenar una cantidad de estímulos determinada y, cuando se llena, en términos de almacenamiento digital, digamos que necesita resetear para empezar de nuevo.

Este reseteo se puede dar de 2 formas:

a) Duermo y me olvidas, que tengo muchas cosas que hacer.
b) Me pongo a llorar durante los 60 minutos que dura el reseteo, pero no un llanto suave y soportable, si no uno que haga a tus vecinos buscar el número de asuntos sociales.

Evidentemente, a nosotros nos tocó la opción b. La opción a solo pasa en las películas o a los demás.

Además, ese reseteo puede darse a cualquier hora, pero siempre será, aproximadamente en la misma franja. Así que, si tu descendiente tiene La Hora Loca a las 19h, pues entre las 18h y las 20h, sabes que va a caer.

El sr. Oh, en un intento de que no echáramos de menos las noches de jarana de nuestros días de soltería familiar, programó su hora loca a las 00h. Exacto. De 00h a 01h, teníamos festival.

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Una de las pocas cosas que se puede hacer durante La Hora Loca es cambiar de temperatura a la criatura. Así que el sr. Moderno se pegaba paseos balcón arriba, balcón abajo, despertando a medio barrio e infartando al otro medio, hasta que se calmaba un poco, volvía a entrar en la habitación y a los minutos, volvía a subir decibelios.

No tiene remedio y es algo que dura pocos días, entre 5 y 10. Paciencia, cambios de temperatura y muchos brazos.

Nacemos y al segundo nos golpea un torbellino de sensaciones. Hay mil cosas nuevas que atacan nuestro cerebro en formación. Si nos pasara de adultos necesitaríamos mucho más tiempo para organizar tantas sensaciones nuevas. Demos gracias al Multiverso que son solo 60 minutos para ellos.

Y vosotras ¿tenéis La Hora Loca?

Edito: Otra de las técnicas que se pueden aplicar para tratar de ayudar en esa descarga de estímulos es la del tamal. Seguro que se puede encontrar bajo otro nombre. La imagen pertenece a su autor/a. Más ejemplos en el enlace.

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11 comments

  1. Yo tuve la hora loca con la Mayor. Solía ser como la vuestra, al rededor de media noche o un poco más tarde. Le duró una semana o diez días a la chiquilla, pero fue un verdadero tormento. Luego dejó la hora loca, pero se quedó con el “ya-si-eso-dormimos-otro-día-que-yo-estoy-bien”, y me tuvo en vela hasta el año y medio… Como dices, la única solución: nervios de acero y muchos brazos!

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    1. Uf, esa resistencia al sueño la conozco, a veces asoma la patita, pero luego nos regala noches razonablemente tranquilas.

      Lo de la hora loca, creo que es para que nos vayamos haciendo a la idea de ande-tas-metio.

      Gracias por pasar 🙂

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  2. jolin que horror, yo soy una de esas raras de la opcion a, es que mis hijos no han llorado nunca mucho. Diego tuvo una epoca de terrores nocturnos, en los que se despertaba gritando y soltando mamporrazos a diestro y siniestro y no podiamos hacer mas que esperar a que se tranquilizase sólo porque si le tocabamos se ponía mas nervioso, pero tendría ya alrededor de un año y algo. Pero le pasó unas cuantas veces y nunca mas. Tengo dos marmotas por niños.
    Un besote.

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  3. Nosotros si que la tuvimos. Mi pediatra la llamaba La hora bruja. Y nada, con el tiempo se pasó, pero hubo días de paseo al atardecer que literalmente no llegábamos a salir del portal de casa. Besicos

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  4. Voy a confesar que secretamente (y tambien muy irresponsablemente) estoy deseando que mi canija llore con los pulmones de una soprano para vengarme de los vecinos de arriba, đe su hija adolescente gritona, de sus dos p. perros que ladran a todas horas y de la maldita costumbre de llevar tacones de 12 de la noche a 3 de la mañana. Un encanto de familia, vaya.

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    1. Pues nada, te deseo una jarana de la buena. Te digo en secreto de confesión, que cuando tienes vecinos porculeros es un placer indescriptible dejar a la descendecia desfogarse, especialmente en la pared que comunique con ellos. Y si hay que colgarse del techo, se cuelga una.

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