Mes: mayo 2015

Culpa

Escribo esta entrada rápido y, en realidad, en caliente. No debería, pero es lo que hay.

Esta semana he leído mucho a cerca de la culpabilidad, en redes sociales, posts, artículos… Madres hablando de culpa. Justificando la culpa. Explicando que se sienten culpables.

Yo no me siento cupable. Y cada vez que leo la palabra me sorprendo más.

Vamos a ver, si fuéramos hombres, o jugáramos el rol de hombre, ¿tendríamos que justificar la culpa? No, es lo que hay. La Ley, hoy por hoy, dice que uno de los dos, en las familias nucleares de dos miembros, tiene el derecho de coger la baja por maternidad de 16 semanas, que no son 4 meses. La mujer solo tiene la obligación de descansar 6 después del parto, y debe obligación porqué de lo contrario me imagino lo que intentarían hacer los empresarios.

Hay figuras masculinas que luchan por tener el derecho de una baja por paternidad prolongada, pero en la mayoría de los casos, el hombre está encantado de la vida de desaparecer 8 horas al día, porque seamos sinceros, la rutina con un bebé en casa es dormir poco y trabajar mucho. Como la dieta del cucurucho pero sin comer ni follar.

Estas figuras salen de casa y no tienen que justificarse. ¿Por qué una madre debe entonces justificar la culpa de volver a trabajar?

He leído que sienten culpabilidad por llorar o por no poder más con su alma. ¿Perdón? A ver si es que somos tontas del culo de verdad. Nadie excepto nosotras mismas nos hemos cargado con esta culpa. Si no puedes más, no puedes más. Y punto.

Si tienes la cocina sin fregar, que yo sepa en ningún sitio dice que sea la mujer la que tenga que cumplir con tareas domésticas + trabajar + criar a los niños. Un par de collejas es lo que te falta si por ello te sientes culpable. Y otro par de ostias a tu pareja por no mover el puto culo del sofá. Que las cosas se hablan, pero hasta cierto punto, que somos todos adultos y si hay un palmo de mierda y a tu pareja se la trae al pairo, a ti, el polvo, te debería sudar los ovarios por cien mil. Y cuando digo polvo, mierda y fregar, se puede sustituir por hacer la comida, lavar la ropa, hacer la maleta o encontrar guardería.

Los humanos somos seres sociales y como tal, no aislamos a nuestras crías para educarlas, así que si no puedes más mira a tu alrededor y si le tienes que endilgar a la criatura a alguien, se la endilgas y tú te vas a cagar, si eso es lo que quieres. Pero no te justifiques, ni te culpabilices, ni pidas perdón.

No somos supermujeres, ni debemos serlo. Debemos ser humanas, aceptar nuestros límites y ser ejemplo para nuestras descendientes, porque ellas, un día, también deberán afrontar sus límites.

Cuando alguien te diga “¿cómo puedes ser capaz de hacer TAL? oioioioioi” acompañado de un gesto de hiperventilación, tú le contestas, con toda la tranquilidad, “es lo que hay”. Y continuas con la cabeza bien alta.

Y vosotras ¿necesitáis un par de collejas?

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DIY Personajes rodadores

Hoy traigo la manualidad más fácil del mundo, si la puede hacer un mono manco, la puedes hacer tú. YES, YOU CAN.

Me parece ideal para días de lluvia. Aunque de momento, el sr. Oh! es demasiado pequeño para jugar con ellos y se dedica a devorarlos.

Se necesitan:
Tubos vacíos y gastados del rollo de papel higiénico.
Colores, en su defecto con un boli basta.

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Se coge un tubo.

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Se dobla la zona superior, primero una mitad y luego la otra.

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Se pinta lo que te salga de las narices.
Y se juega.
Fin.

Y vosotras ¿cuál es el DIY más fácil que conocéis?

Colonias de verano en Cataluña

El subtítulo de esta entrada debería ser “O como colocarle un lote de niños hiperactivos a un monitor, con formación reglada en ocio y perfil postadolescente, mientras los progenitores se dedican a tomar mojitos durante la contemplación del coco maduro en una playa mediterránea”. Pero no lo voy a hacer.

Hace un par de días, los niños de uno de los mil colegios el barrio se subían al autocar para hacer el cafre disfrutrar de unas pacíficas convivencias y no tenían un punto de encuentro mejor que en la maldita puerta de mi escalera.

Mientras esos niños estaban hiperexcitados, sus progenitores se desgañitaban pidiendo fotos a sus menores en la puerta del autocar, con mochilas y atuendo de exploradores europeos por la sabana africana, como si partieran en un barco rumbo a un destino extraño y no fueran a volver a saber de ellos en meses.

Se ve que das a luz y te vuelves demente.

Pero en el fondo de mi – cínico – corazoncito pensaba si cuando llegue el día me comporataré igual, porque supongo que el sr. Oh pedirá unas colonias.

Así que cuando la Fundació Pere Tarrés me invitó a escribir sobre una de sus colonias de verano para niños me pregunté, cómo me habría gustado que fueran mis veranos. Correré un tupido velo sobre cómo fueron mis veranos en la infancia.

Dando una vuelta por su web: Colònies d’estiu se pueden ver todas las colonias que ofrecen, las hay de todo tipo y objetivo. Pero, para mi, un niño que no está en cerca del agua, es un niño que no ha aprovechado el verano. A parte de mis deseos, ya vemos venir que el sr. Oh no va a saber estar quieto y que necesita mucha actividad física diaria.

Las imágenes pertenecen a sus autores.

Las imágenes pertenecen a sus autores.

Hoy por hoy, el sr. Oh! es demasiado pequeño para ir de colonias, sin embargo a veces lo empaquetaría. Que sí, que es todo amor, que siempre sonríe, que es más bonito que un cupcake decorado con estrellitas, pero a veces lo mandaría a conocer mundo.

En las colonias de verano de la Fundació Pere Tarrés hay unas que me han llamado la atención, las náuticas y deportivas.

Son el combo perfecto para un descendiente inquieto. Combinan hacer una escapada a Port Aventura, descubrir el kayac y jugar a waterpolo. Leí la lista de actividades y me planteé dejarlo a él trabajando y ponerme yo el atuendo de guiri para ir a hacer gincanas.

Por que el verano está para hacer cosas nuevas, cosas que en su día a día no puede hacer como padel surf o catamarán.

Las imágenes pertenecen a sus autores.

Las imágenes pertenecen a sus autores.

Seguro que hay niños más felices montando circuitos electrónicos y experimentando con la robótica, eso de descubre con cada niño, de momento vemos que el sr. Oh es todo actividad y saltos. Una semana en una casa de colonias, haciendo cosas cada rato y cada día es lo que me imagino que necesitará y lo que me gustaría que fuera un verano. Volver a casa para contar 63487264 veces lo que se ha hecho, y volverlo a contar.

Desde una perspectiva lúcida adquieren nuevas habilidades, hacen nuevos amigos, se ponen en ambientes que son nuevos. Pero lo que más me motiva es que pueden hacer cosas que no tienen la oportunidad de experimentar cada día.

Mientras los despreocupados progenitores, nos dedicaremos a hacer planes lúdico-festivos de pareja moderadamente joven sin hijos-apéndice, que eso de no llevar acompañante menor de edad que se me ha olvidado. Progenitores que, mientras el sr. Oh se desahoga en algún lugar de Cataluña de cuyo nombre no quiero acordarme, pegando gritos y dando saltos en una masía rural, redescubren su coctelería favorita y ponen cara de abuelos trasnochados.

Y vosotras ¿ya pensáis en las vacaciones?

La hora loca

He reescrito esta entrada cerca de 200 veces, hasta darme cuenta de que, da igual como lo haga, no la estoy escribiendo para mi, lo hago para esa sra. Random que un día puede que llegue a este post buscando una solución a su tormento.

Dormir es un verbo que no he usado nunca tanto como en los últimos 8 meses.

El sr. Oh siempre ha sido difícil para dejarse dormir.

Recién nacido pasamos unos primeros días de lo que el sr. Moderno llamó La Hora Loca.

Se trata de 60 minutos de llanto alocado, incontrolable e inconsolable, que, aparentemente, no tiene motivo ni razón. Se da en los primerísimos días de vida, así que no son cólicos, ni gases, ni ninguna de esas razones que nos va a dar la vecina o tu sra. Madre.

Una alegría, oiga.

Por lo que él leyó, los primeros días de vida el cerebro es capaz de almacenar una cantidad de estímulos determinada y, cuando se llena, en términos de almacenamiento digital, digamos que necesita resetear para empezar de nuevo.

Este reseteo se puede dar de 2 formas:

a) Duermo y me olvidas, que tengo muchas cosas que hacer.
b) Me pongo a llorar durante los 60 minutos que dura el reseteo, pero no un llanto suave y soportable, si no uno que haga a tus vecinos buscar el número de asuntos sociales.

Evidentemente, a nosotros nos tocó la opción b. La opción a solo pasa en las películas o a los demás.

Además, ese reseteo puede darse a cualquier hora, pero siempre será, aproximadamente en la misma franja. Así que, si tu descendiente tiene La Hora Loca a las 19h, pues entre las 18h y las 20h, sabes que va a caer.

El sr. Oh, en un intento de que no echáramos de menos las noches de jarana de nuestros días de soltería familiar, programó su hora loca a las 00h. Exacto. De 00h a 01h, teníamos festival.

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Una de las pocas cosas que se puede hacer durante La Hora Loca es cambiar de temperatura a la criatura. Así que el sr. Moderno se pegaba paseos balcón arriba, balcón abajo, despertando a medio barrio e infartando al otro medio, hasta que se calmaba un poco, volvía a entrar en la habitación y a los minutos, volvía a subir decibelios.

No tiene remedio y es algo que dura pocos días, entre 5 y 10. Paciencia, cambios de temperatura y muchos brazos.

Nacemos y al segundo nos golpea un torbellino de sensaciones. Hay mil cosas nuevas que atacan nuestro cerebro en formación. Si nos pasara de adultos necesitaríamos mucho más tiempo para organizar tantas sensaciones nuevas. Demos gracias al Multiverso que son solo 60 minutos para ellos.

Y vosotras ¿tenéis La Hora Loca?

Edito: Otra de las técnicas que se pueden aplicar para tratar de ayudar en esa descarga de estímulos es la del tamal. Seguro que se puede encontrar bajo otro nombre. La imagen pertenece a su autor/a. Más ejemplos en el enlace.

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