Mes: febrero 2015

Baby blue eyes

¿A que mola el título en inglés? Queda como si tuviera que explicar algo intenso e interesante. Una revisión introspectiva del ser humano.

Pos no.

Vengo a explicaros algo muy simple: El sr. Oh! tienes los ojos azules.

Este dato que, a priori, no tiene más importancia, hace que a las viejas se les caigan las bragas ipso facto cuando ven al sr. Oh al grito de “¡tiene los ojos azules!”. A menudo pienso que si hubiera nacido con los ojos estampados, no tendría tanto éxito. Pero, por lo visto tener los ojos azules te hace, inmediatamente irresistible.

¡Ah! Pero no queda aquí la cosa, si no que además es rubio.

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Sí, he parido la mezcla nórdica de Ryan Gosling, Chris Evans y Stephen Amell. Pero no sé de que se extraña nadie, ya que el sr. Moderno es el pseudónimo de Alexander Skarsgård. Sí, señoras y señores del público, el sr. Moderno en realidad se tiñe de moreno, se rapa el pelo, se deja barba y camina de rodillas para pasar de su 1,94 m a 1,74 m.

Al parecer es más creible esta explicación que pensar que, en algún rincón de nuestro ADN, quedan restos de una herencia alemana que ambos conocemos.

La reacción más común es que miren al sr. Oh, me miren con cara de “a este niño lo has robado del hospital” y me pregunten si el sr. Moderno es un noruego buenorro, siendo el sr. Skarsgård sueco.

Vamos, que ya sé que no soy Zooey Deschanel, icono buenorra del mundo modernillo, pero por las miradas que me echan de soslayo y no de soslayo, cuando ven los ojos del sr. Oh, me hacen pensar que soy la bruja mala del Este.

No sé en que rincón de nuestra primitiva mente, tener los ojos azules te hace, sin duda, mejor, más listo, más guapo, más alto. Sepan ustedes que los ojos azules son un error genético, a parte de eso, no tienen ninguna otra particularidad. Bueno sí, tienen la particularidad de que la gente se los queda mirando como si fuera la primera vez que ven el color azul. Intentaremos usar ese superpoder en el futuro.

Y a vosotras ¿se os cae la baba con los ojos azules?

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Ooooooh, sr. Oh!

Hoy, exactamente hoy, el sr. Oh! cumple 6 meses.

Coincidencia, o no, este mes el blog cumple 1 año de andadura. Y en este año el blog no me ha hecho rica y poderosa, pero aquí no cejo en mi empeño de dominzación mundial. Nunca pensé que al iniciar el blog en febrero, habiendo superado el primer trimestre, coincidiría con el medio cumpleaños de nuestra descendencia.

¿Debería babear listando todas las monerías que nuestro descendiente nos ha brindado durante estos 6 meses? ¿Debería ponerme mística o metafísica sobre vuestra capacidad de aguante? Porque 1 año leyendo mis idioteces tiene mucho mérito. ¡Felicidades por vuestro espíritu combativo!

6 meses he tardado en encontrar un rato para dibujar al sr. Oh! en su manta de juego con su libro de tela favorito ©Hipsterbebe 2015

6 meses he tardado en encontrar un rato para dibujar al sr. Oh! en su manta de juego con su libro de tela favorito ©Hipsterbebe 2015

Debo confesar, llegados a este punto en el que en solo me queda por hablar del color de mis bragas, que esperaba otra cosa de la maternidad.

Cierto es, que hace medio año que mi cerebro entró en modo automático y el control fue tomado por cientos de miles de nuevas hormonas. Algunas de esas hormonas fueron causantes de situaciones que, si las repaso hoy, me dan ganas de darme palmaditas en la espalda e invitarme a tomar un Cacaolat a la espera de que mi cordura viniera a buscarme.

Los zombis deben experimentar algo muy parecido.

Pero de la maternidad, en general, esperaba otra cosa. Una transformación personal, por ejemplo, que al sentirme madre me salieran chiribitas de amor en los ojos cual Candy enamorada. Un orgullo de pecho palomo cada vez que me dijeran “¡qué simpática su descendencia, sra. Gafapasta!”, pero no, aunque es una suerte que haya heredado la sociabilidad del sr. Moderno.

Tampoco me ha dado el famoso virus que te hace morir si no tienes la nevera llena de comida, preparada para alimentar a un país pequeño.

Si a caso, mi nivel neuronal ha sido reducido a tal punto que ahora mi serie más intelectual es Pretty Little Liars y la más bizarra que puedo soportar, The 100. Pero son cosas que jamás confesaré en público, oh! wait!

Hemos aprendido mucho, sobretodo que los anuncios donde dicen “duerme como un bebé” deben estar hablando de un bebé marciano.

También he descubierto que al parir no vienen los pajaritos a peinarte y maquillarte por la mañana, que todas esas madres que se ven en las series, descansadas y radiantes a primera hora de la mañana, son cyborgs. Porque en la series hay 2 patrones de madre:

a. la destrozada, que mantiene su cordura a las 2 a.m. mientras soporta los cólicos, pese a ser mujer trabajadora y amante esposa.
b. la radiante, que se despierta feliz de la vida, arreglada y con la ropa planchada, habiendo dormido 8 horas seguidas.

Ambas falsas.

En la vida real, la destrozada, pierde las maneras y se lanza a Facebook – o a su grupo de Whatsapp de confianza – para ofrecer a su descendencia en papel de regalo o, en su defecto, planea un sacrificio ritual al Dios del Descanso, Pikolin.

La radiante, por muy bien que haya dormido y mucho que haya descansado, sigue luciendo ojeras bajo la capa de maquillaje.

Tampoco me he visto respondiendo a la pregunta “¿cómo es tener hijos?” saltando de pura emoción al grito de “¡MARAVILLOSO!”. Que es bonito, sí; que te maravillas viendo los progresos de planta a persona, sí. Pero maravilloso, no. Supongo que si esperabas que por el higo te saliera un muñeco Nenuco, pues ver los avances y las noches de 2 horas de sueño, es maravilloso. Pero si esperabas un bebé, con sus mocos y sus babas, pues los adjetivos son otros, emocionante, divertido, esforzado…

Vaya, que no cambio estos 6 meses por nada del mundo, pero tampoco he encontrado nada nueva bajo el sol.

Ahora, si me disculpáis, vamos a celebrarlo con una tarta de fresa de 3 pisos, porque una cosa es que esperar otra cosa de la maternidad y otra es dejar pasar una oportunidad de meternos en el cuerpo una dosis extra de dulce.

Y vosotras ¿sentís chispitas de amor cada vez que os preguntan por vuestras descendencias?

PD: Rompiendo la tradición de todos los blogs del mundo mundial, no he preparado ningún sorteo para celebrar el doble aniversario. C’est la vie.

El botón de mute

Llega un día en que tu descendencia aprende que hinchando los pulmones, colocando la lengua así, haciendo asá y expulsando todo el aire emiten un “kyaaaaaa” agudo y penetrante que a todo el mundo le vuelve loco de la emoción.

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Los primero chilliditos del sr. Oh fueron recibidos con vítores y risas. “¡Ay, qué gracia!” o “¡Jajaja! ¡Qué simpático!” fueron algunos de los comentarios que le regalamos. Y sí, al principio te mueres de amor por los gorgoritos del minimoderno.

Al principio.

Porque, a medida que crecen, aumenta su capacidad pulmonar y con ello el volumen del chillidito se convierte en alarido infernal. Y empieza a chillar cuando nadie mira, para que lo hagan, y cuando todos miran, porque se emociona con las masas expectantes.

De repente, un día lo hace en plena clase de masaje infantil y ya no calla hasta que sales de clase a toda prisa, antes de que la monitora y el resto de madres te linchen, constatando que se ha enterado hasta el grupo de abuelos sordos que se reúnen en el bar del Centro Cívico. Algunos te miran y sonríen, otros te desean un dolor de cabeza que te trepane el cerebro.

Así me he visto esta semana, dándole la vuelta a mi descendencia a ver si encontraba en algún sitio el botón de mute. Pero no, no vienen ni con mute ni con un triste botón de volumen 1, volumen 2.

¡Los muy vivos van por la vida con autoregulador! como el que tiene nuestra tele, que, en teoría, hace que al saltar de un programa a los anuncios estos no superen el volumen que has marcados. Y como el autoregulador de la tele, el de los descendientes no funciona. O sí funciona, pero hace lo que le sale de las pelotas santas narices. Y, así, cada vez que saltan los anuncios te llevas un pequeño infarto de regalo.

Sí, ya, todo esto pasa de día, a la luz del sol y no es tan terrible. Pues no será tan terrible para tí, porque cuando pasa no sabes qué hacer y te vuelves loca dándole vueltas a la criatura a ver si encuentras por donde se sacan las pilas.

Y peor nos lo pone de noche, cuando te despierta a chillidito puro a las (escoge entre las opciones a. 4 AM, b. 5 AM, c. 6 AM). A nosotros no las ha hecho todas, a las 4, 5 y 6. Así, como la ruleta rusa, no sabes cuando pasará pero pasará y tú estarás indefenso en brazos de Morfeo cuando un “kyaaaaaaaa” agudo y penetrante te despierte.

Y a las 4, 5 y 6 tampoco tienen botón de mute, desgraciadamente, tampoco.

Y vosotras ¿habéis buscado el mute?

¿Lo quieres coger?

Hoy vengo a traeros a los seres no-padres el secreto de la piedra filosofal.

Hace algún tiempo la sra. Umbrella me hizo notar que los seres padres ofrecen constantemente a sus descendientes a todo el que se les acerca. A los seres no-padres ese ofrecimiento les hace reaccionar con un apretamiento de dientes y aceptar el retoño que les lanzan. También hay gente que lo coge con un anhelo que hace relucir el secuestrador infantil que llevan dentro. Pero vamos a ponernos en el caso de aquellos seres humanos que lo cogen por compromiso.

bebe-brazosOs hablo directamente a vosotros.

Tengo el secreto de porqué ese endiñamiento descendentil.

El secreto de porqué coger una descendencia ajena parece obligatorio.

El secreto que os hará entender.

El secreto de la piedra filosofal.

Empecemos por el principio. Los seres humanos, como norma general, tenemos la manía de venir en formato simétrico: dos brazos, seguidos de dos manos, con sus 5 dedos en cada mano. También venimos con dos piernas y dos pies, pero vamos a centrarnos en el tronco superior ya que es normalmente a esta parte a la que las minimodernidades se enganchan. Es en el tronco superior donde se akoalan, lo que hace que automáticamente usemos ambos brazos para sostenerlos y, así, evitar que se peguen la nata de su vida.

Sí, los avispados lo habréis cogido al vuelo.

Los progenitores no os ofrecen a sus dignos descendientes porque quieran que os conozcan, porque os hagan gracia los niños o porque abrazar a un niño sea un acto de amor puro. No.

Los progenitores os lanzan a sus dignos descendientes para tener los dos brazos libres. Fin de la cita.

Yo, que nunca fui de meter las narices en los cochecitos de bebé, ni de pedir a los niños en brazos, me prometí a mi misma no ir endilgando mi minimodernidad a cualquier ser vivo con el que me cruzara.

He roto mi promesa, o casi, hay gente a la que no le dejo al sr. Oh ni por todo el oro del mundo. Me puede la posibilidad de tener ambos brazos disponibles, aunque sea para rascarme la bariga.

Sin embargo una tiene su orgullo y ejecuto el ejercicio de endilgamiento de descendiente con elegancia. Y así procedo:

Vamos a comer/tomar algo/descansar en casa de alguien/un restaurante/una cafetería, saco al sr. Oh del poteo o carrito y lo siento sobre la falda. Alguien siempre pregunta si lo puede tener un rato, yo hago ver que no tengo prisa, espero que venga el camarero y cuando acabamos de pedir el sr. Oh comienza interesarse por todo lo que le rodea, y si lo que le rodea se lo puede llevar a la boca mejor, entonces me semi-incorporo para pasárselo a quien haya preguntado con alguna anotación al pie tipo “cuidado que pesa X kilos”.

¿Para qué sirve la espera? Para impacientar al catcher y que lo coja con más ganas y así, cuando se dé cuenta de lo que pesa y se mueve, no lo devuelva a mi regazo en seguida.

Si nadie se ofrece a cogerlo, hago ver que tengo que coger algo de la bolsa o el cochecito y pregunto “¿lo sostienes un momento?”. Deliberadamente hago ese momento un poco más largo de lo estrictamente necesario y el común de los mortales, por pura cortesía, tarda un poco en hacer el gesto de “te devuelvo esto que me va grande”.

Pueden ser pocos minutos, pero son minutos que paladeo.

Y vosotras ¿lo sostenéis un momento?