Mes: diciembre 2014

Adios 2014. Hola 2015

Menudo añito, el 2014, ¿eh?

Cuando acaba cada año todos hacemos repaso de lo que ha quedado y, normalmente, nos quejamos de lo malo que ha sido. Al menos, en las típicas conversaciones de bar siempre hay alguien que dice “este año ha sido muy malo para mi”. Asumámoslo, somos así de positivos.

Si miro hacia atrás, aunque quedan unos pocos días de 2014, este año ha sido bastante intenso.

Para lo bueno y para lo malo.

El sr. Moderno y yo intentamos comenzarlo con una buena noticia y justo después de las campanadas, antes de empezar a repartir besos, como si no hubieras estado con esa gente el segundo antes, anunciamos que íbamos a pasar de “pareja joven sin hijos” a “familia joven”. En algún lugar un vendedor de ropa para bebés aprovechaba ese momento para frotarse las manos pensando en las compras histéricas de las futuras abuelas.

2014 me ha traído grandes decepciones, proyectos que no han ido a ningún sitio, situaciones incómodas y un largo etc. Pero la vida es demasiado corta para perder el tiempo lamentándose y no voy a malgastar energías relatando mis penas.

Podría dividir este año en 2, los primeros 8 meses y los últimos 4.

Este año he conocido, gracias sobretodo al embarazo (no todo se lo debo al 2014), a un grupo de madres inhalámbricas que valen su peso en oro, que acuden en auxilio whatsappero desde cualquier lugar el país, que siempre están ahí y a las que – a algunas – he podido desvirtualizar junto a sus dignos descendientes (momento patrocinado por mis efervescentes hormonas).

Este año ha nacido este blog, que me ha traído gente nueva, que me ha dado su apoyo y sus palabras en persona o allende las pantallas. Creo que he conseguido hacer reír a unas pocas.

He ido a eventos, fiestas, comidas y cenas.

El aspecto profesional tampoco se ha quedado corto en experiencias.

He dormido mucho -al principio-, MUY POCO Y MUY MAL – en los meses siguientes-, he aprendido que encontrarse mal durante semanas, por muy embrazada que estés, no te llena de alegría y jolgorio.

Pero todo esto no puede hacerle sombra al evento del año, la persona que hace que haya pasado a dormir, con suerte, en 1/3 de mi cama, el acontecimiento que hace que no sepa ya lo que suena en ninguna fiesta ni me importe y que hace que me ría con chistes de pañales. Este año nació el sr. Oh. Desde entonces todo ha pasado a una velocidad increíblemente rápida y simultáneamente relentizada.

A partir de este año nada volverá a ser lo mismo. Y estoy deseando ver qué nos depara el 2015 (y comprobar cuántos de mis propósitos de año nuevo cumplo).

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

Por un fantástico 2015. Todas las imágenes pertenecen a sus autores

Y a vosotras ¿cómo os ha tratado el 2014?

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El comodín de la llamada

Lo admito, he usado el comodín de la llamada, más de una vez. Admito que, de hecho, abuso de él.

Con la escusa de estoy trabajando, soy autónoma o me llama un cliente he usado el teléfono para huir con mi minimoderno de todo tipo de situaciones.

Que veo a alguien y sé que me va a parar, comodín de la llamada. Saco el móvil en un movimiento ninja y “¡uy! me están llamando no me puedo parar”.

Hay un grupo de abuelas-come-cerebros-de-bebé esperando al primer cochecito que aparezca en el horizonte “¡uy! es una llamada de mi cliente favorito”.

Veo venir que me van a soltar la brasa y “¡uy! me dicen por whatsapp que necesitan algo en la imprenta” bomba de humo y desaparezco.

Hace unos días una conocida me dijo “te vi por la calle con el sr. Oh, pero ibas con el móvil y con prisa, no te quise parar”. Así descubrí que uso el comodín de la llamada incluso sin querer. Estaba en una llamada real y llevaba prisa real.

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Pero es que es realmente útil, porque llevas un descendiente y te hablan hasta las piedras, piedras que llevan toda la vida allí y nunca te habían dicho ni mu, pero que de repente tienen una necesidad imperiosa de hablarte y si es posible tocarle las manitas a tu recién parido. Pasas de ser un ente anónimo a un ente señalable “esa de ahí es carne fresca”. Lo que me lleva a usar el comodín de la llamada, de nuevo.

Y vosotras ¿qué comodín usáis?

C=SN^2

Después de 3 meses, nuestro equipo de I+D, idealización y descendencia, ha encontrado la fórmula que os dará el resultado numérico de las ganas de fiesta que tienen vuestros descendientes.

Otros habrían tardado años en desarrollar tan magistral formulación, pero nosotros contamos con las energías renovables de nuestra minimodernidad.

C son las ganas de cachondeo de vuestra descendencia, las cuales son igual a la multiplicación del sueño que arrastráis por la nocturnidad y alevosía de los despertares de la criatura elevadas al cuadrado.

Porque, seamos sinceros, por pocas veces que se despierten vuestras dignas descendencias, los bebés emiten sus ondas cerebrales hacia sus indefensas madres y estas se despiertan con un resorte, directas a estamparse contra la pared de en frente, haya o no colecho.

Hay algunos pocos bebés, concebidos en noches de luna llena, mientras Marte y Júpiter se alineaban en el cielo de la Atlántida y nacidos bajo el ascendente del unicornio, que duermen la noche entera y cuando digo entera digo 8 horas, sin despertar alguno pidiendo en clave de llanto desgarrador su leche, cual yonki de la teta. Vamos, que haberlos haylos, pero es de esas cosas que les pasa a otras.

Contando que desde mediados del tercer trimestre no he dormido 8 horas seguidas, espero el día en que una noche sean 8 horás del tirón como Aragorn esperaba a Gandalf al amanecer del tercer día. Vamos, que lo espero pero cuando llegue me pillará en bragas.

Un truco para sobrevivir a la maternidad primeriza, es la siesta, si tienes la suerte de que tu descendiente tenga una mínima rutina de siestas, aprovecha para dormir un par de horitas extra durante el día. El sr. Oh y yo nos pegamos unas siestas tremendas por las tardes, hecho que provoca el acumulamiento de trabajo en mi versión de persona laboral, proporcional a la babilla que me cae –¡y qué a gustito me cae!-.

Ojo, que las primeras noches piensas que el sueño no es para tanto en tu nueva versión maternal, pero entonces tu actividad laboral arranca –y en el caso de las autónomas arranca a las 6 semanas– haciendo que ambas versiones se repelan. De ahí que la cantidad de sueño se acumule, haciendo que la fórmula que presentaba al principio crezca exponencialmente en el resultado el cachondeo que gasta vuestra descendencia.

Además, el mundo sigue girando y, tarde o temprano, volverás a hacer actividades de tarde-noche. En mi caso, la primera vez que volví a estar en el centro a las 9 de la noche me escandalicé. “Oioioioi ¡Qué hace tanta gente en la calle a estas horas!” El centro estaba plagado de jovenzuelos desvergonzados que en lugar de estar en sus casas, al resguardo de las maldades del mundo exterior, están en la calle haciendo ves a saber qué cosas. Básicamente, están aplicando una fórmula avanzada de C=SN^2 y yo, básicamente, me estoy convirtiendo en mi abuela.

Ese día a las 11 de la noche estaba muerta-matá y el sr. Oh estaba encantado del cachondeo extra.

Y a vosotras ¿qué resultado os da C?

Ultrasonidos

Cada vez que oigas a un perro llorar es que hay una mujer hablándole a un bebé en 10 metros a la redonda.

Y es que, no sé porqué, parece ser que algunas mujeres cuando se cruzan por un bebé necesitan acercarse mucho mucho mucho a su cara y hablar en una forma tan aguda que se sabe que algunas ballenas han varado en la Barceloneta.

Se supone, en principio, que las especies tendemos a la protección de nuestras crías para asegurar la supervivencia de la especie. En cambio, las mujeres de más de 55 años parece que están decididas a que la siguiente generación sea sorda y que a las madres de esa generación nos sangren los oídos.

Nadie te previene contra estas señoras y te las puedes encontrar en cualquier sitio, acechan en las esquinas esperando que tú, primeriza, salgas a la calle con tu descendencia a modernear por la mañana y cuando estás esperando en un semáforo ¡zas! saltan a tu lado y se inclinan sobre el porteo, a medio centímetro de tu cara y de tu descendiente y sueltan un “¡uyyyyyyyyyyyyyyy, qué cosiiiiita tan boniiiiita!”. Segundos después cae a tu lado, a plomo, una paloma en coma porque le han anulado su sensor de vuelo.

Tu descendencia te mira con cara de “huye, AHORA”, pero no puedes porque con las sílabas más agudas las neuronas de tu cerebro se han desconectado y no puedes coordinar ambas piernas. Te quedas clavada, el semáforo se pone en verde y la señora se despide para ir a la frutería a la búsqueda de su siguiente presa del día.

La segunda vez que pasa, tu descendencia ve venir a la señora y con la primera sílaba aguda intenta esconder la cabeza dentro del porteo como si fuera una tortuga. El problema es que no lo ha intentado antes y se da cuenta que solo puede recoger los brazos, pero la cabeza asoma y las piernas quedan expuestas a la señora, quien viene decidida hacia vosotros con la mano extendida para, además tocar la piernecita que cuelga de la mochila de porteo. Tú, primeriza, la ves venir en slow mo, pero desde fuera todo pasa muy rápido y ¡zas!, te ha vuelto a cazar.

Así que la siguiente vez que sales de casa ya vas preparada, has entrenado durante la noche tus reflejos de madre-ninja y estás dispuesta a poner en práctica tus conocimientos de mortal-kombat. Mientras controlas a las abuelas y pones una mano sobre las orejas de tu minimodernidad, quien ya se ha olvidado de la experiencia previa y sale a la calle feliz de la vida, mirando escaparates a derecha e izquierda con movimiento bamboleante de cabeza, esta vez no es una abuela, sino un abuelo quien se te acerca babeante y emite unos sonidos ultrasónicos, pero varios decibelios inferiores a los de su congénere femenino.

El caso del abuelo te deja perpleja porque, principalmente, no te esperas un abuelo haciendo ruiditos monos, pero también porque dudas si le está haciendo monerías al descendiente o a tus dos maravillosas pechugas lactantes talla XXXXL. Nuevamente a tu lado esperas que caigan un par de palomas desmayadas, pero en su lugar es una manada de gatos que huyen hacia algún oscuro callejón y maúllan con sus oídos doloridos.

Y a vosotras ¿os han hablado con ultrasonidos?