Mes: noviembre 2014

Barcelona con niños by Casualplay

A la Hipster Family de Barcelona nos gusta nuestra ciudad y qué mejor manera que redescubrirla -en versión infantil- ahora con el sr. Oh. En realidad es demasiado pronto para que él se entere de nada pero vamos planeando futuras salidas.

Y vosotros podéis hacerlo con vuestras descendencias seáis de Barcelona o si tenéis pensado venir con ellas gracias a la guía de Casualplay que podéis encontrar en su web y en este enlace.

Además no es una guía con fotos más que vistas, sino que está ilustrada por Albert Arrayás, solo por sus ilustraciones ya vale la pena echarle un vistazo a la guía y disfrutarla pasando páginas a página.guia_casualplay_albert_arrayas

Y vosotras ¿redescubristéis vuestra ciudad?

Como se cuida una orco. Edición postparto

Esta entrada ronda mi mente desde hace 3 meses, es decir, desde que nació el sr. Oh.

Ahí estás, más o menos flamenca, pero invisible. Pasa de ti hasta tu madre, que solo tiene ojos para su descendiente y aunque tu adrenalina está por las nubes, feliz y orgullosa, pocos piensan en tu maltrecho cuerpo, que ha pasado del modo “pavo relleno” al modo “pavo flácido”.

Por eso traigo aquí una edición especial para las orcas recién paridas.

Primero de todo es super importante seguir cuidando la piel. La piel tiene que volver a un tamaño normal, lo que no significa que no puedan aparecer estrías, si no al contrario. Así que una buena crema reparadora o la misma crema para las estrías que habéis usado durante el embarazo será suficiente.

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Otro greatest hit del postparto es la caída del cabello. No estoy tan segura que sea una reacción hormonal como la falta de sueño y cordura de los primeros días. Yo tenía la sensación de que no se me caía el pelo más que durante el embarazo, pero cambié de opinión cuando el sr. Moderno me regaló un cojín de lactancia relleno de los pelos que había ido recogiendo por la casa. Una gran diferencia la hizo un tratamiento de Skin Method (gracias a Madresfera), no sé si se me dejó de caer pero dejó de parecer un matojo seco.

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Mientras que hay una colección de greatest hits, hay algunos greatest secrets, que deduzco siguen siéndolo por vergüenza. A mi nadie me había dicho que el postparto podía restreñirme hasta extremos desconocidos y después de múltiples combinaciones y remedios extraños dados por las matronas del CAP, encontré una solución basada en cantidades ingentes de fibra, bizcochitos de All Bran y abandonar el suplemento de hierro. Puede parecer patrocinado, pero no, es puro amor a los bizcochitos que me devolvieron la sonrisa y dejé de parecer una funcionaria sin paga de Navidad.

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Cuanto más días pasan y más nos acostumbramos a la rutina del sr. Oh, poner pañal, teta, siesta, llanto, brazos juego, cambiar pañal y vuelta a empezar, menos momentos encuentro para arreglarme las uñas. Parecerá una manía, pero al dejar la onagra al inicio del embarazo mis uñas aguantaron muy poco en un estado decente. Ahora, todavía aguantan menos. Y, honestamente, suficiente tengo con encontrar el momento de contarle los cutters que tiene por uñas el sr. Oh que crecen de un día para el siguiente, como buen hijo de orca peluda que es. Así que en mi lista que cosas para hacer está darle a mis garritas un tratamiento de amor.

Todos estos males tienen un remedio común, adicional a cremas y bizcochos: agua. Hay que beber agua, cada vez que pasas por un médico o matrona te dice lo mismo “bebe al menos 2 litros de agua”, si bebiera esos 2 litros por cada médico que me lo ha repetido, hoy protagonizaría un programa en Discovery Max.

Y vosotras ¿qué tratamiento postparto seguísteis?

Un chupito…

… cada vez que alguien te diga “es que a mi me gustan mucho los niños”.*

Esta frase suele ir acompañado con un “a esta edad, que con 2 años no hay quien los aguante”.

Atención individuos: ¡a todo el mundo** le gustan los bebés! Menuda sorpresa ¿eh?

*Normalmente un alguien desconocido, que te encuentras por la calle o en la cola del super y que, personalmente, ni te va ni te viene su opinión.

 **Excepto a unas pocas personas.

Conociendo a Tweekaboo

Hace unas semanas, recién nacido el sr. Oh, Tweekaboo me invitó a conocerles.

Tweekaboo es un servicio o plataforma, llamadlo como queráis, diseñada por un padre sin tiempo, que no quería perderse nada en la vida de sus hijos, e ideó este sistema para otros padres sin tiempo.

Yo era bastante escéptica con estas plataformas porque me gusta maquetar mis álbumes de forma profesional (para algo me dedico al diseño) o como poco imprimir las fotos con revelado químico y no con impresión digital, recortarlas, pegarlas en un álbum, con cosas del viaje de turno… pero eso era antes de parir. Entonces las horas te vuelan a la velocidad de la luz y los días se funden uno con el siguiente. De repente la idea de un álbum de este tipo me parecía lo mejor del mundo.

La plataforma es jovencísisisima, lo que quiere decir que muchas cosas se irán implementando con el tiempo y las funcionalidades son las que son de momento.

El sistema es facilísimo, vinculas tu cuenta de Facebook a la plataforma y puedes crear un álbum. La auténtica gracia es que imprimes las fotos incluyendo los comentarios de tus amigos -y borrando los comentarios que no te interesan-. Lo malo es que no puedes corregir las faltas de ortografía desde la plataforma y, a mi, un más sin acento me quita días de vida.

Además puedes invitar a familia y amigos para que suban sus momento, como los llama Tweekaboo, y hacer un álbum conjunto.

Añadir un Momento en Tweekaboo

Añadir un Momento en Tweekaboo

Las fotos se ordenan automáticamente por fecha. Aunque, en el caso de quererlas ordenar por hora o en un orden personalizado no se puede. Y eso en el caso de hacer el álbum del día del parto, por ejemplo, se consigue un orden aleatorio.  

La plataforma te lo quiere poner fácil. Y fácil de verdad, porque yo he hecho mi parte con nuestra descendencia en un brazo y eligiendo fotos con la otra mano. Tan fácil, pero tan fácil te lo quieren poner que, de momento, y para que no te compliques la vida solo hay un modelo de cubierta, vertical u horizontal, pero uno y no más. Cosa que nos ha venido genial porque no queriamos discutirnos con los detalles.

El álbum básico tiene 24 páginas y las portadas son duras.

El álbum básico tiene 24 páginas y las portadas son duras.

Tanto al sr. Moderno como a mi, nos ha gustado lo rápido que montas el álbum: en un rato subes las fotos que elijas de tu cuenta, los invitados a tu álbum hacen lo mismo y cualquiera puede generar el álbum final. Limpias los comentarios de tus contactos que no quieras, modificas el título de la foto, añades el texto que quieras, rotas las fotos que quieras, a las que te plazca les das el espacio de una página entera y… listo ¡ya lo tienes!

Puedes conservar los comentarios de tus contactos para que no se pierdan en el tiempo y el espacio infinit de Facebook

Puedes conservar los comentarios de tus contactos para que no se pierdan en el tiempo y el espacio infinit de Facebook

Yo soy una friki de la impresión y me fijo en estas cosas. Evidentemente cuando haces 1 única unidad lo haces con impresora digital y hay muchas máquinas con diferentes calidades en el mercado. Esto al común de los mortales ni le va ni le viene.

Hay que tener en cuenta que no se pueden reordenar las fotografías dentro de cada página ni del álbum, a menos que modifiques la fecha.

También se debe saber que las fotos no ocupan en ningún caso la página entera, siempre llevan su marco con sus efectos de sombra. Esto puede gustar más o menos, a mi particularmente me gusta que las fotos parezcan pegatinas.

Puedes poner las imágenes a tamaño grande, pero siempre conservaran su marco blanco con sus sombras, el título, el texto y los comentarios.

Puedes poner las imágenes a tamaño grande, pero siempre conservaran su marco blanco con sus sombras, el título, el texto y los comentarios.

En resumen, para nosotros, está genial como regalo, por ejemplo, como regalo en grupo a alguien que cumple años, sorprender a tu pareja con las fotos de algún viaje o para celebrar el nacimiento de algún nuevo miembro de la familia. Rápido, sin complicaciones, donde varios pueden colaborar, y ya sabemos qué pasa con los regalos grupales donde uno siempre se descuelga.

Es un detallazo y en cada página hay muchas emociones. Insisto, es una excelente manera de conservar los comentarios de Facebook que quedan perdidos en el tiempo y el espacio. Aunque algunos emojis no los imprime y hoy nos expresamos con más símbolos que nunca.

Nosotros ya tenemos nuestro primer Tweekaboo, un álbum para el sr. Oh diferente y que le permitirá leer, en unos años, como todos se alegraron de recibirle.

Arrow 03×03

Hay series de ficción, de ciencia ficción y, recientemente, hemos descubierto la categoría materno-ficción.

Es una categoría que seguramente existía antes, pero, hasta que no te toca, no la aprecias. Para nosotros ha sido un shock decubrirlo y más en una serie como Arrow.

Lo confesamos, el sr. Moderno y yo vemos Arrow. Es una serie para que las novias de los post-adolescentes vean la serie con ellos. Pero que sea de super-heroes y Stephen Amell ayudan a que yo la vea. No voy a engañaros, no la veo por su calidad filosófica.

El capítulo muestra las aventuras de nuestro desgraciado justiciero, que a pesar de no tener un duro decide ir a buscar a su hermana a una isla tropical. Vamos que barato no será. Pero no nos centremos en la ficción, centrémonos en la materno-ficción.

El amigo de nuestro desgraciado justiciero, Dig, acaba de tener una niña. Atención al tiempo verbal: presente simple, acaba.

Está Dig con su recién parida cuando la madre de la descendiente le dice que porqué no se va con el justiciero a buscar a la hermana de este. ¡Y un jamón! La recién estrenada madre le está diciendo al recién estrenado padre que se pire con sus amigos, que ella se queda con la niña. Lo que haría cualquier madre primeriza, está claro.

El capítulo avanza, todo sale como tiene que salir y nuestros aguerridos protagonistas vuelven a casa.

Como no puede ser de otra manera, nuestro amigo Dig, en lugar de encontrarse a una madre desesperada con una niña enganchada a la teta llamando a la recién estrenada abuela para que venga a echarle una mano y el brazo entero, se encuentra a su mujer guapa, maquillada y divina de la muerte ofreciéndole una copa de vino, mientras él, ensimismado, mira a su niña en la cuna. ¡Y una mierda como un piano!

Mientras no me da la vida para dibujar, me conformaré subiendo fotos. Todas las fotos pertenecen a sus autores.

Mientras no me da la vida para dibujar, me conformaré subiendo fotos. Todas las fotos pertenecen a sus autores.

Pero no acaba ahí el asunto, ya que la niña está despierta, feliz de la vida en su cuna, sin que nadie la coja en brazos, sin tener un muñecajo babeado con el que entretenerse, ni un móvil colgando al que mirar desnortada. No. La niña está tan feliz, simplemente, moviendo manos y piernas de esa forma tan descoordinada de los bebés. Con su madre y su padre a un palmo de ella, decide que mejor se queda en la cuna, en lugar de pedir brazos “¡ande va a parar! con lo bien que estoy yo en mi cuna” decía su línea de guión. ¡Ficción de la buena, señoras!

No se vayan todavía, aún hay más, pues esos padres enamorados de su descendiente, no se les ocurre otra cosa que dejar a la niña DESPIERTA en su cuna, irse de la habitación ¡y cerrar la puerta! ¡UNA POLLA COMO UNA OLLA! Tú prueba a dejar a un bebé despierto en su cuna y alejarte, ya no digo irte a otra habitación, alejarte solamente 1 metro. A ver quien es el guapo que sigue tomando vino.

Y, por si los guionistas no tenían suficiente, le dan un broche de oro al capítulo. La recién estrenada madre, aprovecha ese instante para decirle a nuestro amigo Dig que tiene que volver a la oficina. De sorpresa. Sin más. A las tantas de la noche. Sin ninguna premisa. Ni “te he dejado 15 biberones preparados, por si le da un hambre”, ni una lista de instrucciones por si cualquier cosa, ni su doudou listo y preparado, ni un atisbo de inquietud por dejar a la niña con un padre de acaba de volver de viaje de un país tropical-y-vete-tú-a-saber-si-ha-cogido-alguna-enfermedad-rara. Coge la tipa y se pira, tan tranquila. ¡Qué no cuela! ¡Qué acaba de parir y es primeriza!

Que no, que estos guionistas no han visto una familia primeriza en su puta vida.

Y vosotras ¿sabíais que existía este tipo de ficción?

Hermanos de leche

Cuando das el pecho te hacen una pregunta que no sé de dónde sale: “¿te sientes como una vaca?”.

“¿Y tú te sientes ameba, bicho mononeuronal?”.

A demanda te pasas el día con la teta al viento. No creo que haya rincón de Barcelona donde no me ha sacado un pechote mínimo, o los dos. Incluso en situaciones excepcionales hasta 3 veces me he sacado las tetas.

Pero de ahí a llamarnos vacas lecheras hay un trecho. “¿Por qué una vaca?” pregunto. “Porque da leche”, contesta. “Bravo, genio”. También hay leche de soja y nadie me ha comparado con un trozo de tofu.

Las mujeres que damos el pecho tenemos más carisma que una vaca. ¿Qué tal una loba? Las lobas son defensoras y fuertes. Elegantes y atentas. Me gusta más que me comparen con una loba. Capaces de enternecernos y morder, a partes iguales. Capaces movernos en manada y por solitario.

Una loba amamantó a Rómulo y Remo. ¡Eh! Ahí queda eso. Y no creo que la leyenda tuviera tanto carisma si le hubieran puesto una vaca a la escena. A ver cuantas vacas han fundado un imperio. Yo, al menos, no me imagino fundando un imperio con leche de vaca. Como para que encima nos hubieran salido los protagonistas intolerantes a la lactosa.

También es una loba la que amamanta a Mowgli en El Libro de la Selva. No una vaca.

Y nosotras, como esas lobas podemos compartir algo que nadie más puede dar: Leche materna.

Las hormonas me han vuelto muy pasional.

Con ese espíritu de compartir y defender, causa de ellas, un día de esos en los que saltas de blog en blog, caí en alguno (del que no recuerdo el nombre) en el que se hablaba del Banco de Leche Materna. En plena vorágine de esas hormonas que te hacen decidir que vas a salvar el mundo gracias a tus pechotes talla XXL, decidí que me apuntaría al Banco de Leche. Iba a darle a alguien algo que podía ayudar de verdad. Estaba tan decidida que me veía saliendo del hospital directamente para ir a apuntarme al Banco.

Ilusa.

La realidad es que tardé 6 semanas en tener las energías y las ganas para ir. Pero como las hormonas no te dan vacaciones, seguía con ese fervor y me marqué un día en el calendario. Parece que para demostrar que quería hacerlo sí o sí, el día que marqué llovía. Y no 4 gotas, no. Llovía de verdad. Llegados a este punto tenía que ir sí o sí. Cualquiera con un poco de sentido común lo habría dejado para el día siguiente, pero yo no. Metí al sr. Oh en el porteo, cogí el paraguas y salí. Ahí esta yo, contra viento y marea. En mi cabeza todo esto viene rodado en una escena con filtros, tipo Instagram.

Ese día iba a darle al sr. Oh unos hermanos de leche y él no lo sabe, pero esos descendientes de otras madres y ellas, son unos luchadores porque la mayor parte de las donaciones van destinados a niños prematuros. Porque a nosotros todo nos salió bien, pero podría no haber sido así.
En la web tenéis los pasos necesarios para apuntarse, las condiciones que hay que cumplir y los centros para la primera visita. Todo lo demás está chupado, ellos te facilitan el sacaleches y los biberones. Cuando están llenos llamas y un transportista los pasa a recoger y te deja más biberones para la siguiente ronda. ¡Qué no pare la fiesta!

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Cuando hice la primera donación me llegó este babero para poner molón al sr. Oh

El fervor hormonal hizo que el sacaleches me hiciera más ilusión de cualquier regalo en día de Reyes.

Una manera de usarlo e ir llenando botecito a botecito, es sacar leche de un pecho mientras das el otro. Y así lo hice hasta que el sr. Oh se dió cuenta de lo divertido que era darle patadas al biberón con los pies. Luego lo intenté, mientras él hacía alguna siesta, pero era oler la leche y despertarse con los ojos como platos y mirada de “eso es mio”. Al final, no me ha quedado otro momento que hacerlo cuando lo acostamos por la noche.

La función familiar de todo niño es putear a sus hermanos. Como el sr. Oh de momento es nuestro único descendiente, su manera de trolear es hacerlo con sus hermanos de leche.

Espero que este carácter reguñón –y troll– que gasta del sr. Oh, herencia de la madre que lo parió, no se transfiera por la leche, porque si lo hace compadezco -y pido perdón- a las madres que hay ahí fuera. Con un poco de suerte, el efecto será transitorio.

Y vosotras ¿conocéis el Banco de Leche Materna? ¿No? Pues ya lo estáis haciendo.