Comed bien

Cuando estuvimos en el hospital nos tocaron unas enfermeras la mar de enrolladas. Sin ironía.

De entre varios valiosos consejos que nos dieron, hay uno que considero una estafa.

Uno de los buenos consejos fue que me diera duchas largas.

Otro que me mimara.

Pero el que considero que nos creó falsas expectativas fue: comed bien.

Y así lo hicimos, durante las 5 semanas del permiso de paternidad del sr. Moderno, nos las apañamos para comer más que bien.

El día que volvimos del hospital la recién estrenada abuela, mi sra. Madre, había llenado nuestra nevera de cosas ricas, desde una tortilla casera hasta postres. Días después, nos las apañamos haciendo pinitos gastronómicos, a pesar de que, algún que otro día, se nos descontrolaron los horarios. Pero en general, salimos airosos de esas primeras semanas como padres primerizos y gourmets.

Pero esas 5 semanas terminaron y el sr. Moderno tuvo que volver a poner el despertador y a salir de casa para cumplir un incongruente horario a jornada partida.

El sr. Moderno es el cocinero en nuestra relación. Funcionamos como un gran equipo, yo pienso platos y él los lleva a cabo. Pero con su horario yo me tengo que poner al frente de los fogones. Así que de nuevo, la plancha y la nevera estaban bajo mis deseos, esta vez con un recién parido enganchado a mi teta.

Y cocinar con un bebé de 5 semanas es tarea harto compleja. Te dicen que los bebés duermen, comen y cagan, que no tienen más actividad en todo el día, pero es mentira. Los bebés no duermen. Nacen con las pilas cargadas y quieren marcha all day long.

Podría haceros creer que nos organizamos super bien, que el sr. Moderno deja algo semi-preparado la noche anterior, de manera que yo solo tengo que acabarlo para tener la comida lista. Pero sería una triste mentira.

Tampoco voy a haceros creer que sobrevivimos a base de shawarmas y pizzas.

Pero sí es cierto que los congelados han entrado a formar parte de nuestras vidas. Casi podría decirse que con el sr. Oh, descubrimos los calabacines rebozados y los chipirones rellenos de La Sirena.

Vamos, que no nos metemos glutamatomonosódico en vena, pero la idea de ir al mercado a comprar productos frescos y hacer cosas ricas para mantener sanos nuestros cuerpos serranos se desvaneció como lágrimas en la lluvia el día que me di cuenta que se me había pasado la mañana en un suspiro y yo andaba todavía en pijama y con una lavadora por poner.

Así que no me queda más remedio que ensalzar las bondades de la comida preparada y esperar a que el sr. Oh pueda, al menos, entretenerse solo. Si mi anterior sueño era pasear por un mercado iluminado por el sol a través de hermosas cristaleras llevando al sr. Oh en porteo, ahora sueño con el día en que pueda visitar un mercado medianamente decente mientras el sr. Oh la lía parda toqueteando la parada de la fruta.

Comed bien, decían. Serán ellas, porque, lo que es nosotros nos conformamos con gritar ¡vivan los congelados!

Y vosotras ¿comíais bien?

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6 comments

  1. A mi me pasaba igual, yo creo que es normal… ¡No se puede guisar con un bebé! Ni eso ni casi nada más. A mi el mejor consejo que me dieron fue el de rebajar expectativas, consigues peinarte antes de mediodía y ya es un logro a celebrar!
    Que sea leve, es una etapa y como llega se va 🙂

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  2. Es que al principio, madre mía entre una toma y otra, no da tiempo ni a respirar. Yo comía sóla en casa y muchos, muchisimos días mi comida era una cajita de tacos de jamón y con suerte unos cuantos picos para acompañar y todo esto con el niño encima.

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  3. Uy, yo comía muy bien gracias a mi señora madre. Todavía sueño con algunos de los platos que nos preparó para la vuelta a casa, me supieron a gloria. Y luego entre ella y mi suegra se encargaron de que nunca nos faltara un plato de comida caliente durante muuucho tiempo. Pero vamos prácticamente no he pisado la cocina desde que parí hasta hace un par de meses. Porque la clave no es esperar a que se diviertan solos, cosa que puede o no puede pasar (yo todavía estoy esperando ese momento). La clave es que llega un día en que necesitas que tu churumbel coma cosas sanas y ricas, para que las coma a gusto y no te las tire a la cara. A partir de ese día mueves cielo y tierra para organizarte mejor y que haya algo interesante que poner en la mesa. Besos!

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