Al encuentro del sr. Oh! [3ª parte y final]

En el capítulo anterior… necesito una epidural para gigantes, rompen la bolsa y le vomito al anestesista.

Ahora debería hacer una preview de esta season final, con escenas muy tensas y un cliffhanger para que no os vayáis, pero no. Vamos a lo que vamos.

Aunque le vomité encima y el anestesista comenzó a correr por la sala de partos buscando empapadores y papel, me parece que no fue la primera vez que una parturienta le enseñaba qué había cenado la noche anterior.

Acabó de ponerme la dosis, le dió un poco de palique al sr. Moderno y se despidió hasta otro ratito.

No todo podía ser malo, y la siguiente vez que apareció la matrona fue para darnos una buena noticia. Como en agosto quien no coje vacaciones es un loser absoluto, mi buena doctora se fue durante 15 días, para no dejarme tirada sin revisiones durantes las últimas semanas, me derivó a una colega de su mismo equipo, con quien compartía matrona -sí, la matrona que estaba fuera de Barcelona-. Al volver de las vacaciones retomé las visitas con la primera. Mi doctora 1 había llamado a mi doctora 2 y esta sí que podía asistir mi parto, de manera que no ve iba a atender un médico random llevado por el azar.

Pocos minutos después aparecía la doctora 2 en la sala. Y todo el mundo se puso en posición.

Lo primero que me dijeron era que si sentía ganas de pujar, que lo hiciera. Pero con semejante chute de anestesia en el cuerpo, no sentía ganas de nada.

En las películas el señor futuro padre le da la mano a la parturieta y le acompaña en los pujos con alguna frase manida tipo “tú puedes, cariño”. En la realidad, si ese futuro padre le diera la mano a una parturieta tendría que ir a traumatología. Cuando pasamos a la acción tenías las manos en los estribos y los cogía con tanta fuerza que cortaba la circulación de los dedos. Una mano ajena apretada con tanta fuerza acabaría con un par de dedos rotos y tendrías que coger a tu recién parido con la escayola fresca.

El sr. Moderno no me dió la mano y todos sus dedos permanecieron a salvo.

Tres pujos con todas las energías que me quedaban en el cuerpo, recordando que ya llevaba un par de horas dando la vuelta en mis entreñas al sr. Oh! como si de un pollo a l’ast se tratara. Y al acabar cada pujo nuestro digno descendiente retrocedía. Pista última y definitiva de que es un troll o prueba tangible de que venganza divina existe, ya que yo le hice exactamente lo mismo a mi sra. Madre.

La doctora dictaminó que aquello no iba a ningún lado y en un movimiento ninja, que yo no ví ni sentí, hizo un corte y aplicó la ventosa al ritmo que la matrona me mandaba hacer el cuatro pujo.

¡Premio! Me acaban de hacer una episiotomia. Me cago en todo. Semanas haciendo la mierda del masaje perineal para acabar así.

Una de las cosas que quería en mi parto y que ofrece el equipo que me antendió es, una vez han sacado los hombros, acabar de sacar yo el cuerpo del bebé y ponérmelo directamente sobre el cuerpo, haciendo piel con piel. No me gusta eso de “me lo pusieron encima” y una amiga me comentó que si hablas con los médicos se puede hacer.

Desde mi punto de vista, con la oxitocina, la adrenalina y un montón de nuevas hormonas desatadas por mi cuerpo, la escena fue idílica. Mientras la matrona me incorporaba, yo soltaba los estribos y me lanzaba a sacar una forma corporea morada, arrugada y, no nos engañemos, fea. Porque los niños en las películas nacen rosados y descomprimidos, pero en la realidad son una bola compacta que pasa de un ambiente líquido al mundo real. Toma castaña.

Desde fuera, en una realidad sin hormonas a porrillo, mientras una enfermera me incorporaba, la matrona guiaba mis manos hacia la descendencia y la doctora acompañaba el gesto de sacar el nuevo cuerpo, eso sí, un cuerpo morado, arrugado y feo. Allí había mil manos haciendo cosas, todos al mismo tiempo.

Y aquí el motivo del nombre del sr. Oh!

En mi imaginación, cuando visualizaba la escena, la dibujaba con lágrimas de emoción para darle la bienvenida. En la realidad, cuando cogí su cuerpo y lo llevé hacia el mío, todo lo que pude decir fue ¡oh!, un ¡oh! agudo y emocionado pero sin lágrimas brotando imparables. Toda mi cara era una sonrisa. Nada más.

Y mientras lo cogía y estrujaba, levanté la vista y ví, en el reflejo de las gafas de la doctora, ¡qué me estaban cosiendo! Ahí fue cuando me enteré de la episiotomia y miré horrorizada a la matrona “¡¿ME HAN CORTADO?!”, “quédate tranquila” me contesta. No, si tranquila estoy, pero enfada un rato también ¿por qué nadie me dijo que me iban a cortar? Resulta que para la ventosa hay que cortar sí o sí, y además es un corte bastante más profundo que el de una episiotomía normal. Pero ahora ya estaba hecho.

Cuando acabó de coser, llamó al sr. Moderno para que viera, según sus propias palabras, “que ha quedado igual que antes” y diera su visto bueno. El sr. Moderno le dió un 10 a la doctora y la verdad, con todas las historias que había leído sobre puntos que doloros y tirantes, estoy encantada porque nunca me dolieron ni los noté lo más mínimo. Casi podría haber creído que no he tenido episiotomía.

Lo que sí noté fue el hematoma que me salió en el culo de puro esfuerzo que me dejó dando pasitos de Chiquito durante 10 días.

Pero volvamos al parto, porque entre el esfuerzo, sacar a la descendencia, la adrenalina, la epidural, la puta episio, mientras hacía piel con piel dije “me estoy mareando” y lo siguiente que pasó fue una revolución en el paritorio. Lanzaron al sr. Oh! a brazos del sr. Moderno, me tumbaron de nuevo y allí apareció todo el personal, incluido el anestesista-hobbit-vomitado. Me tomaron la tensión y estaba por los suelos, no recuerdo mucho que pasó en ese rato.

1 hora después, de nuevo con el sr. Oh! encima, nos dejaron subir a planta, supongo que con la tensión ya recuperada, piel con piel estuvimos hasta que apareció una enfermera diciendo que teníamos que vestirnos. Maldita enfermera, con lo agusto que estábamos nosotros en bolingas.

Y vosotras ¿tuvisteis el parto que imaginabais?

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20 comments

  1. Para nada!!!! Fue mucho más rápido de lo que imaginaba siendo primeriza. Ingresé a las dos y a las cinco y cuarto ya tenía encima al cachorro. Tampoco imaginaba una negligencia por parte del equipo médico y que los primeros 40 segundos en los que mi bebé estuvo fuera de mi fuesen los mas horribles de mi vida, tuvieron que reanimarlo y yo pensé morir.
    Ni que me iban a hacer una episiotomía hasta el ano… en fin… Mi parto rapidito pero horrible.
    Por suerte aqui estamos con ocho meses y son tan insensata e inconsciente que hasta me planteo repetir!!!!

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    1. No me quiero ni imaginar esos 40 segundos ¡qué horror! Por suerte 8 meses después todo se olvida 🙂 Y si repites, ya sabes de qué va y puedes prepararte con otro equipo médico porque no creo que quieras a los mismo ni en pintura.

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  2. Mira tú que por fin me voy a enterar de que me hicieron una episiotomía porque con la ventosa hay que hacerla… A mí tampoco me molestaron nada los puntos, menos mal, algo teníamos que ganar con esto.
    El mío tampoco fue un parto muy idílico, pero L sí fue un bebé idílico 🙂

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  3. Es que lo de la episotomía impone. Yo tenía tanto miedo a los puntos y luego en ninguno de los partos me la han hecho, y no me hice ni masajes ni nada. Debe ser que tengo una flexibilidad alli abajo que no conocía. Esto hace que el posparto esté chupado. También pude sacar a mis hijos cuando ya asomaban los hombros, y eso si que es una experiencia que no olvidaré en la vida. Recuerdo de Alejandra los ojos abiertos como platos, ya entonces era cotilla. Con Diego me sorprendió que estaba cubierto entero de una grasita blanca y parecía mas un lechoncito que un bebe. Que recuerdos¡¡¡¡

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  4. Madre mía!!! Lo mío fue parecido 3 empujones, la cabecita no salía por mi pequeño huesecillo (q eso no se puede dilatar) y ventosa, episeo…
    Y el mismo cabreo por mi parte, y la cabeza de garbancito deformada (parece que el sr oh no)…
    Tb tuve piel con piel y tp llore!!!
    Enhorabuena por todo

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    1. Un expulsivo parecido 🙂 Pues no, el sr. Oh! salió con una marca de la ventosa pero a mediodía ya no la tenía.

      A mi lo que me molestó fue que nadie me dijo “oye, que tenemos que cortar” y me encontrara a la doctora cose que te coserás.

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  5. Para nada, la verdad! Mi hijo también volvía para arriba cada vez que empujaba y aunque me libré de la ventosa, no me libré de una técnica fantástica y estupenda llamada maniobra de Kristeller (horrible!), y de una episiotomía que parecía hecha por el Dr. Frankestein (que nunca dejé mirar a mi chico), además de un postparto de mierda con visita al quirofano incluida y niño con oxigeno y castigado en neonatos. Eso sí, el minutillo que me dejaron cogerlo en brazos después de nacer también tuve una frase para la posteridad: “¡Mira Pedro, es negro!”.

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  6. llevo leidos tantos posts buenos que he decidido quedarme por aqui y no perderme nada!
    yo pensaba haber tenido partos casi idilicos (y digo casi porque pari la noche de un terremoto a la primera…)…pero la lectura hace mal!!! ahora los retocaria un poco…mucho. La estimada episiotomia del primero me dolio por meses…la del segundo fue gratuita “ya que estaba la otra” pero ni la senti…yo no pude sacar a las niñas, porque salieron de un pujo enteritas…y el piel con piel solo fue en el segundo (culpa del neonatologo del primer parto) y bueno…no sigo que me pierdo!

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  7. Mi parto no fue PARA NADA como me lo había imaginado. Negativa que es una, me imaginaba un parto de días, con un dolor del copón. Y en verdad fue visto y no visto. Casi parí en la cuneta. Llegué a las 9 a urgencias y a las 11 en punto estaba fuera mi hija!
    Fue instrumentalizado también, pero mi mayor miedo, que era no poder soportar el dolor, no se materializó y eso me hizo venirme arriba!

    Gracias por compartir tu historia ;D

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