Mes: septiembre 2014

El fantasma de la mastitis

Tetas, tetas, tatas… Después del embarazo, en el momento del postparto llega el monotema recurrente: las tetas.

Todo gira en torno a las tetas.

Que se enganche bien. Que te suba la leche. Que no te salgan grietas. Ni perlas de leche.

Pero sobretodas las cosas, donde te meten miedo de verdad, es en que no acabes con una mastitis.

Una de las primeras noches en casa, en la primera semana de lactancia de mi vida, me salió una grieta. Cada vez que el sr. Oh tenía que engancharse yo quería llorar, fue una noche larga donde nadie durmió. Ni siquiera los vecinos, quienes a la mañana siguiente se encargaron de hacernos saber que la descendencia tenía intensos pulmones.mastitis

Para añadirle dramatismo, en el mismo pecho de la grieta, descubrí que tenía varios bultos. Y en plena subida de leche, no quiero explicar lo que dolía.

Así, a las tantas de la madrugada hice lo que cualquiera mortal habría hecho: buscar en Google.

Busqué y me aterroricé, parecía ser que aquello era una mastitis, el inicio de una mastitis o una mastitis rara. Lo mejor que me esperaba era morir entre horribles sufrimientos, víctima de la fiebre mientras en mi pecho un bulto destacaba rojo y duro.

Sí, lo sé. La culpa es mía por buscar en Internet.

Mientras me debatía entre salir corriendo a urgencias o, directamente, redactar mi testamento, iban pasando las horas y el sr. Oh no dejaba de llorar.

Drama.

En un momento de la noche, quizás porque mis neuronas se desconectaron, vino a visitarnos la lucidez y entre tanta página fatalista encontré que antes de la mastitis hay algo llamado obstrucción.

Una obstrucción, o varias, se soluciona haciendo que el bebé amamante más de ese pecho, habiendo preparado previamente el pecho con calor húmedo -con una ducha o una toalla mojada- y al final de la toma aplicando frío -con un paquete de guisantes congelados-. Si esas obstrucciones van a más, se puede convertir en mastitis.

Pero esta información no te la dan en todas partes y si pueden invocar a todos los males, lo harán.

Así, antes de decir que no pasa nada y mantengas la calma, te cuentan historias de mujeres que tuvieron que entrar en quirófano de urgencias y todo fue horrible. Incluso en la web de alba lactancia, antes de encontrar información sobre las obstrucciones, encontré una conversación entre varias usuarias donde se explicaban terroríficas anécdotas y a mi me mantenían ojiplática al otro lado de la pantalla.

En mi caso la solución era, al mismo tiempo, alargar mi agonía ya que en ese pecho tenía la grieta en la que no podía aplicar más linolina porque no cabía. Visto en perspectiva no pasa nada, pero en el momento solo deseaba que llegaran a las 10 de la mañana para bajar, en pijama y con los pelos de loca, a la farmacia para comprar unas pezoneras.

La mastitis se había convertido en mi fantasma particular.

Dos días más tarde, con la cabeza fría y la grieta curada, en la visita a la matrona de la Seguridad Social, en lugar de tranquilizarme, aquella matrona venida de la Universitat del Averno, se dedicó a meterme miedo y a advertirme de los males que me esperaban si las obstrucciones acaban en mastitis, advirtiéndome de la dureza de la lactancia y metiéndome, por si no fuera suficiente, presión con que las tomas de mi descendiente debía ser exactamente como ella decía. Por si no tuviera suficiente, se dedicó a decirme que la episiotomía que me habían hecho era un desastre y que no se me curaría nunca a aquel ritmo, cosa que no tenía nada que ver con lo que me habían dicho en el hospital ni con lo que me dijo la matrona que me hizo la visita una semana más tarde.

Supongo que cogí a esa matrona en un mal día o ella tenía ganas de tocarme la fibra y dejarme toda la tarde al borde la lagrimita. Por suerte, el sr. Moderno se dedicó a repetirme por activa y por pasiva que no podía venir una loca a decirme cosas sin sentido, con lo bien que habíamos estado el sr. Oh y yo desde que se arregló la grieta y que las obstrucciones desaparecían si seguía haciendo las tomas como nosotros las hacíamos.

Conclusión, hay que mantener la calma y pasar de la opinión de matronas malévolas que tienen un mal día, más cuando nosotros estábamos tan felices e íbamos estableciendo la lactancia a nuestro ritmo. No dejéis que venga alguien y diga que las cosas tienen que ser como ellos marcan.

Y vosotras ¿tuvísteis algún fantasma? ¿conocéis la terrorífica sombra de la mastitis?

Al encuentro del sr. Oh! [3ª parte y final]

En el capítulo anterior… necesito una epidural para gigantes, rompen la bolsa y le vomito al anestesista.

Ahora debería hacer una preview de esta season final, con escenas muy tensas y un cliffhanger para que no os vayáis, pero no. Vamos a lo que vamos.

Aunque le vomité encima y el anestesista comenzó a correr por la sala de partos buscando empapadores y papel, me parece que no fue la primera vez que una parturienta le enseñaba qué había cenado la noche anterior.

Acabó de ponerme la dosis, le dió un poco de palique al sr. Moderno y se despidió hasta otro ratito.

No todo podía ser malo, y la siguiente vez que apareció la matrona fue para darnos una buena noticia. Como en agosto quien no coje vacaciones es un loser absoluto, mi buena doctora se fue durante 15 días, para no dejarme tirada sin revisiones durantes las últimas semanas, me derivó a una colega de su mismo equipo, con quien compartía matrona -sí, la matrona que estaba fuera de Barcelona-. Al volver de las vacaciones retomé las visitas con la primera. Mi doctora 1 había llamado a mi doctora 2 y esta sí que podía asistir mi parto, de manera que no ve iba a atender un médico random llevado por el azar.

Pocos minutos después aparecía la doctora 2 en la sala. Y todo el mundo se puso en posición.

Lo primero que me dijeron era que si sentía ganas de pujar, que lo hiciera. Pero con semejante chute de anestesia en el cuerpo, no sentía ganas de nada.

En las películas el señor futuro padre le da la mano a la parturieta y le acompaña en los pujos con alguna frase manida tipo “tú puedes, cariño”. En la realidad, si ese futuro padre le diera la mano a una parturieta tendría que ir a traumatología. Cuando pasamos a la acción tenías las manos en los estribos y los cogía con tanta fuerza que cortaba la circulación de los dedos. Una mano ajena apretada con tanta fuerza acabaría con un par de dedos rotos y tendrías que coger a tu recién parido con la escayola fresca.

El sr. Moderno no me dió la mano y todos sus dedos permanecieron a salvo.

Tres pujos con todas las energías que me quedaban en el cuerpo, recordando que ya llevaba un par de horas dando la vuelta en mis entreñas al sr. Oh! como si de un pollo a l’ast se tratara. Y al acabar cada pujo nuestro digno descendiente retrocedía. Pista última y definitiva de que es un troll o prueba tangible de que venganza divina existe, ya que yo le hice exactamente lo mismo a mi sra. Madre.

La doctora dictaminó que aquello no iba a ningún lado y en un movimiento ninja, que yo no ví ni sentí, hizo un corte y aplicó la ventosa al ritmo que la matrona me mandaba hacer el cuatro pujo.

¡Premio! Me acaban de hacer una episiotomia. Me cago en todo. Semanas haciendo la mierda del masaje perineal para acabar así.

Una de las cosas que quería en mi parto y que ofrece el equipo que me antendió es, una vez han sacado los hombros, acabar de sacar yo el cuerpo del bebé y ponérmelo directamente sobre el cuerpo, haciendo piel con piel. No me gusta eso de “me lo pusieron encima” y una amiga me comentó que si hablas con los médicos se puede hacer.

Desde mi punto de vista, con la oxitocina, la adrenalina y un montón de nuevas hormonas desatadas por mi cuerpo, la escena fue idílica. Mientras la matrona me incorporaba, yo soltaba los estribos y me lanzaba a sacar una forma corporea morada, arrugada y, no nos engañemos, fea. Porque los niños en las películas nacen rosados y descomprimidos, pero en la realidad son una bola compacta que pasa de un ambiente líquido al mundo real. Toma castaña.

Desde fuera, en una realidad sin hormonas a porrillo, mientras una enfermera me incorporaba, la matrona guiaba mis manos hacia la descendencia y la doctora acompañaba el gesto de sacar el nuevo cuerpo, eso sí, un cuerpo morado, arrugado y feo. Allí había mil manos haciendo cosas, todos al mismo tiempo.

Y aquí el motivo del nombre del sr. Oh!

En mi imaginación, cuando visualizaba la escena, la dibujaba con lágrimas de emoción para darle la bienvenida. En la realidad, cuando cogí su cuerpo y lo llevé hacia el mío, todo lo que pude decir fue ¡oh!, un ¡oh! agudo y emocionado pero sin lágrimas brotando imparables. Toda mi cara era una sonrisa. Nada más.

Y mientras lo cogía y estrujaba, levanté la vista y ví, en el reflejo de las gafas de la doctora, ¡qué me estaban cosiendo! Ahí fue cuando me enteré de la episiotomia y miré horrorizada a la matrona “¡¿ME HAN CORTADO?!”, “quédate tranquila” me contesta. No, si tranquila estoy, pero enfada un rato también ¿por qué nadie me dijo que me iban a cortar? Resulta que para la ventosa hay que cortar sí o sí, y además es un corte bastante más profundo que el de una episiotomía normal. Pero ahora ya estaba hecho.

Cuando acabó de coser, llamó al sr. Moderno para que viera, según sus propias palabras, “que ha quedado igual que antes” y diera su visto bueno. El sr. Moderno le dió un 10 a la doctora y la verdad, con todas las historias que había leído sobre puntos que doloros y tirantes, estoy encantada porque nunca me dolieron ni los noté lo más mínimo. Casi podría haber creído que no he tenido episiotomía.

Lo que sí noté fue el hematoma que me salió en el culo de puro esfuerzo que me dejó dando pasitos de Chiquito durante 10 días.

Pero volvamos al parto, porque entre el esfuerzo, sacar a la descendencia, la adrenalina, la epidural, la puta episio, mientras hacía piel con piel dije “me estoy mareando” y lo siguiente que pasó fue una revolución en el paritorio. Lanzaron al sr. Oh! a brazos del sr. Moderno, me tumbaron de nuevo y allí apareció todo el personal, incluido el anestesista-hobbit-vomitado. Me tomaron la tensión y estaba por los suelos, no recuerdo mucho que pasó en ese rato.

1 hora después, de nuevo con el sr. Oh! encima, nos dejaron subir a planta, supongo que con la tensión ya recuperada, piel con piel estuvimos hasta que apareció una enfermera diciendo que teníamos que vestirnos. Maldita enfermera, con lo agusto que estábamos nosotros en bolingas.

Y vosotras ¿tuvisteis el parto que imaginabais?

Al encuentro del sr. Oh! [2ª parte]

En el capítulo anterior… Rompo aguas, llegamos al hospital con contracciones y la anestesista mola más que Brienne de Tarth.

Aunque mi apuesta caballera llegara montada sobre un unicornio y me quedara dormida, no todo podía resultar tan bonito y mi primer sueño postepidural solo dura unos minutos.

Existe una analgesia llamada Walking Epidural, es una anestesia rodeada de controversia, como en todo, hay voces a favor y en contra. No en todos los hospitales la ponen y este era el caso. Así que al no poner Walking pedí una dosis que me dejara sentir el proceso pero no el dolor. Y esa dosis maravillosa funciona para la mayoría de las mortales, pero yo tengo lo que, en un término muy médico se llama un vacío. 10 años de carrera con términos en latín para que cuando algo falla lo llamen vacío. ¿Y qué es un vacío? Es una zona del cuerpo donde la epidural no actúa. Así que las contracciones se localizaban en esa zona, donde las sentía al 100%.

Si estáis pensando en parir con epidural debéis ser conscientes de que tiene sus riesgos, algo que te quita la sensibilidad debe tener sus contras también. Siempre podéis hablar con el anestesista y pedir una dosis mínima para que haga un efecto parecido a la Walking.

Llamamos a la anestesista y me da 2 opciones. Aumentar la dosis, sabiendo que en esa zona siempre voy a tener dolor o continuar como estoy, pero sentir el parto. En el momento de la verdad, opté por aumentar la dosis y así me llevé una epidural completa que me dejó la pierna izquierda inútil y un dolor soportable en el costado derecho.

Y vuelvo a caer dorminada. Hasta las 7, cuando viene la matrona, revisa y estoy dilatada de 7.

Tercera pista de que nuestra descendencia es un troll, nos comunican que mi buena doctora está en otro hospital en servicio de urgencias hasta las 2 de la tarde y que al ritmo que estoy dilatando no llega a atender mi parto ni de coña, de manera que me atenderá el obstetra de urgencias.

Aunque bien dilatada sigo teniendo muchísimo líquido, tanto que resulta que la minimodernidad no consigue apoyar la cabeza y hay que romperla para que pueda bajar. Si una cosa hace Google, es darte toda la información perjudicial que puedas desear y había leído que la rotura de bolsa estaba más que contraindicada, que era malo malísimo hacerlo, que podía comportar un millón de problema. Así que la idea no me hacía ni puñetera gracia, pero después de un tira y afloja decidí dejarle romperla, a regañadientes.

El líquido cae y suena como una cascada, los empadadores no pueden con todo y desbordan. Desde mi punto de vista aquello era una piscina, viendo la cara del sr. Moderno la que se había liado era mayúscula. Y eso teniendo en cuenta que hacía 3 horas que venía perdiendo líquido.

Otra cabezadita y la matrona vuelve a entrar en la sala. Estoy dilatada de 9 y decide pasarnos a sala de partos con la cuarta pista de que nuestra descendencia es un troll. La posición óptima del bebé para el parto es con su cabeza hacia abajo, mirando hacia la espalda de la madre, pero la minimodernidad venía con la cabeza hacia arriba, mirando hacia mi barriga.

Se puede parir con esa posición, pero los partos resultan más largos y, sobretodo, dolorosos. Esta posición se puede solucionar con intervención manual y con instrumental. Por suerte, ya habíamos hablado con mi matrona para intentar evitar los fórceps. Arreglar la posición de forma manual no es que una se quede allí, abierta de patas, tan feliz, mientras la matrona hace el trabajo sucio. Implica la participación activa de la parturienta, es decir, esfuerzo, sudor y lágrimas.

La matrona me avisa cuando tengo que empujar y ella va manipulando para darle la vuelta. Casi completa la vuelta le da un rato para que colocara la cabeza en posición por voluntad propia. Pero ya he dicho que nos dio varias pistas de su espíritu troll y al volver a la sala, no solo se encuentra que no ha colocado la cabeza, si no que, además, se ha vuelto a colocar mirando hacia mi barriga.

Vuelta a empezar. Trabajamos para darle la vuelta y esta vez sí coloca la cabeza mirando hacia abajo. Con la cabeza en su sitio, la matrona llamó al sr. Moderno para que mirara y a mi me cogió la mano para que tocara su cabeza en posición.

Nos deja un rato mientras yo me quedo con las piernas en los estribos, posición nada cómoda y que te roba la dignidad por segundos. Con todo el esfuerzo, volvía tener un dolor agudo y constante en el costado derecho y la pierna izquierda volvía a estar operativa. Llaman de nuevo al anestesista, esta vez un valeroso hobbit se presenta con su uniforme verde y mientras me prepara otra dosis de analgesia, le comento que me estoy mareando para, menos de 3 segundos más tarde, vomitarle encima.

El desenlace en el siguiente capítulo.

Y vosotras ¿le vomitásteis encima a alguien?

Al encuentro del sr. Oh! [1ª parte]

Finalmente ha llegado el momento. ¡He vuelto a encender el ordenador! Gracias al cielo que es un portátil. Así puedo cogerlo con un brazo y llevar en el otro a nuestro digno descendiente.

Una de las cosas más interesantes de los blogs sobre embarazo y maternidad, a mi entender, es cuando se explica el parto. Dan perspectiva y, aunque algunas lo explican como un paseo por los Jardines de Lórien, sirve para estar preparada para todo lo que pueda pasar.

Voy a dividir esta aventura en partes. En parte porque en pocas horas pasaron muchas cosas, en parte porque con la minimodernidad en nuestras vidas las horas se me escapan entre los dedos, por eso mismo el dibujo no está demasiado elaborado.

Aviso que estoy absolutamente hormonada y mi objetividad es cercana al cero absoluto.

Todo comenzó un viernes de madrugada, después de llevar prácticamente una semana dilatada de 3 cm y con cuello casi borrado, me levanté para ir al baño. Por primera vez en semanas, dormía hasta las 4 AM sin despertarme por contracciones o incomodidad. Con los ojos pegados por las legañas me dí cuenta de que mi ropa interior estaba completamente empapada. Con las pocas neuronas conectadas que podía tener a esas horas, me cambié y mantuve la calma, como nos habían dicho en las clases de preparto.

Contracción moderada y confirmación. Había roto aguas. Pero no en plan película, si no una fisura por la que perdía líquido en cada contracción.

Mi matrona, a la que tenía que llamar al ponerme de parto para que ella organizara el tinglado, estaba fuera de Barcelona por motivos personales. Primera pista de que nuestra descendencia es un troll.

Con la calma, revisamos bolsa y papeles, ducha y pedimos un taxi vía app, para no perder el punto tecnológico en todo esto.

Ingreso por urgencias a las 5:30 AM, demasiado pronto según la matrona que nos hace el ingreso, pero para entonces ya tenía contracciones fuertes cada 5 minutos y solo quería que me enchufaran a correas para confirmarlo. Que te pongan las correas es un momento lleno de glamour, te quedas en bolingas con una bata azul y unos patucos verdes conectada a una máquina con unos sensores atados con una gasa, mientras tienes contracciones y te dicen que no te muevas mucho, para que los sensores no se muevan. Quedarse tumbada tan feliz mientras tienes una contracción que se sale de la gráfica es algo que hará su prima, porque yo me moví todo lo que pude, pero quedó claro que sí tenía contracciones.

Basado en una foto real © Hipsterbebe 2014

Basado en una foto real © Hipsterbebe 2014

Segunda pista de que nuestro descendiente es un troll, es que decide nacer en un día en que todas las salas de dilatación están llenas. Así que después de comprobar que las contracciones eran fuertes y regulares me sientan en una silla de ruedas y se dedican a pasearme de punta a punta hasta que le dicen al celador que deje de dar vueltas, además en cada contracción me tenía que bajar de la silla para quedarme con el culo en pompa, apoyada contra las paredes o utilizando la silla de apoyo, haciendo respiraciones hasta que la contracción pasara.

Finalmente, abren una sala de dilatación para nosotros y nos asignan una matrona, por suerte una matrona maravillosa, con la que se nos pasaron las horas volando. Al sr. Moderno le dan el disfraz de futuro padre y, cámara de fotos en mano, ya estamos todos preparados para la acción.

Al llegar a correas me había preguntado si quería epidural o parto natural, y nada más llegar a la sala de dilatación, me volvieron si la quería. Todas las dudas que había tenido sobre pedirla, se disiparon cuando las contracciones se volvieron regulares, admiro profundamente a quienes teniendo la opción deciden no usarla y van por el parto natural a pelo.

Cuando llegó la anestesista, venía montada sobre un unicornio y se iluminó la sala con arcoiris y purpurina. Para la punción hicieron salir al sr. Moderno de la sala y cuando volvió yo era la mujer más feliz del mundo y las drogas me parecían el mejor invento del siglo. Pocos minutos después me quedaba dormida.

Continuará…

Y vosotras ¿cómo vivísteis los primeros instantes? ¿cómo creéis qué serán?