Conversaciones de ascensor

Acabo de volver a casa, cojo el ascensor y ¡oh, sorpresa! otra vecina entra en portal. Ni corta ni perezosa la vecina, que forma parte de la comunidad Radiopatio de la escalera, en calidad de secretaria, a quien llamaremos de ahora en adelante sra. Macaria, se pone a hablar de mi barriga. Ni como te va, ni qué tal el trabajo, ni el típico comentario del calor que hace porque oh-cielos-es-agosto-y-nunca-hace-calor-en-agosto. Se lanza a por el tema de la barriga.

En el ascensor no hay salida de emergencia ©Hipsterbebe 2014

En el ascensor no hay salida de emergencia ©Hipsterbebe 2014

Llega el ascensor y subimos, empiezan esos segundos que parecen horas donde no tienes escapatoria. Lo único en lo que puedo pensar es “que no se estropee ahora el ascensor, no me puedo queda encerrada esta vieja chocha señora”.

Su disertación sobre mi barriga seguía la línea del cuándo “porque esto está ya listo”, dictamina. Le contesto que tengo todo el mes de agosto por delante, que no hay prisa y ella continua con su argumentación. Hasta que se interrumpe a ella misma, esto es algo que solo pueden hacer auténticos expertos del palique radiopatil y me dice “pero tú me habías dicho…” y se queda en el aire “¿yo he dicho?”, señora, si no le he dicho mi fpp ni a mi madre, se la voy a decir a usted.

Pero no se rinde y continúa “bueno, esta noche parirás, que hay luna llena”. “No, hay luna llena el 10”, se me queda mirando como si le hablase en Klingon y me dice que su hermana le ha dicho que la luna llena es esta noche. Pues muy bien, pero ya le digo que no hay luna llena esta noche, me mantiene la mirada y responde “bueno, te queda hasta la luna”.

La luna llena ejerce influjo en nuestros cuerpos, es un tema de la gravedad de la luna sobre la tierra, sin embargo hay un millón de estudios que dicen lo contrario. Podéis creer lo que os venga en gana, yo me quedo con el sí. Pero a cabezota no me vence nadie, solo tiene que venir la sra. Macaria para decirme cuánto me queda hasta el parto para que yo saque todos mis argumentos en contra. Pura cabezonería lo mío, señoras.

Así que, en mi tono borde de ascensor y sonrisa glacial, le contesto un “eso dicen”. Llegamos a mi planta, la sra. Macaria ha quedado neutralizada y no ha tenido oportunidad de tocarme la barriga.

I win.

En nuestra escalera, aunque abundan las personas de más de 80 años también hay algunos vecinos que rondan los 60 y unos pocos individuos que irán por los 30. Una de estas individuos, a quien llamaremos sra. Gladis, tuvo una niña hará cosa de 2 años. Con ella no he cruzado más de 4 palabras porque tienen unos horarios muy tardíos -le he oído despertar a la niña a las 12 del mediodía-. 3 de las 4 palabras las cruzamos en el ascensor y me quedé ojiplática con sus declaraciones.

Estábamos en junio o julio, mi barriga era evidente. Entra la sra. Gladis con su señora criatura apaparrada a la pierna. La niña resulta ser un pulpo e intenta tocar todos los botones del ascensor para que tengamos un recorrido turístico de planta en planta, mientras la madre demuestra sus reflejos de ninja y neutraliza los deditos de la criatura en cada intentona al son de “no toques”. Entre ataque ninja y ataque ninja, me mira la barriga, suspira y me dice mirándome directamente a la cara “yo lo hice igual de mal”, excuse me?! ¿yo qué he hecho mal ahora? es tu retoño la que quiere ir de planta en planta. Ella prosigue “también la tuve en julio y fue horrible”. Intento llevar bien el calor y eso que soy extremadamente calurosa, vivo enganchada al aire acondicionada y al ventilador, pero tanto me han repetido que el calor era para morirse de la muerte muy moribunda que lo único que contesto es “lo tomaremos con calma”. Como la respuesta le debió parecer poca cosa la conversación prosigue con la forma de la barriga y me dice que llevo una niña y lo remata con un “espero que te toque una mejor que la mía, porque esta es un demonio”. Me quedé en blanco. Llegamos a la planta, bajamos las 3 (4 si contamos mi barriga) y cada una abre la puerta de su morada. ¿Qué tenía que contestarle? ¿Gracias? Acaba de llamar a su hija demonio y delante de ella me desea una hija mejor. Le doy las buenas noches y me despido.

La presidenta de la comunidad Radiopatio, decidió también en el ascensor que mi barriga era de niño, porque ella ha tenido 3 descendientes, 1 niño y 2 niñas. Según su alegato basado en hechos científicos, era que la barriga del niño era igual a la mía, que desde la espalda no se ve. El hecho de pensar que quizás, QUIZÁS, la musculatura de su cuerpo estuviera menos firme después del primer embarazo nunca cruzó su mente.

Pero la palma, el oro, el number one se lo lleva el sr. Cafe-con-leche, este vecino es un centenario que suda café con leche. La conversación con él empezó, ¡como no! mirándome la barriga. Sin rodeos me pregunta para que día estoy, a lo que le contesto que cualquier día de este mes. “Bueno, mientras no te lo saquen por arriba…”, yo, que soy muy gráfica, me imaginé que me salía una manita diminuta por la boca y se agitaba con el gesto internacional de hola. Pero tanto la matrona como mi buena doctora me han dicho que voy por buen camino para un parto natural, cosa que no asegura nada, pero tampoco lo descarta. No era cuestión de explicarle estas intimidades de mi diagnóstico al sr. Cafe-con-leche así que resumí diciendo “mi médico me ha dicho que voy bien”. Entonces me pregunta si ya tengo otro descendiente, “no, es el primero” y aquí viene su respuesta, la que le ha hecho ganador del Óscar a las Conversaciones Absurdas “Uy, pues a las primerizas siempre les sacan los niños por la barriga”. Espera-espera-espera-espera-espera… what?! ¡¿pero con qué mitos vive este hombre?! ¿estamos todos locos? ¿A todas las primerizas? ¿A TODAS les hacen cesárea? ¿SIEMPRE? “No sr. Cafe-con-leche, eso no es cierto, los médicos no van por la vida aplicando cesáreas a diestra y siniestra, pero en lo que dura este viaje en ascensor no me da tiempo de explicarle que eso no es así”. Así que bajé, le desee buen día y me eché las manos a la cabeza por la escalera en la que nos hemos metido a vivir.

Ya sé, ya sé, cuando nazca la minimodernidad tendré que aguantar todos los comentarios absurdos sobre su crecimiento, su educación, el color de su pelo, la forma en la que llora o a lo que huelen sus pedos. Pero de momento, me centro en las conversaciones absolutamente absurdas sobre mi calabaza.

Y vosotras ¿qué conversaciones de ascensor tenéis que soportar?

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12 comments

    1. ¡Gracias! Lo bueno será que muchos no vuelven hasta que empieza el curso escolar (para cuidar de sus nietos) así que al menos, con la modernidad recién parida, no tendremos que aguantar muchos comentarios.

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    1. Nosotros también somos de escalera, pero después de una mañana fuera, el calor pegajoso del mediodía de esta ciudad y que ya no puedo dar un paso más con la ciática, el ascensor es un invento maravilloso que no pienso desaprovechar 🙂

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