Mes: agosto 2014

Las últimas semanas

Nota de la Autora: Como algunas ya sabéis, nuestra descendencia, el sr. Minimoderno, pendiente de encontrar su propio sobrenombre, nació el viernes pasado.
Escribí está entrada unos días antes del parto, para no olvidar estas últimas semanas, en previsión de lo que pudiera ser.
Todavía estamos en plena adaptación de horarios y por eso no he tenido tiempo de hacer un dibujo a juego con el tema. Ya me perdonarán ustedes. Dibujar con un bebé enganchado es altamente complejo.

Cuando entras en la semana 37 se acaba el mundo.

Tu médico te dice que puede nacer en cualquier momento, parece que te de permiso para parir y, por muy bien que lo lleves por fuera, en un pequeño rincón de tu cerebro empieza a formarse una pequeña bolita de nerviosismo.

En el momento en que escribo estas líneas todavía no he dado a luz, pero calculo que la publicaré con la minimodernidad ya parida. Escribiendo ahora, supongo que no deformaré la información como lo haría si escribiera dentro de unos meses.

Debo reconocer que he llevado muy bien el embarazo. He controlado las estrías, no me han salido varices, no he tenido acidez ni mareos y he podido hacer ejercicio e ir caminando a todas partes con cierta normalidad… normalidad hasta la semana 38.

En la semana 38 de repente todo comenzó a revolucionarse.

Un día volví, a mediodía, a casa roja de cansancio, sudada y mareada. No recordaba estar así desde que hacíamos la course navette en el colegio. Tiré el bolso en el recibidor, cerré ventanas, encendí el aire acondicionado a 19 grados y me arrastré a la ducha para rehidratarme como una shitake seca bajo el chorro de agua fría.

Desde ese día ya no soy la mujer que era:

  • Salgo a la calle a primera hora de la mañana o a muy última de la tarde y voy caminando a pasito de abuela reumática que arrastra andador. Salir a cualquier otra hora es un suicidio.
  • He reducido mis paseos de 2 km a 500 metros cuando voy sola.
  • No he pasado un verano especialmente caluroso, y de repente me dan sofocos de calor y me pongo a sudar A MARES, me caen gotas por el cuello, muy poco glamouroso, mientras el sr. Moderno está tan fresco. ¡Él! ¡qué siempre tiene más calor que yo!
  • Me pongo roja cuando bebo agua a una temperatura inferior a la ambiente.
  • Hay un millón de listas por Internet que rezan “10 cosas de las que nadie te avisa en el embarazo”, siempre las leo y parecen, como poco, absurdas. Pero como siempre tengo que llevarme un zas-en-toda-la-boca, hay una cosa de la que nadie me avisó, no lo leí o, simplemente, lo olvidé: Algunas embarazadas depuran el organismo antes del parto. Afortunadamente lo comentaron en el grupo Monotema, ellas han sido mi salvación en muchos aspectos durante estos meses y ellas solucionaron la duda, porque yo pensaba que me estaba poniendo enferma y deshidratando, pero es normal que días -o semanas- antes del parto el cuerpo depure. Y sí, depurar significa diarrea.
  • Hipersensibilidad en la piel. Mi propio sudor me irrita la piel y, especialmente, por las tardes, después de muchas horas en contacto con la ropa, el roce de los pantalones o el cubresofá se me antoja in-so-por-ta-ble. Solo consigo aminorarlo con crema hidratante, cubos de crema hidratante.
  • Más volumen en los pechotes, por si no fuera suficiente con lo que tenía, han hecho otro subidón.

Así fue como, después de un sofocón, a las 38 semanas, muté en una embarazada achacada de todos los males que no había sufrido antes.

Y vosotras ¿notásteis el final? ¿os cambió el metabolismo?

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Conociendo a Mi Bebé Orgánico

Por si no lo habíais notado, me encantan las cremas corporales, así que cuando me contactó Mi Bebé Orgánico para probar los productos de su tienda online, en los ojos me salieron 2 corazones en lugar de pupilas.

Mi Bebé Orgánico es el proyecto que nace de la necesidad, como lo son las mejores ideas. Su fundadora buscaba una serie de productos con certificado orgánico para regalar y se encontró con que la mayoría de tiendas on-line no tenían los productos que ella buscaba y tenía que ir de tienda en tienda para organizar la canastilla con la que ella soñaba regalar.

Según sus propias palabras “Mi sorpresa llegó cuando me puse a buscar en tiendas con esta línea de producto y no sabes lo complicado que me resultó. Aquí encontraba esto, allá lo otro, en esta que tenían de todo pero no hacían envíos a España… total que terminé pagando portes en no me acuerdo cuantas tiendas diferentes, cosa que te podrás imaginar lo que me molestó”.

Y tiene toda la razón ¿a quién no le ha molestado alguna vez no encontrar todo lo que busca en una única tienda online y acabar con varios carritos de la compra abiertos y una calculadora haciendo números con los gastos? A mi encontrarme en estas circunstancias me pone del revés.

Mi Bebé Orgánico llega para solucionar ese problema.

Además, mi deformación profesional hizo que me quedara maravillada con el diseño de la marca. ¿Porqué? Por que la mayoría de empresas orientadas al “eco”, “bio” y “sostenible” omiten completamente la imagen, muchas creen que con la opción “responsable” no tienen que comunicar nada más y navegas por páginas que distan mucho del concepto cercano de los productos de cuidado corporal y que, sinceramente, te quitan las ganas de comprar y acabas pensando que una crema cualquiera te puede servir “¿para qué me voy a gastar 20 euros en una crema si la tratan con tan poco cariño?” cuando piensas eso cometes un ¡error!

En su tienda online veréis que además de un cuidado entorno que emana el cariño por sus productos, podéis buscar por “bebé”, “mamá” o por marca. Y si esto de las cremas os suena a chino, os recomiendo enviar un email y os asesorarán para crear la canastilla ideal para esa madre a quien queréis sorprender y ese bebé al que ya queréis estrujar mimar.

Y no se vayan todavía, porque aún hay más. Tenéis dos opciones de envío, la normal, que ya de por sí inspira la esencia de sus productos, y por un mínimo plus packaging de regalo que da pena deshacer, que es la de estas fotografías. ¡Y todo con papeles reciclados y tintas ecológicas!

Tengo que pedir perdón desde aquí, ya que, como soy una agonías, nada más recibir el paquete lo tuve que abrir y fotografié el unboxing con la cámara del móvil, que cuando se calienta se vuelve majara con los contrastes (y la mesa negra en un día nublado tampoco me ayudaron). Las fotos no hacen justicia al packaging de regalo.

mibebeorganico_01 mibebeorganico_02mibebeorganico_03Estoy deseando que llegue nuestra minimodernidad para probar todas estas cremas.

Y vosotras ¿conocéis Mi Bebé Orgánico?

PreMAMÁ hasta en el culo

Cada vez que me bajo los pantalones leo MAMA.

pantalones premama ©hipsterbebe 2014

pantalones premama ©hipsterbebe 2014

Así en mayúsculas.

Y voy mucho al baño, las embarazadas vamos mucho al baño.

En concreto pone H&M MAMA, porque mis pantalones son de esta marca.

Mamá, como si no supiera que llevo en mi una descendencia, vienen las marcas de ropa y en un alarde de creatividad llaman a las líneas de ropa para embarazadas MAMA.

Lo tenemos tan asumido que ni nos lo planteamos. Yo no soy mamá, me voy a convertir en madre, en una digievolución de Pokemon que durará lo mismo que el parto, pero mamá me iré haciendo. No solo yo, todas las embarazadas del mundo.

Mamá te haces cuando desesperas al llevar 25 noches sin dormir más de 15 minutos seguidos. Mamá te haces cuando llevas un mocarro pegado en el pelo. Mamá te haces cuando luces una mancha de vómito infantil en la camiseta. Pero mamá no te hacen unos pantalones.

Se tendrían que llamar línea embarazo, línea adiós-irresponsabilidad o línea preñi-friendly, pero que no lo llamen MAMA en mayúsculas porque pone unas expectativas en nosotras que no son reales.

Acercarse a la zona premamá es toda una experiencia. Hay una extraña fauna en la zona premamá.

Me he encontrado con mujeres que se deslizan entre los percheros como un ratón asustado, se agachan cuando ven a otra mujer y actúan en modo ninja. Cogen las prendas premamá para aparecer por la sección de ropa de mujer-no-embarazada y se dirigen al probador como si aquello no fuera con ellas.

Las hay que van con la pareja y bien parece que creen estar en el salón de su casa, hablando a plena voz con algunos comentarios tan elevados de hormonas que te hacen deducir que cree ser la primera embrazada del Universo. Te apartan de mala manera, dueñas y señoras de la sección.

Otras parece que quieran competir, te miran la barriga y se miran la suya, intentando adivinar de cuánto estás. Ya se sabe que las comparaciones son odiosas. Notas como se deslizan a tu lado para ver mejor si su barriga sobresale más que la tuya.

También encuentras a las que viven hormonadas, el mundo es un lugar feliz y el cerebro se les ha teñido de rosa y por neuronas tienen purpurina. Te miran, sonríen y marchan hacia el probador dando saltitos de Heidi.

Luego están las que se frustran porque toda esa ropa es fea, los estampados son aburridos, los tejidos no son transpirables y los únicos colores son el negro, gris y blanco. En esta categoría entro yo. Ya ni hablo de los patrones, si no fuera porque H&M piensa en unas mujeres con curvas, me habría pasado el embarazo con una tela enrollada al cuerpo. (Y no, H&M no me paga).

Mucha gente me decía “Kiabi está muy bien”, “Kiabi tiene buenos precios”. Pero Kiabi piensa en la misma mujer que Inditex, una mujer con poco pecho, poca cadera y poca curva en general. Una eterna adolescente grácil. Una mujer desgarbada. Pero no una mujer voluptuosa. Me probé varios pantalones en esa tienda, no había forma de hacerme encajar allí dentro, la tela de la barriga y la cadera me iba grande, los muslos estrechos, no podía doblar las rodillas, al salir del probador la dependienta, por pura cortesía pregunta “¿qué tal?”, “pues mal, no es mi patrón”, sonrisa de condescendencia y adiós.

Y vosotras ¿qué compradora erais?

La dulce espera

No os dejéis engañar por esas embarazadas cañón que se muestran felices mientras se acarician la barriga mirando a través de una ventana de la habitación de su futura descendencia. La dulce espera es una patraña, una estafa, un invento para que compremos libros y vestidos premamá.

Futuras embarazadas, la dulce espera es aburrida.

La dulce espera es lenta.

La dulce espera pesa.

Son 37, 38, 39, 40, 41 incluso 42 semanas de espera.

Que conste, señoras, que no tengo prisa por dar a luz, que me gusta mi barriga, que he disfrutado del proceso, que las críticas a lo que no se puede hacer me las he pasado por el arco del triunfo y que he disfrutado de cada día y cada noche frontando esta calabaza mágica. Pero en todo esto hay una enorme lista de peros.

La dulce espera © Hipsterbebe 2014

© Hipsterbebe 2014

La dulce espera desespera.

El primer trimestre puede ser el más corto o el más largo. Según se mire.

Si estás buscando como un ser humano, cada vez que ves la mancha en tu ropa interior, y sabes que no es sangrado de implantación, parece que esa primera semana del primer mes del primer trimestre no vaya a llegar nunca. En este caso, las primeras semanas pasan con cuenta gotas.

Si estás buscando con sobrehumana capacidad para mantener el zen, tendrás un retraso, esperarás los 10 días de rigor, comprarás un palito, harás lo propio con el palito, saldrán las dos rayitas y no habrás desesperado ni una migita. En este caso las primeras 4 o 6 semanas habrán pasado sin que te enteres.

Sea como fuere, hay una mezcla de emociones durante este trimestre, lo lleves en secreto o lo hagas público al segundo de mear en el palito y ver las dos rayitas aparecer, descubres por primera vez en tu vida que es posible que el corazón te vaya a estallar de alegría y se te enconja de puro pánico. Y en esta mezcla de emociones vives 3 meses que pasan lentamente mientras descubres que hay algo llamado triple screening, amniocentesis y que te van a perforar los brazos a base de pruebas médicas.

La dulce espera es preguntona.

El segundo trimestre es eterno, no tienes nada que hacer. Has pasado el triple screening y solo te queda superar la ecografía morfológica. Vas desvelando poco a poco que estás embarazada y entre felicitaciones, y miradas de soslayo intentando localizar la incipiente barriga, que no asoma, te van a bombardear con la pregunta “¿estás preparado para ser madre/padre/padres?”. Pues no, nadie está preparado, no está preparado ni el que tiene 4 hijos y va por el 5º. Cada feto que llega hasta el final será una persona diferente, con diferentes necesidades y una personalidad propia que no conoceremos hasta que nazca. Así que, no, no estamos preparados pero si no quisiéramos descubrir lo que nos espera no nos habríamos metido en este follón conscientemente.

En cada semana que se desliza por tus carnes, quienes te conocen te miran la barriga, porque has dejado de ser una persona, esperando que en cualquier momento haga KABOOM y aparezca el panzón de embarazada con 9 meses.

Futura embarazada, aprovecha este largo trimestre para hacer todo lo que quieras, incluso tirarte en bomba en la piscina porque a la que se marque la barriga, cualquier cosa que hagas será objeto de crítica. ¿Sales hasta las 3? “Uy, ¡cómo te atreves!”, ¿te pones a hacer el pino puente? “Uy, ¡cómo te atreves!”, ¿comes un sushi vegetal? ¿uno de pescado congelado y tú tan feliz? “Uy, ¡cómo te atreves!”, ¿te vas a comer tan ricamente un bocadillo de atún en conserva? “Uy, ¡cómo te atreves!”.

La dulce espera no acaba nunca.

En el tercer trimestre te invaden las hormonas de la felicidad. Aún con la inestabilidad en la que vivimos, estamos pletóricos, vamos a la playa y solo pensamos en lo bonito que será cargar con 3 mochilas, botellas de agua, juguetes, palas y cubos, tuppers con fruta, la sombrilla, toallas y una minimodernidad cada vez que vayamos a pasar una mañana a la playa el próximo verano. Y como la barriga atrapa miradas sientes el cuchicheo en dolby surround.

La pregunta en esta fase pasa a ser “¿ya lo tienes todo? ¿ya has arreglado su habitación?”. Pues no, todo no lo tenemos, pero tampoco creo que lo vayamos a necesitar TODO, si vamos a hacer colecho -o eso planeamos- su habitación es solo un espacio donde guardar ropa y cambiar pañales ¿qué prisa hay?

La deadline, la fpp, el día en que se acabará el mundo está solo a 3 meses y algunos preguntan, semana sí semana también, cuánto te queda y vas contestando “uy… 3 meses”, “más de 2 meses”, “menos de 1 mes” y cuando lo dices te pesan cada una de esas semanas que están por venir. Nadie te habla de nada que no sean bebés, partos y embarazos, porque desde el segundo trimestre eres una barriga sin intereses ni aficiones. Eres una futura madre, una embarazada, pero no una persona, ni una profesional ni una experta en tu sector.

Dicen que las últimas semanas pasan en un suspiro, pero no te engañes, futura embarazada, tu movilidad se ve drásticamente reducida, atarte las cangrejeras es un ejercicio de contorsionismo, no te ves las ingles y posiblemente lleves una mata de pelo al puro estilo de los años 70, agacharte es un ejercicio de puro antiglamour porque para hacerlo tendrás que abrir las piernas como si fueras a cagar a pulso y tomar la misma postura que si fueras a levantar 70 kilos a pulso desde el suelo, cuando lo que se ha caído es la goma de borrar. Y mañana será un poco menos ergonómico que hoy.

Ahora que estoy en lo que se denomina “a término”, me preguntan “¿cuánto te queda?”, contesto “cualquier día este mes” y me miran desencajados, como si fuera a parir delante de sus atónitos ojos.

Así que, futura embarazada, no esperes respeto durante tu proceso. Es normal que tus amigos y familia directa te pregunte, pero mentalízate para que ese tío enésimo por parte de tatarabuelo se indigne porque no le quieras decir cuántas tallas de pecho has augmentado.

Así que, seres no embarazados, no agobiéis. Dejad de preguntar lo que pregunta todo el mundo, ni te importa su estado semana a semana ni la barriga de esa embarazada que tienes delante de ti va crecer acto súbito por muchas ganas que tengas.

Y vosotras ¿qué pensáis de la dulce espera?

Conversaciones de ascensor

Acabo de volver a casa, cojo el ascensor y ¡oh, sorpresa! otra vecina entra en portal. Ni corta ni perezosa la vecina, que forma parte de la comunidad Radiopatio de la escalera, en calidad de secretaria, a quien llamaremos de ahora en adelante sra. Macaria, se pone a hablar de mi barriga. Ni como te va, ni qué tal el trabajo, ni el típico comentario del calor que hace porque oh-cielos-es-agosto-y-nunca-hace-calor-en-agosto. Se lanza a por el tema de la barriga.

En el ascensor no hay salida de emergencia ©Hipsterbebe 2014

En el ascensor no hay salida de emergencia ©Hipsterbebe 2014

Llega el ascensor y subimos, empiezan esos segundos que parecen horas donde no tienes escapatoria. Lo único en lo que puedo pensar es “que no se estropee ahora el ascensor, no me puedo queda encerrada esta vieja chocha señora”.

Su disertación sobre mi barriga seguía la línea del cuándo “porque esto está ya listo”, dictamina. Le contesto que tengo todo el mes de agosto por delante, que no hay prisa y ella continua con su argumentación. Hasta que se interrumpe a ella misma, esto es algo que solo pueden hacer auténticos expertos del palique radiopatil y me dice “pero tú me habías dicho…” y se queda en el aire “¿yo he dicho?”, señora, si no le he dicho mi fpp ni a mi madre, se la voy a decir a usted.

Pero no se rinde y continúa “bueno, esta noche parirás, que hay luna llena”. “No, hay luna llena el 10”, se me queda mirando como si le hablase en Klingon y me dice que su hermana le ha dicho que la luna llena es esta noche. Pues muy bien, pero ya le digo que no hay luna llena esta noche, me mantiene la mirada y responde “bueno, te queda hasta la luna”.

La luna llena ejerce influjo en nuestros cuerpos, es un tema de la gravedad de la luna sobre la tierra, sin embargo hay un millón de estudios que dicen lo contrario. Podéis creer lo que os venga en gana, yo me quedo con el sí. Pero a cabezota no me vence nadie, solo tiene que venir la sra. Macaria para decirme cuánto me queda hasta el parto para que yo saque todos mis argumentos en contra. Pura cabezonería lo mío, señoras.

Así que, en mi tono borde de ascensor y sonrisa glacial, le contesto un “eso dicen”. Llegamos a mi planta, la sra. Macaria ha quedado neutralizada y no ha tenido oportunidad de tocarme la barriga.

I win.

En nuestra escalera, aunque abundan las personas de más de 80 años también hay algunos vecinos que rondan los 60 y unos pocos individuos que irán por los 30. Una de estas individuos, a quien llamaremos sra. Gladis, tuvo una niña hará cosa de 2 años. Con ella no he cruzado más de 4 palabras porque tienen unos horarios muy tardíos -le he oído despertar a la niña a las 12 del mediodía-. 3 de las 4 palabras las cruzamos en el ascensor y me quedé ojiplática con sus declaraciones.

Estábamos en junio o julio, mi barriga era evidente. Entra la sra. Gladis con su señora criatura apaparrada a la pierna. La niña resulta ser un pulpo e intenta tocar todos los botones del ascensor para que tengamos un recorrido turístico de planta en planta, mientras la madre demuestra sus reflejos de ninja y neutraliza los deditos de la criatura en cada intentona al son de “no toques”. Entre ataque ninja y ataque ninja, me mira la barriga, suspira y me dice mirándome directamente a la cara “yo lo hice igual de mal”, excuse me?! ¿yo qué he hecho mal ahora? es tu retoño la que quiere ir de planta en planta. Ella prosigue “también la tuve en julio y fue horrible”. Intento llevar bien el calor y eso que soy extremadamente calurosa, vivo enganchada al aire acondicionada y al ventilador, pero tanto me han repetido que el calor era para morirse de la muerte muy moribunda que lo único que contesto es “lo tomaremos con calma”. Como la respuesta le debió parecer poca cosa la conversación prosigue con la forma de la barriga y me dice que llevo una niña y lo remata con un “espero que te toque una mejor que la mía, porque esta es un demonio”. Me quedé en blanco. Llegamos a la planta, bajamos las 3 (4 si contamos mi barriga) y cada una abre la puerta de su morada. ¿Qué tenía que contestarle? ¿Gracias? Acaba de llamar a su hija demonio y delante de ella me desea una hija mejor. Le doy las buenas noches y me despido.

La presidenta de la comunidad Radiopatio, decidió también en el ascensor que mi barriga era de niño, porque ella ha tenido 3 descendientes, 1 niño y 2 niñas. Según su alegato basado en hechos científicos, era que la barriga del niño era igual a la mía, que desde la espalda no se ve. El hecho de pensar que quizás, QUIZÁS, la musculatura de su cuerpo estuviera menos firme después del primer embarazo nunca cruzó su mente.

Pero la palma, el oro, el number one se lo lleva el sr. Cafe-con-leche, este vecino es un centenario que suda café con leche. La conversación con él empezó, ¡como no! mirándome la barriga. Sin rodeos me pregunta para que día estoy, a lo que le contesto que cualquier día de este mes. “Bueno, mientras no te lo saquen por arriba…”, yo, que soy muy gráfica, me imaginé que me salía una manita diminuta por la boca y se agitaba con el gesto internacional de hola. Pero tanto la matrona como mi buena doctora me han dicho que voy por buen camino para un parto natural, cosa que no asegura nada, pero tampoco lo descarta. No era cuestión de explicarle estas intimidades de mi diagnóstico al sr. Cafe-con-leche así que resumí diciendo “mi médico me ha dicho que voy bien”. Entonces me pregunta si ya tengo otro descendiente, “no, es el primero” y aquí viene su respuesta, la que le ha hecho ganador del Óscar a las Conversaciones Absurdas “Uy, pues a las primerizas siempre les sacan los niños por la barriga”. Espera-espera-espera-espera-espera… what?! ¡¿pero con qué mitos vive este hombre?! ¿estamos todos locos? ¿A todas las primerizas? ¿A TODAS les hacen cesárea? ¿SIEMPRE? “No sr. Cafe-con-leche, eso no es cierto, los médicos no van por la vida aplicando cesáreas a diestra y siniestra, pero en lo que dura este viaje en ascensor no me da tiempo de explicarle que eso no es así”. Así que bajé, le desee buen día y me eché las manos a la cabeza por la escalera en la que nos hemos metido a vivir.

Ya sé, ya sé, cuando nazca la minimodernidad tendré que aguantar todos los comentarios absurdos sobre su crecimiento, su educación, el color de su pelo, la forma en la que llora o a lo que huelen sus pedos. Pero de momento, me centro en las conversaciones absolutamente absurdas sobre mi calabaza.

Y vosotras ¿qué conversaciones de ascensor tenéis que soportar?

Barriga variable

Mi barriga cambia según quien la mire.

Hace unas semanas me reuní con un grupo de amigas, en ese momento me acusaron de ser una embarazada constrictor con una gran barriga. ¡¿Yo?! ¡¿Constrictor?! No, mi pandero panadero y los muslos que se me han puesto lo certifican. No soy una constrictor, quizás sí en mis sueños más atrevidos, por no en la cruda realidad.

Semanas antes, en un networking me dice un participante, mientras yo asaltaba la mesa del desayuno, “uy, estás a punto de dar a luz, ¿no?” pues estaba solo de 7 meses, poder podía pasar, pero no, no estaba a punto. En ese mismo evento, literalmente 4 minutos más tarde me dice otro asistente, mientras yo me metía en la boca trozos de queso como un hamster ,”estás de 4 meses, ¿no?”, cuando tragé los 7 kilos de queso que me había metido en los carrillos, le dije que estaba de 7 y me contestó que su mujer, a los 7 meses tenía mucha más barriga. Decidíos, ¿parecía que estaba de 9 y fuera a dar a luz encima de la mesa o tenía tan poca barriga que no merecía ni un asiento reservado?

El sr. Moderno me insiste en que sí tengo una buena barriga, que no una barriga exagerada, una barriga acorde con mis proporciones, pero yo me sigo viendo una barriga pequeña, entonces entramos en el metro y no me cuesta más que una mirada asesina que alguien se levante para cederle su asiento a mi buyate carnoso. Pues sí que voy a tener barrigón, porque no será que una dulce damisela como yo meta miedo con una mirada… no, no será.

El fenónemo se ha extendido a desconocidas en el barrio que cargan niños en brazos, será que no conocen el porteo. La semana pasada me dice una recién estrenada mami “estás a puntito a puntito ¿no?”. Como no me tocó la barriga le dí la razón, hablamos un poco y hasta la próxima. Pero no, no estaba a puntito, estaba acabando el 8º mes. Pero no me apatecía darle explicaciones a una madre con su retoño en brazos, no fuera que las hormonas le hicieran reaccionar mal.

Sin ir más lejos, hoy, pensaba otra vez la mar de feliz “pues no tengo tanta barriga”, teniendo en cuenta que me he vestido con una camiseta y una falda de mi yo no-embarazado, creía tener razón, hasta que me he visto reflejada en una ventana del metro “¿esa soy yo?”. Luego lo he confirmado en el reflejo del escaparate de una tienda, sí ese montón de carne soy yo.

Dejamos atrás esos tiempos donde el ginecólogo, que siempre era un hombre de regia reputación, cogía una cinta métrica y hacia lo propio con la barriga de la embarazada, la cual miraba esa cinta con ojos emocionados.

Seres no embarazados ¿por qué tenéis que comparar? La fisonomía de cada mujer es suya y de nadie más. Ni siquiera yo misma me puedo comparar con nadie.  Y no puedo porque miro hacia abajo y pienso “pues no tengo tanta barriga, si todavía me veo los pies”, claro que tengo un 43 y dejar de verme los pies es complicado. Supongo que si estuviera de trillizos, los pies no me los vería o se habrían hinchado tanto que, aunque si los viera, sería mejor no verlos.

Barrigas que crecen y decrecen a gusto del espectador ©hipsterbebe 2014

Barrigas que crecen y decrecen a gusto del espectador ©hipsterbebe 2014

Venimos de una época, no tan lejana, donde una mujer embarazada que engordaba 30 kilos, era una embarazada sana. Y de ahí el ¡pero qué gorda! que ya sabéis como me gusta que me lo digan. Las barrigas deben ser algo grande y generoso, que no dejen lugar a dudas, ni a su porteadora vivir tranquila. Una barriga de 9 meses pequeña es decepcionante, aunque la descendencia que contiene venga con 54 cm, si esa barriga no revienta de presión, no tiene gracia.

La fisonomía de las embarazadas poco importa. Además tampoco somos un país de pinos, aquí medir 1,72 cm es mucho, cuando la media es 1,70 cm. Tampoco le importa a nadie si tienes la espalda ancha o si eres de constitución delgada. Todos tenemos un experto dentro que nos hace dictaminar sin error “esa barriga es grande”. ¿Qué tienes una cintura ancha? No importa, si te digo que tienes poca barriga es que tienes poca barriga. ¿Qué eres bajita y con muchas curvas? Uy, esa barriga te va a llegar a los pies, porque yo te lo digo y punto.

Mi vecina del 3º me llegó a decir que se me veía demasiada barriga, sí, sí, como suena, demasiada. No se preocupa sra. Radiopatio, ahora en casa me quito un par de kilos. Pero no le dije eso. Le contesté que mi médico no me había dicho en ningún caso que fuera algo sobrenatural. “Vaya” contesta ella, creo que no entendió la ironía y se quedó decepcionada pensando que no iba a tener una minimodernidad de proporciones épicas.

Y vosotras ¿también teníais que aguantar ser una barriga variable?