Ergonomicamente incompatible

Eso es el embarazo. Ser incompatible con el entorno. Nada encaja con las nuevas proporciones.

La proporción perfecta es una espalda recta y una tableta de chocolate en lugar de una barriga que atrapa las miradas, puede que sobre la tableta de chocolate haya una capa de chocolate fondant, pero es solo para que la barriga no coja frío. Solo por eso.

Puedes ser más alto o más bajo, más gordo o más delgado, pero la mayoría -digo la mayoría y no todos- encajamos en unas medidas que se considera la media. Con la edad te puedes mantener mejor o peor, puedes haber cogido malos hábitos y tener la espalda hecha un cromo o, después de trabajar 65 años de pie, tener las piernas como secuoyas. Pero te sientas en una silla y encajas.

Y un día te mueres y encajas en una caja de pino. Ahí, aunque te vaya pequeño no te vas a quejar y si lo haces te llamarán zombi y te molerán a tiros, no sin antes rodar un par de documentales, sacar un libro y llevarte a varios programas de TV. ¿Porqué siempre disparan a los zombis en las películas si saben que ya están kaput? Córtale la cabeza ¡hombre! Y nos ahorramos 30 minutos de película.

Todo se basa en una bella proporción áurea. Excepto por un pequeño e insignificante periodo de algunas mujeres que se llama EMBARAZO. Nada… un periodo sin importancia que no marca un antes y un después en la vida.

Es un periodo lento y largo, que lo llamen dulce espera es un eufemismo.

En ese tiempo, antes de que se te comience a marcar barriga-contiene-feto, el cuerpo muta, pero al mundo le importa una mierda, hasta que no se te comience a marcar la susodicha barriga eres una mujer más. Excepto por los que saben que contienes feto, que se empeñan en tocarte las carnes.

No sé si existe un estudio de alguna universidad norte-americana-super-famosa que diga que pasamos el 78,4% de nuestra vida sentado, pero el echo es que nos sentamos. Llegas a una sala de espera y te sientas. Vas a una reunión y te sientas. Coges el metro y, si puedes, te sientas.

Hay sillas más incómodas o menos, de todos es sabido. Lo que a lo mejor no sabéis es que la silla se considera el objeto clave del diseño industrial. Todo diseñador quiere diseñar LA SILLA, la que pase a la historia. La culpa de todo es de la silla Barcelona del sr. Mies van der Rohe, seguro que muchas la habéis visto cientos de veces y no sabíais que tenía nombre y apellidos.

Un fenómeno dentro del mundo del diseño es el diseño para todos, es decir, no pensar solo en los que entran en la media, si no en los que se escapan por las puntas, como por ejemplo, en el diseño gráfico, trabajar pensando en las personas daltónicas.

Pero las embarazadas sufrimos un estado transitorio. Estamos aguantando la calabaza 9 meses, eso son 3/4 de año. Pero es transitorio. Incluso si tienes 12 hijos y vas empalmando embarazo tras embarazo, es transitorio. Por lo tanto ¿qué tenemos? pantalones con una goma y un cojín de lactancia que, si lo tienes, se usa para poder dormir como buenamente puedas en una cama que hasta hace unos meses te parecía un trozo de cielo y ahora es la maldita cama de un faquir masoca. ¡Uy sí! Cuanta ergonomía a nuestro alcance, muchas gracias.

Entre todas las sillas de averno que me he encontrado destacaría esta:

Que en un estado de no-embarazo es muy tentadora, la ves y si está libre te pegas por sentarte en ella, a ser posible con un cóctel en la mano y una pamela de diva en la cabeza, podemos completar el cuadro con una piscina con un par de chicos danone. Para la ergonomía de la silla es imprescindible la parte de los chicos danone.

¿Por qué resulta tan incómoda esta silla en particular? os preguntaréis los seres no-embarazados. Para empezar el estómago se te desplaza al sitio que ocupan tus pulmones, los pulmones se oprimen bajo la garganta, la barriga ocupa todo el espacio disponible y como tus abdominales han desaparecido no puedes hacer fuerza con esa zona. Las rodillas te quedan delante de los ojos y solo puedes mover los brazos cual cucaracha pidiendo auxilio.

Es una trampa mortal, invento sacado directamente del jardín de Satán.

Y no os engañéis, tampoco hay que llegar al extremo de los 7 u 8 meses de embarazo para vivir esa situación. Hay un punto, al rededor de la semana 20, donde la barriga solo es notable para su digna portadora, es entonces cuando poco a poco te das cuenta que la ergonomía es un cuento de hadas.

Como emabarazada, ves una silla y lo que quieres es espatarrarte. Pata pa’aquí, pata pa’allá y barriga apuntando al cielo.

Luego están las sillas de seminario.

Más o menos con 25 semanas, fui a un curso.

Incauta preñada: Las embarazadas no tenemos derecho a la formación, se supone que debemos quedarnos en casa preparando la cuna y no yendo a clases.

En ese curso, teníamos la típica silla con una hoja abatible para tomar apuntes, parecida a la de la imagen. Allí no se cabía, más concretamente no cabíamos mi creciente barriga y yo. No había forma. Si bajaba la hoja para escribir me molestaba en la barriga, si no la bajaba tenía que apoyar la libreta en las rodillas, que tampoco era nada cómodo. Además esas sillas son para sentarse con la espalda recta, pero a las embrazadas se nos curva la columna, había una distancia entre los riñones y el respaldo donde cabía otra barriga. Me dediqué durante 3 horas a dar un por culo tremendo molestar levemente a la concurrencia. Levantaba la hoja y se me caía el bolígrafo y tenía que hacer posturas raras para recuperarlo, intentaba cruzar las piernas, le daba patadas al de delante, bajaba la hoja y se me volvía a caer el bolígrafo, me movía y chafaba las piernas al de detrás… Cuando se acabó salimos todos corriendo, yo para poder moverme con libertad, los otros para perderme de vista.

Y ya no digo nada de hacer reuniones, al margen de la microvejiga de hamster, las sillas de las salas de reuniones son una herramienta de tortura. Están pensadas para que mantengas la espalda muy rectas mientras dices cosas muy interesantes y convences a la sala de que tus ideas son la repanocha en salsa. Pero con barriga… ¡ay! ¡con barriga, amiguitas! Las reuniones son una cosa espantosa que dura 100 horas. La pimera hora la puedes aguantar con la espalda recta, pero sigue habiendo un espacio infinito entre tus riñones y el respaldo. Después de ese tiempo ya necesitas reclinarte como sea, mi estrategia es tirarme para atrás como si fuera super interesante lo que expongo, con el codo apoyado en el respaldo, así, en plan “tengo un yate en el puerto, nena” o tumbarme encima de la mesa haciendo ver que escribo en la agenda sobre los puntos tan interesantes que se están discutiendo. E ir intercalando ambas posturas mientras aprietas muy fuerte, esperando el siguiente receso para lanzarte al baño.

Es imposible para una embarazada salir de estos cojines gigantes. © Hipsterbebe 2014

Es imposible para una embarazada salir de estos cojines gigantes. © Hipsterbebe 2014

Seguro que me olvido más sillas anti-preñadas.

Y vosotras ¿dónde os sentís ergonómicamente incompatibles?

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20 comments

  1. jajajajajaja avisada quedo, nada de sillas bajas de las que te absorben si me quedo embarazada. Yo ya me he comprado un buen sofá orejero para el salón, que no queda muy moderno pero seguro que para levantarse es cómodo.

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  2. amo la proporción áurea, esa que nadie tiene xD

    al menos no te ha pasado como a una compañera de la universidad, que iba por la vida preñada y con un círculo de esos para las hemorroides antes de apoyar sus posaderas en cualquier superficie xD

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  3. El cojín-donut para el postparto es sólo si te dan puntos por ahí abajo, si te libras de eso no lo necesitarás 🙂

    Yo pasé los últimos meses en la uni ya embarazada, y recuerdo con horror esa mierda de sillas con bandejita abatible. No me gustaban antes, pero embarazada las ODIABA. Tenía que usar una carpeta para escribir encima.

    (PD: lo de “tengo un yate en el puerto” me ha hecho reír mucho).

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  4. A mí aún me queda para eso, pero la verdad es que parece bastante incómodo, sí!! me he reído mucho con tu entrada, con lo del averno jajaja
    yo tengo una amiga que está embarazada y el otro día me contaba que ella se solía poner recostada en la cama con el portátil encima de las rodillas, y claro, ahora se ponía así y se lo tapaba todo la barriga, pobre jajaja.

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  5. Y que me dices del coche? Entrar una entra pero salir es otra historia! Y ya como el bordillo sea alto lo único que queda es que te saquen con una grúa.

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  6. Totalmente de acuerdo con el tema! no hay forma humana de acomodarse ni en un triste banco del parque.
    Es que ni las sillas de las peluquerias (que a veces estas un par de horas sentada) estan pensadas para reposo de una panza; yo estoy de 8 meses, ya me arreglo yo solita.

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