Amor y purpurina

Soy una bruta, lo tengo asumido, no porque yo sea consciente de mi bruterío, sino por la cantidad de veces que me lo han repetido.

El sr. Moderno me lo dice con amor “qué brutica eres”.

Mi madre me lo dice con resignación “qué brutica eres”.

Soy una brutica. Y también arisca. Y siesa. Eso también me lo han dicho hasta que lo he terminado por asumir. No fui de esas adolescentes que iban cogidas del brazo y se despedían dando besos a sus amigas. Pocas bromas me hacen gracia, pero es que si me estuviera riendo por cualquier cosa no podría mantener mi título gafapastil. Los modernos solo se ríen de chistes que tengan que ver con alguna cosa muy muy indie. Los diseñadores modernillos solo nos reímos con chistes de tipografía.

Por ejemplo: Once you go black, you can never go book.

Desternillante.

Algunas personas depositaron la esperanza para salvar mi alma arisca en las hormonas del embarazo. Incluso yo pensé que se me reblandecería un poco el corazón. Confieso haber llorado a moco tendido con algunas noticias, con documentales del 30 minuts y con algún vídeo sensiblero de YouTube. Lamentablemente, las hormonas no han generado el efecto esperado. No voy por la vida dando abrazos y achuchones, llenando de besos a todo aquel con el que me cruzo ni llamando a nadie solo porque sí.

El embarazo nos cambia, pero no obra milagros. A esta flipada solo la podréis ver en la ficción.

El embarazo nos cambia, pero no obra milagros. A esta flipada solo la podréis ver en la ficción.

Llorar con las noticias y con algunos documentales no es cosa de mis hormonas, es que nos hemos vuelto insensibles. Secuestran 200 niñas en un país africano y nos lanzamos a levantar cartelitos y posar a las cámaras sobre la alfombra roja. Es para llorar.

Así que esos ataques de pegajosidad no me han dado. ¿Y la purpurina? Pues tampoco. Me temía llenar la casa de estampados horrorosos, de los de abundan lamentablemente en el mundo infantil. Me temía las telas de 5 colores ácidos con un dibujo mal hecho de un animal a dos patas y que encima sonríe con dientes humanos. Me temía las telas con purpurina morada en camisetas de bebé colgando del armario. Me temía los lacitos y blondas en los puños de los jerséis de perlé.

Mi parte siesa ha vencido. Me he hecho con estampados de estrellas, de pájaros en trazos gestuales y plantas dibujadas con manchas de color. Me derretí de amor puro cuando mi amiga, la sra. Atelier, nos regaló un body blanco de gotas grises que llevaba en el pecho la silueta minúscula de un pez en naranja. Pero no he tocado ni un estampado de los que ya antes me parecían espeluznantes.

Y a vosotras ¿os cambió el embarazo o permanecísteis fieles a vuestras manías?

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14 comments

  1. Jajaj. Yo fiel a mis gustos, el perlé y los lazos ni de lejos. Pero sí me volví una llorica sensiblera, aunque ya lo era, pero ahora elevado a la enésima potencia. Todo el día llorando emocionada por todo. Jajaja

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    1. ¡Lágrimas, lágrimas a porrillo! No soy era llorica para nada y sí que me he vuelto un poquito, hay cosas que me emocionan ¡incluso con películas que no son para llorar!

      Los lloros para mi es el más real de los mitos T_T

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  2. A mi el embarazo no me cambió nada de nada. Pero hija la maternidad si me cambió, yo que dije que mi hija nunca vestiría de rosa ni de princesa, zassss en toda la boca. Cuanto era un bebe la vestia como quería y con tres meses la llevaba en vaqueros y convers, pero ahora que tiene cinco años, el día que no la pongo vestido tenemos movida, y no te cuento que claro el rosa es su color favorito, puff, espero que esto cambie con la edad

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    1. Los lacitos y el rosa chicle como castigo divino, jajaja. Yo voy diciendo lo mismo, que si es niña nada de princesa y si es niño nada de macho de lomo plateado… Me voy a comer mis palabras una a una.

      Cambiará, Sra. Patucos, cambiará, verá la luz y dirá “con lo molona que iba yo con mis converse ¿qué he hecho?”.

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  3. purpurina y neón? espérate a los regalos, ya te dije que los recibieras antes para poder filtrarlos, pero no me haces caso xD

    es el problema de darnos confianza como quien aumenta el kerning, ya no se respetan los espacios personales, chincha 😛

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    1. 😄 que no, que no. Mi kerning es super amplio.

      Ya hemos puesto freno a algunos regalos, en concreto a a alguien que nos quiso regalar unas ranitas con unos estampados estilo mercadillo del horror sobre colores vivos y se lo hemos hecho cambiar por una tela de rayitas, a riesgo de que me llamen sosa y rara por enésima vez.

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  4. Mi voluntad nunca ha sucumbido a lacitos y perlé, pero a mi madre y al “ponle eso taaan mono que le regaló Zutanito” no he podido resistirme tanto. Por lo demás, las hormonas embaraciles no me volvieron moñas, al contrario, me descubrí a mi misma con cabreos monumentales que no venían a cuento. Pero ¡ah! La maternidad es otra cosa… Entonces sí, me puse ñoña, muy ñoña, y aunque la ñoñería máxima se me pasó al mes de dar a luz, ahora lloro siempre que escucho una noticia triste que implique a niños. ¡Cosas de la vida!

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  5. Yo hay que decir que no me doy a las moderneces ni, aún, a la embarazosidad… pero no paro de ver preñadas y de ver en ferias y eventos ropita “alternativa” de bebé y es…arrrrr!!
    Yo les digo, sres. Gafapasta y Moderno, que me gustaría regalarles para la futura minimodernidad, alguna cacharra de esas que no hace uno/a más que meter y meter en la lavadora y que se usan con ahínco…. con serigrafías de las que hago yo frikoncias (algo así como rupias del zelda, triforces, ramas de bambú mas así en plan zen….)
    Así que ya saben, pónganse ustedes en contacto con una (que la sra. Gafapasta tiene ahora ya mi número -again-) y hablemos de ello.

    A más ver.
    Seguiré stalking el bloguete, que me despitorro con las aventuras!!

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  6. Ya somos dos que no se volvieron Candy Candy en el embarazo. Yo ya soy un pelín moñona, lloro con peliculas sin pudor y me gustan las monerías pero hasta un límite. El tema ropa edulcorada de bebé es peligroso, hay cosas que mejor nunca hubieran existido…a mi me matan la ropa de equipos de futbol y creeme que ya tenemos de esa…..
    Eso si, te advierto que tras el parto algo si que cambia. He intentado resistir el ataque de las hormonas asesinas, pero son muy fuertes las puñeteras. Ya nos dirás!!

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  7. Como dice me dice mi hermana, yo estoy muerta por dentro, soy la mujer sin sentimientos… o más bien era. Con el embarazo nada, pero ahora con la maternidad se me abrieron las compuertas y lloro hasta con Peppa Pig, si me apuras.
    Sin embargo, en los gustos estilísticos no he cambiado para nada, tengo a mi suegra todo el día tocando los cojones con que le tengo que vestir pololos al niño (y cuando nació faldones!!) pero yo en mis trece… en mi casa no entrarán semejantes atrocidades!! Vade retro!!
    Vivan los vaqueros y las converse!!

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