Preocupaciones preñiles: Puertas mortales

Esta Semana Santa no pensaba hacer vacaciones, pero las cosas han coincidido y me he encontrado con un volumen de trabajo que me permite hacer un parón para preparar la casa.

Este es un post más serio, empieza mi síndrome del nido. La verdad es que me estoy tomando las cosas con mucha calma, pero algunas cosas me preocupan especialmente y es que en casa de la hipster family no tenemos un euro.

Como modernos que somos nuestros sueldos son una vergüenza y yo, siendo autónoma, no tengo ninguna estabilidad, por lo que cualquier compra o pensar en hacer obras, provoca un escalofrío que me obliga a coger la calculadora a ver por dónde podemos recortar.

Cuando llegamos a la casa donde vivimos ahora, un piso de enésima mano, con 50 años de antigüedad, las puertas ya estaban. El anterior propietario, a partir de ahora, Eustaquio, tenía algo contra los espacios abiertos, contra la lógica, contra la luz y  con varios amigos paletas, pero de los malos, de los que no trabajan con cariño, de los de “compro el yeso en el chino que sale más barato”. No todo es malo, tenemos algunas cosas magníficas, como unas ventanas ultra aislantes que nosotros no podríamos haber pagado, a cambio son feas.

Una de las cosas que me preocupan, y mucho, son las puertas. Eustaquio gustaba de vivir al límite, algo que le hizo comprar unas puertas, de esas que compraría tu abuela, con molduras en marcos y puertas, de esas que te obligan a repasar el polvo un par de veces al día, de color oscuro y manetas doradas. Además se las debió vender alguno de sus amigos paletas y le dijo “si no las remato, te cobro menos” a lo que Esutaquio debió contestar, con la mano en la cartera y los ojos en blanco, gritando “sí! sí! dame d’eso que me gusta, baby” como poseído.

El resultado es que tenemos las puertas de la abuela, pero cargadas por el diablo. Con cantos que si vas descalzo por casa y lo rozas, te sollas un dedo. Cantos que si coges la puerta por algún sitio que no sea la maneta, notas como se clava en tu mano. Dato del horror: Una vez pusimos una hoja entre el marco y la puerta, cerramos la puerta y obtuvimos una bonita hoja cortada.

Conclusión: estas puertas son el mal.

Por una parte faltan meses para que la minimodernidad nazca y más meses para que empiece a gatear y moverse por la casa liándola parda, pero el tiempo pasa muy rápido. Y claro, la fuerza de la paranoia es poderosa y me da miedo encontrarme un minidedo y un megadrama. Que debería estar preocupándome por otras cosas, pero miro la puerta y me devuelve una mirada cargada de maldad.

Por eso me lancé a Pinterest a buscar soluciones. He encontrado cosas que evitan los portazos y que las puertas te pillen unos valiosos dedos, pero nada para rematar caseramente todos los cantos, que es el auténtico peligro de estas malévolas puertas.

Os dejo algunas ideas en este enlace.

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Y vosotras ¿qué paranoia de seguridad tenéis?

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12 comments

  1. Hola! Llegué aquí desde el Twitter de una amiga, Remorada, y desde entonces te sigo.
    Al acabar de leerte he recordado que ayer, en un supermercado ALDI, vi esos cacharros para poner en la puerta con forma de animalitos. Barato y un problema menos a tener en cuenta cuando llegue la minimodernidad.
    Un beso!

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  2. Eustaquio no veía Divinity, seguía la moda Robespierriana de guillotinar a diestra y siniestra

    Hay que buscarle esos trajes que imitan luchadores de sumo a la minimodernidad! O una burbuja, tipo hamster ❤

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  3. Menuda situación!! Te recomiendo que te acerques al Leroy Merlin, Bauhaus o similar, venden unas tiras adhesivas que puedes poner en las puertas a modo de remate, barato y sencillo de instalar. Eso si, vigila el ancho entre el marco y los cantos, si cumplen te ahorraras mas arañazos. El combo lo consigues con las esponjas azules que te recomienda Gabriela, en esos centros tambien los encontrarás y si no una plataforma de la construcción. Que grande Eustaquio, de la virgen del Puño seguro! 😜

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  4. Muy buenas!!! al fin saco tiempo al sueño para estrenarme en tu blog ;D

    La verdad es que me parece que las puertas que describes han de ser dignas de película de terror y no me extraña estés inmersa en la búsqueda de soluciones ante posibles desastres. Los “topes” que muestras funcionan 100% en la Leonera los hemos dejado para siempre jamás pues alguna vez han salvado esos dulces deditos, sobre todo en verano cuando todo está en corriente.

    Me tomo permiso para dejarte el enlace a una entrada de mi blog, no para captarte, si no para que veas un sistema de seguridad – que con las horas que son soy incapaz de explicar- que tal vez te sirva para esas puertas-cuchilla. Me esto refiriendo al que describo en cuanto a seguridad MESAS pero que creo os podría valer. Este es

    http://cuandolamanadaduerme.blogspot.com.es/2013/05/sistema-seguridad-barato-para-ninos.html

    Suerte!!

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    1. Gracias por arañar tiempo y sueño para comentar. La verdad es que las puertas dan el pego, se ven muy señoriales, cuando están cerradas. Es cuando empiezas a convivir con ellas que ves esas cosas, como que los cantos son afilados o que el polvo es un constante.

      Me he mirado el post y tiene un montón de buenas ideas. Para las puertas hemos ideado un plan que implica trabajo y tiempo, pero se pueden aplicar muchas cosas al resto de la casa.

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